Para ser románticos no es preciso caminar abrazados bajo la lluvia de Londres, recorrer las sombras de París o atravesar en góndola el corazón de Venecia… Basta, a veces, con dejar caer la mirada en torno al mundo que a uno le rodea, y en cualquier esquina surge o encuentra esa chispa que hace latir al mundo. Y el mundo debe de ser un lugar maravilloso para una pareja que, en un balcón estrecho y flanqueado por dos macetas cansadas, andaban desayunando sin prisas esta mañana de domingo. Sin decorados grandiosos ni posturas estudiadas. Con apenas un par de tazas humeantes sobre la mesa, medio cruasán sobre un plato de loza y un silencio cómodo que hace que las palabras sobren. El sol se andaba despertándose a lo lejos, y supongo que habían decidido dejar que las pieles se despertaran de los sueños en aquel lugar de la casa. De su hogar. De su rincón. Contemplándolos, sentí envidia por no tener una compañía con la que hablar de la vida, de los miedos, de qué hacer después de...
Persiguiendo un Sueño..