Dicen que el Cachorro nunca ha visto los tejados de la calle Castilla. Dicen que el Cachorro jamás ha visto las dos orillas del río. Dicen que el Cachorro volvió de Roma sin ver la ciudad eterna. Pero yo se que el me ve cuando lo veo. Me siente cuando lo siento. Me escucha cuando lo escucho. Porque al verlo, uno lo escucha morir. Porque al sentirlo, uno muere al escucharlo. Porque al escucharlo, uno sabe que algo dentro de nosotros se va muriendo con Él. El Cachorro clava sus pupilas en los adentros del tiempo, y desarbola todas las cegueras de la vida. El Cachorro expira lentamente la tarde del Viernes Santo, y si algún día dejara de hacerlo, la vida se convertiría en un silencio de rezos. El Cachorro camina y anda por las aguas de Sevilla, y Triana amortaja sus suspiros. Shhhhh… Que el Cachorro siga expirando, que yo le seguirá queriendo.
Persiguiendo un Sueño..