
Desde que el primer hilo negro de la humanidad se estremeció por dentro.
Desde que la primavera deshojó sus primeros amores.
Y desde que la vida tiene mas de dos caras…, la Piedad anda desdoblando bostezos a la luna.
Y nada puede detener su pena.
Y nadie puede consolar su llanto.
Y nadie puede hacerle ver el por qué de las cosas.
Ella tiene un nudo en la boca del estomago que no le deja respirar desde hace mas de dos siglos.
Y por muchas marchas que suenen al alba. O muchos cirios encendidos que la iluminen. O muchas chicotás de seda que le regalemos… Ella no va a volver a ser nunca la que en su día fue.
Porque de su vientre nació el latido que rasgó en velos el templo.
Porque de sus pechos se amamantó el Hijo de Dios.
Y porque sin Ella el principio de la vida no tendría sentido.
Ni lo versos rimarían.
Ni las olas del mar besarían la orilla.
Ni el tiempo estaría secuestrado en una cárcel de suspiros.
Ni esta ciudad tendría la misma sangre derramándose por sus calles.
La Piedad es la letra “z” de nuestro gentilicio.
El último pestillo del sepulcro de nuestra espera.
El Arca de la Alianza donde un Dios muerto descuenta suspiros para resucitar.
El día que nos demos cuenta que en una lagrima de esta dolorosa caben todos los siglos de la humanidad vivida y por vivir…
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