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Por mucho que pase el tiempo

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No digas que fue un sueño

​ Si hay un libro al que siempre vuelvo es, sin duda,  No digas que fue un sueño .  Sus letras son el zaguán de mis latidos.  Su historia es la historia que siempre resuena en mi cabeza.  Su autor permanece en mí como un tatuaje de tinta y fuego. Terenci Moix no escribió solo una novela histórica; cinceló un monumento a la pasión herida. Su Alejandría no es un conjunto de ruinas arqueológicas, sino un organismo vivo, palpitante, que huele a nardo y a la decadencia dorada de un imperio que se sabe sentenciado.  En sus páginas, la historia de amor entre Marco Antonio y Cleopatra deja de ser un mito de mármol para convertirse en un duelo de carne y fragilidad. Es el relato del crepúsculo de dos gigantes que deciden amarse mientras el mundo se desmorona a sus pies. Y eso me provoca envidia, rabia, admiración.  Lo que me fascina, tras tantas lecturas, es esa prosa barroca, embriagadora, que te arrastra por el rio Nilo como una corriente imparable. Terenci entend...

Calma

​ Sábado de motos en Jerez 19.00 horas   La ciudad está asediada a estas horas por el mundanal ruido de las motos. Voy caminando por la calle Medina. En mi cabeza resuenan decenas de pensamientos y se cuela alguna que otra marcha de Arahal. Hasta que de pronto veo que la puerta de la Parroquia de los Descalzos está entreabierta. Cruzo la calle. Paso la reja exterior. Atravieso el dintel. Me acerco a la capilla de la derecha y al fondo, de blanco, está Ella . Y como un suspiro de Madre , todo lo calma. Todo lo cura. Todo lo sana. Y a su manera, lo vuelve a hacer.  Afuera el ruido.  Adentro mis latidos llorando en carne viva.  Afuera la vida a velocidad de vértigo. Adentro, Ella dibujando un nuevo atardecer con su nombre como horizonte. Afuera, la tarde se acomoda descalza. Adentro, Ella y yo jugamos a ese juego donde siempre pierdo para volver a apostar por Ella . Sábado de motos en Jerez. 19.00 horas. La Amargura de blanco. La Amargura lo ha vuelto a hacer. 

Dicen …

​ Dicen que el Cachorro nunca ha visto los tejados de la calle Castilla. Dicen que el Cachorro jamás ha visto las dos orillas del río. Dicen que el Cachorro volvió de Roma sin ver la ciudad eterna. Pero yo se que el me ve cuando lo veo. Me siente cuando lo siento. Me escucha cuando lo escucho. Porque al verlo, uno lo escucha morir. Porque al sentirlo, uno muere al escucharlo. Porque al escucharlo, uno sabe que algo dentro de nosotros se va muriendo con Él. El Cachorro clava sus pupilas en los adentros del tiempo, y desarbola todas las cegueras de la vida. El Cachorro expira lentamente la tarde del Viernes Santo, y si algún día dejara de hacerlo, la vida se convertiría en un silencio de rezos. El Cachorro camina y anda por las aguas de Sevilla, y Triana amortaja sus suspiros. Shhhhh… Que el Cachorro siga expirando, que yo le seguirá queriendo.

Julen Guerrero

​ El Icono que Eligió el Corazón Si Van Basten fue el cisne de Europa, Julen Guerrero fue el ángel de San Mamés.  En una década de los 90 donde el fútbol empezaba a sucumbir a las luces de neón y los traspasos millonarios, el "8" del Athletic Club representó algo que hoy parece una utopía: la fidelidad absoluta a unos colores sobre cualquier oferta de gloria externa. Julen no era solo una cara bonita en las carpetas de las adolescentes de media España; sino que fue un futbolista de una elegancia insultante.  Su llegada desde la segunda línea era quirúrgica, con una capacidad de llegada y un remate de cabeza que desafiaban su apariencia grácil.  Tenía ese don del oportunismo que solo poseen los elegidos, moviéndose entre líneas como un fantasma que siempre aparecía en el lugar exacto para desatar el delirio en La Catedral . La Perla de Portugalete A diferencia de otros que buscaron el éxito en Madrid, Milán o Barcelona, Julen decidió ser el dueño de su destino en cas...

A veces

​ A veces la vida nos atropella y nos llena de cicatrices. A veces uno no sabe cómo conciliar el sueño. A veces la soledad es la única que nos arropa las sábanas. A veces las preguntas asaetean nuestros pensamientos. A veces quisiéramos huir por la orilla de los silencios. A veces callarse es el único y el mejor de los remedios. A veces uno quiere, pero no puede. Otras veces uno puede, pero el destino no quiere. Y algunas veces, ni se puede, ni se quiere.  A veces descubrimos que el olvido es lo único que nos salva.  A veces la esperanza se queda a vivir en los bolsillos del hambre.  A veces no nos damos cuenta de que el tiempo no cura las heridas. A veces los espejos nos devuelven rostros que ya no reconocemos. Otras veces, la memoria es un campo de minas que explota cuando recordamos. Y algunas veces, hay puertas que no se vuelven a abrir porque detrás de ellas se cobija la nada. A veces uno se siente pequeñito ante la inmensidad de los días…  Y quiere arrojar la t...

Soledad

​ El Viernes Santo empezaba a doblarle la esquina al folio de la madrugada.  El tiempo, arrastrando compases, olía a cera derretida.  Y todas las miradas en torno a la calle Tornería se concentraban en Ella .  La dolorosa que tiene el alma rota. Destrozada. Mutilada.  La Virgen del clavo que, si pudiera, se lo clavaría en el fondo de su alma.  La que navega entre zozobras de mares oscuros, enfilados y revueltos.  Era la Soledad .  La Madre que camina por Jerez como una doncella de luto. La que arrejunta toda la pena que un capataz, sin apenas voz, podía confesarle. La que concita a la noche, mientras que la tarde se aleja por el horizonte con el envés de las pupilas echándola de menos.  Era la Soledad . La que se quedó huérfana desde que engendró en su vientre al Varón de Dolores . La que detiene sobre los espejos mudos lo que no se puede, o no se sabe decir. La de los abrazos sin nombre. Sin hogar. Sin calor. Era la Soledad. La que me ...