
Jerez guarda en una plaza un tesoro que solo el tiempo lo custodia.
Entre palmeras, vencejos y prisas, su mirada se pierde en el dolor descarnado de la muerte de un hijo.
Ella no pregunta.
No reclama.
No desespera.
Tallaron sus desvelos en el desvelo que vino a desvelar a la humanidad… y se traga todas las penitas del mundo cuando el mundo solo sabe tragar.
De día y de noche.
En primavera y en verano.
Con frío o con calor.
Ella lo mira. Lo nanea. Lo cuida.
No es capaz de despertarlo, ni de llamarlo por su nombre, porque se le quiebra la voz al llegar a los labios.
Quisiera escucharle los latidos, pero los latidos no se escuchan.
Quisiera dejar de perseguir la locura de llorarlo, pero solo puede perseguir llantos.
Quisiera no amarlo como lo ama, pero lo ama desde antes de amarlo.
Ella te ofrece sus plantas para que tus rezos se enumeren, y al llegar al segundo verso, ya estás pensando en cómo aliviarle su dolor.
Ella atraviesa un infierno de silencios cuando el silencio atraviesa lo que no sabemos decir.
Ella calla. Duda. Asume. Acepta. Se niega.
Y es que…
Bajo el gris humilladero,
donde el viento se hace frío
llora en silencio el vacío
de un adiós que fue certero.
Cuál fugaz y fiel viajero
que su nostalgia desgrana
busco en todas las mañanas
el vuelo de sus vencejos
que hoy la miran desde lejos
para acallar sus campanas.
Y en este humilde rincón
germinan todas las flores
te busca mi corazón
ainssss… amor de mis amores.
Foto: Marcos A. Amat Gil
Vídeo en Youtube: Amor de mis Amores
Comentarios
Publicar un comentario