
La frase “fanfarroneando de esquina en esquina” la puede usted escuchar en el primer pasodoble cantado este año en el Gran Teatro Falla por la comparsa de Antonio Martínez Ares, “Los Humanos”.
Y la rescato porque me he dado cuenta de que es la frase que más llevo canturreada de entre los repertorios de este año de carnaval.
Cuando estoy nadando. O me estoy vistiendo. Incluso el otro día la susurré entre mis labios mientras donaba sangre.
Fanfarroneando de esquina en esquina…
Y es que creo que Antonio jamás será consciente del talento de su pluma y lo que ésta provoca en aquellos que lo admiramos cuando nos regala sentencias como la que hoy comparto por aquí.
Es Antonio Martínez Ares, el que de joven se cayó sobre la marmita de la genialidad y nos enseña por febrero cómo le duele su alma de gaditano.
Y es que si existe una ciudad en el mundo que puede fanfarronear como nadie, esa es Cádiz. Y no sólo porque la luz anda enamorada de sus calles o porque el aire juega al esconder con sus sombras.
Es que Cádiz es un trocito de paraíso hecha piedra a piedra por los recuerdos, por las orillas del mar y por la mirada de los gaditanos, esos hijos del levante que saben que su ciudad trimilenaria es un espectáculo por cada una de sus esquinas.
Fanfarroneando de esquina en esquina…
Me imagino que para muchos esta frase ha pasado inadvertida, pero a mí se me ha clavado en el piel como tantas otras antes la hicieron y corretean por mi memoria por culpa del niño de Santa María.
Cuánto daría por ver el trazo de estas letras escritas por primer vez sobre un folio o una pizarra.
Cuánto encierran estas palabras si alguna vez has pisado la tierra donde hasta el sol se muere cada día allá por sus horizontes de espuma.
Fanfarroneando de esquina en esquina…
Cádiz puede fanfarronear de grandeza, de historia, de leyendas ocultas entorno a los soportales de sus barrios.
Cádiz sabe enseñar mejor que nadie su corazón para que los que la visitan puedan latir al compás de su gente.
Cádiz tiene, gracias a sus carnavaleros, el alma en la boca y la copla por bandera para convertir cada rincón en un arte eterno.
Fanfarroneando de esquina en esquina…
Gracias querido Antonio por esta frase…
El día que Cádiz sepa quererse como la queremos muchos que de vez en cuando la visitamos, no sólo fanfarroneará de esquina en esquina.

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