Aguarda, que el reloj de la vida está a punto de detenerse en la hora escogida, esa que a ti y a mi nos sigue marcando las costuras del tiempo. Demora las prisas, que nada turbe el aroma de tus promesas. Y arría la sonrisa, que en menos de lo que piensas, una cuadrilla estará izquierdando rezos tras un nube de incienso, un cortejo de hermanos y una banda enamorando al aire con sus melodías. A Dios le quedan un par de lunas para volver a entrar en la Jerusalén de tu infancia, ese recodo de los años a donde siempre volvemos en torno al rumor de una cofradía. A su Madre aun le quedan hilvanes con los que coserse el corazón tras cada marcha, tras cada saeta y tras cada revirá de esas que le van deshojando la pena. Mientras tanto, en el silencio de las iglesias los pabilos mastican nervios. Las papeletas de sitio ya sienten el calor del hogar. Y los llamadores hablan con los respiraderos cuando nadie los ve. La luz anda trazando sombras al mediodía para volver a coger el mejor s...
Persiguiendo un Sueño..