Siempre he confesado que parte de lo que soy se lo debo al mundo del carnaval. A través de sus coplas, sus autores y sus tipos, estoy enamorado de Cádiz, y la vida es algo más que un simple estribillo. Y gracias a Tino Tovar y su espectáculo Clandestino, he descubierto ese carnaval que hubo una vez con coloretes en blanco y negro, el de los miedos en los ensayos, el de las cuartetas a media voz. Clandestino es Cádiz con el telón a medio subir. Es un lavadero colmado de papelillos. Es un pasadizo sin luz al barrio de la Viña. Clandestino es el arrebato de la mano derecha de Carli al cantar. Es la emoción sostenida del delantal de Milian Oneto. Es el Subiela. Sin más. Don Ángel Subiela. Clandestino es la guitarra de Perico Campos enloquecida en tu memoria. Es la presencia de Ramoni en un escenario rendido a su voz. Es el quejido siempre esperado y envolvente de Toni el Piojo....