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Descontando suspiros

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Pasearte

​ Acabo de llegar a casa, después de pasearte, y sigo pensando, que soy un afortunado por vivir en tí. Destilas aroma de princesa por tus calles. Enamoras al tiempo con  el almíbar de tus labios. Y en unas cuantas lunas, Dios volverá a cruzarse con sus pensamientos camino de su particular  Calvario por los vericuetos de tus barrios. Así eres. Así te abres al mundo. Así respiras. Con esa manera tan tuya de arremangarte el vestido de la tarde para que el sol te bese las sombras. Sombras que te dibujan los perfiles de tu voz, de tus pucheros, de tus agobios a fin de mes… y que este simple juntaletras va tachando como un condenado desde que vino al mundo y lo bautizaron en tus costuras. Y así vamos descontando días. Tu a tus cosas. Y yo a las mías… que también son las tuyas… Pero de vez en cuando nos sentamos en el alféizar de la vida, y nos lamemos las heridas despacito, para que el vino no se despierte, para que el azahar no llore, para que la fragua no tiemble. Y en medio del ...

Eric Cantona

​ Si hay un tipo que me hizo entender que el fútbol es mucho más que once tíos corriendo tras una pelota, ese es Eric Cantona .  No era solo un delantero; era un artista con el cuello de la camisa levantado y una mirada que te decía: "Este es mi jardín y aquí mando yo". Llegó al Manchester United en el 92 y, sinceramente, cambió la historia del club; y la mía, al comenzar a ver los partidos de la Premier los sábados por la tarde. Antes de él, el United llevaba décadas en sequía. Y con él, se convirtieron en reyes.  Pero lo que me flipaba de "The King" no fueron solo sus goles (que eran obras de arte), sino su mística. Arrogante. Incómodo. Matón de patio de colegio, pero con una clase descomunal en sus botas que te dejaba la boca abierta. ¿Quién no se acuerda de aquella patada de kung-fu a un hincha del Crystal Palace?  Fue una locura, una mancha en su carrera, pero hasta para pedir perdón fue un genio cuando soltó aquella frase de “cuando las gaviotas siguen al pesq...

Un barrio sediento de Tí

​ Con la noche metida en frío y viento. Con el escalofrío asomándose a las ventanas.  Con la luna secándose las lágrimas al verlo pasar.  Y con las vecinas apartando en una esquina de sus cocinas la comida para el día siguiente, de esa forma, el Cristo de la Sed volvió  a desangrarse por su barrio. Un barrio de la zona sur que lleva la humildad asida a su piel.  Un barrio que vive muchas veces de espaldas a lo que sucede en torno a la ciudad. Un barrio que necesita aferrarse a los clavos ardientes de su mirada para sobrevivir al hambre antes de que llegue el fin de mes. Pero ahí, justamente ahí, en esas calles atravesadas por cables y humedades, es donde más necesario se hace este  Dios de madera y sangre, con el único mensaje en su pecho de amar a la Humanidad como Él la ama. Sin aspavientos. Sin migajas. Sin letra pequeña en el contrato. Uno puede tener fe de muchas maneras. Pero cerca del Señor  de la espalda ensangrentada por odios, bajo el taquíg...

Si la cámara de Carmona hablase

​ Y si alguien se pregunta quién es José Antonio Carmona Otero, permítame que se los presente de esta manera:     Escuche Señor, Carmona,  retratista de solera,  le habla a usted un jerezano  de Jerez de la Frontera que se siente pequeñito ante su enorme grandeza y que se siente feliz de que vuelva con firmeza a la casa de la  Virgen que brilla con su belleza y que se llama  Angustias y reina en nuestras certezas.   Deje la cámara un rato,  venga a escuchar mi rima,  que sé que usted con la bici  sube por cualquier cima.  Que a lomos de  Filomena se recorre la provincia,  dándole a los pedales  con destreza y con pericia. Sé que en su casa mandan  los  gatos  con sus maullidos,  y que son esos felinos  sus amigos más queridos.  Pero si hablamos de fe,  de devoción y de entrega,  su corazón se detiene  con la  Esperanza de la Yedra .   Yo aprendí a ver los pas...

Amor de mis Amores

  Jerez guarda en una plaza un tesoro que solo el tiempo lo custodia. Entre palmeras, vencejos y prisas, su mirada se pierde en el dolor descarnado de la muerte de un hijo. Ella no pregunta. No reclama.  No desespera. Tallaron sus desvelos en el desvelo que vino a desvelar a la humanidad… y se traga todas las penitas del mundo cuando el mundo solo sabe tragar. De día y de noche. En primavera y en verano. Con frío o con calor. Ella lo mira. Lo nanea. Lo cuida. No es capaz de despertarlo, ni de llamarlo por su nombre, porque se le quiebra la voz al llegar a los labios. Quisiera escucharle los latidos, pero los latidos no se escuchan. Quisiera dejar de perseguir la locura de llorarlo, pero solo puede perseguir llantos. Quisiera no amarlo como lo ama, pero lo ama desde antes de amarlo. Ella te ofrece sus plantas para que tus rezos se enumeren, y al llegar al segundo verso, ya estás pensando en cómo aliviarle su dolor. Ella atraviesa un infierno de silencios cuando el silencio atra...