Se descorrió la piedra del silencio. Se abrió el vientre de la primavera. Se acabaron los pasadizos color tiniebla. Al tercer día, el amor ha demostrado ser más fuerte que el abismo. Al tercer día, las campanas vuelven a sonar entre glorias y alabanzas. Al tercer día, como si fueran tres golpes de llamador, Dios vuelve a abrazar al Hijo . En un mundo herido por egoísmos, cansancios e incertidumbres, el dador de la Vida ha vuelto a ella para recordarnos que el mal nunca tiene la última palabra . Cristo vuelve a inaugurar un futuro nuevo donde el sufrimiento ya no es un callejón sin salida, sino un espacio de transformación. Escúchalo. Siéntelo. Deja que corretee por tu piel. Y recuerda… todo lo que se entrega por amor está destinado a la eternidad . Foto: Javier Romero