Querido Juan: He tardado siete años en poder escuchar el audio que grabé en la Plaza Flagela el día que Cádiz te dijo adiós, una mañana de sábado del mes de mayo. Aquel día, llegué a la ciudad de los vientos con la mirada rota. A día de hoy, cuando vuelvo a escucharte o a leerte, la mirada sigue cosiendo la herida que dejaste entreabierta sobre mi alma. Recuerdo aquellos aplausos. Los acordes de tu chirigota. Y aquel primer Credo que se cantó como himno de tu legado. Recuerdo regresar a casa sin saber qué decirme. Sin consuelo ninguno. Sin coloretes ni calambres a la hora de sonreír. Porque, pasado el tiempo, sigues siendo la referencia para muchos. El estandarte para el resto. La bandera que ondea sobre las azoteas de la juventud. Y el rebelde del barrio. La leyenda inmortal. Y el amigo que siempre fue amigo de los verdaderos amigos. A través de tus ojos, veíamos el mundo que tú veías para masticarlo como tú lo hacías. Con tu guitarra al ...
Persiguiendo un Sueño..