Hoy que miro a la vida con el sosiego de batallas acabadas, puedo gritarle a los vientos de tu calle Medina que me enamoré de ti por culpa de un susurro de tu boca, una tarde en la que mis huellas danzaban bajo la lluvia, y tu tejias nubes de color azul. Sabía de ti por postales antiguas. Por cartas que escribieron pregoneros enamorados de tus tules. Por dobladillos del tiempo sin ennegrecer. Y cuando te vi por primera vez, supe que te quedarías a vivir para siempre en una costilla de mis ilusiones. Y ahí sigues. Y ahí quiero que sigas. Acunando, como tus ojos saben, latidos y suspiros en una hoguera de abrazos. Porque eres la brisa que se cuela por las ventanas cuando el sol dibuja calichas de sombras. Porque alimentas a la luz para que la luz ilumine con tu nombre los pasadizos de la noche. Porque llevas en las enaguas de tu talle el dolor que sacude al mundo, a mi mundo, a nuestro mundo. Y siempre, siempre, siempre estás e...
Persiguiendo un Sueño..