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Me gusta pensar

Rebuscando ayer tarde por entre carpetas y versos, me volví a encontrar con aquella última carta que te escribí y que jamás logré darte.

Rebuscando esta madrugada entre sueños, he vuelto a soñar contigo.

Y he sentido de nuevo el eco de tu sonrisa.

Y he visto cómo me mirabas de reojo.

Y he detenido el tiempo para ver cómo te recogías la melena en una cola alta sin espejo, y dejabas al descubierto mi talón de Aquiles… tu cuello…. siempre tu cuello.

Se que ha pasado el tiempo. 

Y que lo que fuimos está sepultado en una costura del ayer. Pero me gusta pensar que de vez en cuando te acuerdas de mí. 

Me gusta pensar que ya no me guardas rencor por mis últimas palabras. 

Me gusta pensar que, al escuchar mi nombre, la nostalgia te hace caminar por la vereda de los besos que nos dimos.

Y me gusta pensar que algún día nos tomaremos un café, bajo la luz de la luna, y nos diremos todo aquello que se quedó sin decir antes del último portazo y que la piel esconde bajo un zaguán de sus poros.  

Me gusta pensar en ese encuentro. 

En cómo irás vestida. 
En cómo iré vestido.
En mis nervios mientras te espero. 
En tu llegada haciendo temblar a la tierra con tus andares. 
En el tiroteo de nuestras manos yendo y viniendo para calmar su inquietud de tenernos uno frente al otro. 

Me gusta pensar que, a pesar de la lluvia caída, aún te acuerdas de mis palabras, de mis susurros, de mis abrazos… esos que te protegían y se convertían en el lugar más seguro del mundo. 

Me gusta pensar que has sido feliz. Que eres feliz. Y que a pesar de todo, a mi lado tambien lo fuiste.

Me gusta pensar que, tras ese café, y tras esa despedida a la puerta de tu casa, algún día me volverás a llamar para saber de mí.

Y entonces, si eso pasa, te volveré a decir bajito, como tantas veces te dije al oído, que me gusta pensar en ti.


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