
Escribo estas líneas aun con la resaca emocional de saber que hemos ganado el Mundial de Fútbol de este caluroso año 2026.
Llevo dos días intentando explicarme y explicarle a mi niño Jesús lo que estos jugadores han conseguido, pero no logro ensartar las palabras adecuadas; al final, el me pide que nos pongamos a jugar a la pelota, siendo él Unai y yo Ferrán.
Reconozco que me llevé todo el día ansioso y nervioso, y que lloré como un niño chico cuando el árbitro pitó el final, porque la mitad de mi corazón futbolero le pertenece a este equipo desde que era pequeño.
Tanto es así, que aún recuerdo el día que me encerré en el cuarto de baño de casa de mi hermana cuando perdimos con Nigeria en el Mundial del 98, (aun me pregunto que quiso hacer Zubizarreta); o cuando vi jugar a la Selección en el Estadio de Chapin ante Alemania; o disfrutar mil veces con el 9 a 0 que le endosamos a Austria en un partido que está por méritos propios en el Lovre del balompié mundial.
Tras un mes largo, y embebido a más no poder del deporte rey, (creo que he visto más de 80 partidos), España se alzó con el título de manera merecida.
Y no admito discusión alguna, ni siquiera en cómo ha jugado Lamine (amigo David, ese niño es muy bueno, te pongas como te pongas).
Porque España ha sido la selección que mejor jugó como equipo. La que mejor entendió de que va esto de jugar a la pelota. La que creyó en una idea y la defendió hasta el final; gracias Luis de la Fuente por tener fe en Dios, en el Cachorro de Triana y en Ferrán Torres.

Argentina sólo plantó cara en el nombre; los que hemos visto ya mucho fútbol sabíamos que este partido sólo le daba para dar patadas, pero estaba Messi por el campo, ese jugador estratosférico que solo con respirar, asusta al miedo, y había que tenerlo respeto.
Y se lo tuvimos quitándole la pelota, jugando en corto para no perderla, con un juego asociativo y de segunda llegada.
Y de esa forma, España ganó de manera merecida. Con dos goles anulados sobre un pésimo terreno de juego y con un arbitraje deplorable.
Pero la épica se escribe así. Con obstáculos, con sudor y con sangre. Y con los bailes de Shakira, que hicieron que el campo pareciera un secarral; eso sí, el espectáculo del entretiempo fue un señor espectáculo.
Pero la historia estaba escrita, y ADIDAS ya está bordando la segunda estrella sobre la camiseta, lo que supondrá gastarse otra vez en torno a 90 euros para lucirla de cara al próximo mundial.
Y buscaremos ese dinero de donde sea para llevar esa camiseta de manera orgullosa por las calles y por las playas, porque algo tan simple como una estrella significa que somos BICAMPEONES del mundo de la cosa más importante de la menos importante.
El Mundial se acabó.
La copa de las copas ya duerme en suelo patrio.
Y este simple juntaletras ha sido intensamente feliz escribiendo sobre fútbol; pero sobre todo, viendo como la Selección Española ganaba este torneo.
Ea… ojalá lo volvamos a revivir… dentro de 4 años…

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