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El espejo del Escribano

         La luz que envuelve mi habitación una mañana de domingo tamiza mis recuerdos, mis fobias, mis sueños. Se cuela por la ventana, con la cabeza agachada, acariciando cada latido, cada victoria, cada derrota que se dibuja en los garabatos de mi memoria. Al mirarla cara a cara, la sombra que perfila sobre mi mesa me hace ver aquello que un día fui, aquello que actualmente soy y barrunta, sin decirme nada, aquello que algún día seré. A medida que el tiempo va ganándole terreno al minutero, esa luz busca acomodo entre los lomos de mis libros, entre las añoranzas de mis fotografías, entre las hojas tintadas de quimeras, hasta que se posa en un viejo espejo, recubierto éste por arrugas y por moratones. Es en ese espejo, cómplice de mis correrías y aliado de mis secretos, donde se van enmarcando mis días de vino y de rosas; días en los que las musas se arremolinan entorno a mis suspiros; días en los que la felicidad me pide cons...

XXXIII PREGON A JESÚS NAZARENO 2012

XXXIII PREGON A JESÚS NAZARENO 2012 El pasado 10 de marzo de 2012, en la capilla de San Juan de Letrán, tuve el honor y el privilegio de subirme por primera vez a un atril para compartir con el Jerez cofrade lo que este simple escribano siente cuando se viste con la túnica de Jesús. Las sensaciones fueron extraordinarias; lo vivido en los días previos, inenarrables, y lo que sentí aquella noche, sólo los pliegues de mi recuerdos lo saben. A todos los que me acompañaron ese día, MIL GRACIAS. A los que no pudieron asistir, aquí os dejo el audio del mismo (al fin). Espero que os guste.

La culpa fue de Él.

Los que le conocen bien saben que lleva algún tiempo triste. Más de una tarde lo han visto deambular sólo por las calles, alejándose del mundo, con la pena contenida en la mirada. No ha sido un buen año para él, y aún no sabe cómo va a reaccionar cuando te tenga enfrente. En los últimos días se ha ido mirando en los espejos del recuerdo, y cada vez que alguien menciona lo que pasó aquella maldita noche, de su costado brotan oscuras lágrimas que le hacen sentirse humano. Asume con resignación lo que pasó. Da por hecho que nadie va a creerse su versión. Todos le hemos tildado de culpable pero hoy, cuando el calendario atraviese de dolores un viernes, se tiene prometido acercarse por tu casa, por nuestra casa, para inclinar su cabeza y detener su temple entre bastidores de disculpas. Sabe que no estará sólo. La luz de la primavera lo acompañará hasta la puerta. El vuelo de las palomas velará de sus sombras. Los ruegos de los vecinos le tomaran de la cintura para que no le asalten las duda...

Apenas queda tiempo...

De forma silenciosa, la luz de la primavera ha ido coqueteando con los aires de las veletas para besarse a escondidas entre geranios y macetas. En Cristina, las sombras de las palmeras han ido quedando durante toda la Cuaresma, a eso del mediodía, pues tenían que colorear de aromas cierros y balcones, y entre los adoquines de Tornería, a media tarde, ya se escuchan los susurros de una turba que en pocos días querrá hacerse presente en una Cena de izquierdos acompasados. Los zaguanes de la espera han ido reflejando entre sus brazos las caricias inmortales de hombres fajados bajo estrellas y sueños, y en los repelucos de la noche, las alpargatas gastadas por los esfuerzos han garabateado quimeras que se han ido perdiendo bajo el pulso de los racheos. Los cristales de los comercios nos han ido anunciando -sin levantar la voz-, que el Morfeo más pasional se está despertando entre inciensos y azahares, aunque este año haya tardado en brotar, y en la plazoleta del Villamarta aún retumban los...

¡Sois unos privilegiados!

Cuando el mes de Enero se va acomodando en los calendarios, si nos acercamos hasta la capilla del Humilladero, podremos ver como en el frío mármol de la nave principal se van desenterrando las huellas que la memoria de nuestra hermandad ha perfilado con el paso de los años. Están ahí, se han ganado ese lugar de privilegio a base de cuaresmas y papeletas de sitio, no hacen ruido, apenas se mueven, comparten con el viento la eternidad y cada mediodía esperan la visita del sol para que éste vuelva a coquetear con ellas cuando se cuela por entre las vidrieras. Si disponen de tiempo, pasen por esa capilla, siéntense en cualquiera de sus bancos, y después de agradecer el regalo de respirar cada día, claven su mirada en el suelo. No tengan prisa y podrán descubrir lo que pone en muchas de esas huellas. Así, podrán leer por los bordes el nombre de todos aquellos que alguna vez han vestido esa túnica negra, salpicando de avemarías las costuras de las mismas. Pueden que sean capaces de palpar e...

El beso que no te dí.

La mañana sorprendió a la luna rebuscando entre las azoteas la silueta de esa marea que porfiaba con la dulzura. A lo lejos se le intuía impacientándose por dentro pues, apenas le quedaba tiempo al desvelarse un nuevo día. Los vientos que la envolvían con las nubes se conjugaron y el reflejo de su grandeza le mostraron a eso del mediodía. Al resignarse a su suerte solo pudo enarcar las cejas y asumir la condena añeja de no poder ir a verte. En un rincón de tu capilla depositó entre lágrimas de alegría el beso que siempre te prometía al separarse de ese rincón de Sevilla. Pero un niño que por allí correteaba se encaprichó de ese presente esfumándose ese regalo, de repente pues en sus manos se desgranaba. Sin darse cuenta de lo que hizo siguió jugueteando por Triana sin saber que una promesa expiraba y la luna -en silencio-, se deshizo. Al acercarme a prender mi plegaria en el talle de tu cintura, envidié la inocencia de esa criatura que ante tus plantas no temblaba. Pues asistí como por...

No tardes.

Antes de que la luz de tu sonrisa vuelva a iluminar la faz de nuestra tierra, déjame que me acerque hasta tu pequeño pesebre y desnude mis palabras envolviéndolas entre lagrimas. A los pies de tu pesebre encontrarás este grito susurrado para que lo escuches con calma, y tu decidas que hacer. Antes de irme he visto como a estas horas todos se están afanando para que se vuelva a producir el milagro de tenerte entre nosotros. Entre las telarañas he podido ver la felicidad que tu padre se guarda entre silencios de incertidumbre y serrín; he visto cómo una mula y un buey se remendaban para darte calor cuando sueltes los primeros suspiros; a lo lejos he visto cómo suenan una panderetas con ritmo de festejos, y entre los cristales sucios he visto cómo tu Madre se acerca a otear el futuro que te espera, y al mirarlo, se calla la pena y su mirada tiembla cuando siente como van a arrancarle la piel a tiras cuando te toque redimir los pecados de un Hombre que aun no conoces. Entre los resquicios ...