Escribo estas líneas aun con la resaca emocional de saber que hemos ganado el Mundial de Fútbol de este caluroso año 2026. Llevo dos días intentando explicarme y explicarle a mi niño Jesús lo que estos jugadores han conseguido, pero no logro ensartar las palabras adecuadas; al final, el me pide que nos pongamos a jugar a la pelota, siendo él Unai y yo Ferrán. Reconozco que me llevé todo el día ansioso y nervioso, y que lloré como un niño chico cuando el árbitro pitó el final, porque la mitad de mi corazón futbolero le pertenece a este equipo desde que era pequeño. Tanto es así, que aún recuerdo el día que me encerré en el cuarto de baño de casa de mi hermana cuando perdimos con Nigeria en el Mundial del 98, (aun me pregunto que quiso hacer Zubizarreta); o cuando vi jugar a la Selección en el Estadio de Chapin ante Alemania; o disfrutar mil veces con el 9 a 0 que le endosamos a Austria en un partido que está por méritos propios en el Lovre del balompié mundial. Tras u...
Persiguiendo un Sueño..