Jerez guarda en una plaza un tesoro que solo el tiempo lo custodia. Entre palmeras, vencejos y prisas, su mirada se pierde en el dolor descarnado de la muerte de un hijo. Ella no pregunta. No reclama. No desespera. Tallaron sus desvelos en el desvelo que vino a desvelar a la humanidad… y se traga todas las penitas del mundo cuando el mundo solo sabe tragar. De día y de noche. En primavera y en verano. Con frío o con calor. Ella lo mira. Lo nanea. Lo cuida. No es capaz de despertarlo, ni de llamarlo por su nombre, porque se le quiebra la voz al llegar a los labios. Quisiera escucharle los latidos, pero los latidos no se escuchan. Quisiera dejar de perseguir la locura de llorarlo, pero solo puede perseguir llantos. Quisiera no amarlo como lo ama, pero lo ama desde antes de amarlo. Ella te ofrece sus plantas para que tus rezos se enumeren, y al llegar al segundo verso, ya estás pensando en cómo aliviarle su dolor. Ella atraviesa un infierno de silencios cuando el silencio atra...
Persiguiendo un Sueño..