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Álvaro, mucha suerte..

“JREZANOS EN ACCIÓN” es una nueva formación política que lidera el que otrora fuera hermano mayor de la Hermandad de la Soledad, Álvaro de la Calle Cánovas. Si Dios quiere, concurrirá a las próximas elecciones municipales para aportar sensatez y sentido común al deplorable panorama político que vive Jerez.        Pero, querido Álvaro, permíteme que te diga algo. De antemano, tienes mi voto, tienes mi confianza y tienes a alguien cerquita para decirte las cosas a la cara, tanto si los haces bien al ostentar el sillón de la calle Consistorio, como si haces lo mismo que tus predecesores.   Yo creo en las personas. No en las siglas. Y tu mirada me basta para confiar en ti. Pero… que nunca se te olvide escuchar al pueblo llano, ese que no llega a fin de mes, ese que paga sus impuestos y ve cómo sus calles están sepultadas en mierda, ese que se piensa dos veces si coger un autobús urbano por miedo a que pueda salir ardiendo en mitad de su ...

Y sigue girando...

El otro día tuve que explicarles a mis alumnos de 2º de Primaria el movimiento de rotación del planeta Tierra, utilizando para ello un globo terráqueo y un flexo. Elementos tradicionales a la hora de enseñar que les permitió asimilar de manera sencilla el concepto del día y la noche, y que dejó en el aire la frase “ profe, al mundo no lo para nadie...” Cuanta verdad llevaba este lapidario e inocente pensamiento porque, mientras una parte del mundo brinda estos días entre faralaes, y la otra parte del mundo guarda nostalgias de azahares en altillos y recuerdos, el mundo en sí sigue acabando con la vida de cientos de inocentes con rabia, saña y prepotencia, jugando a ser Dios sobre el mapamundi del dinero. Mientras una parte del mundo sigue discutiendo de manera acalorada por temas futbolísticos, el mundo en sí sigue impasible y condescendiente ante la poca vergüenza de todos esos políticos que nos siguen robando, recortando, y pisoteando las ganas de vivir, de ser, d...

Volver a narrar..

Yo de pequeño soñaba con contarle al mundo cómo se vive la Pasión, Muerte y Resurrección desde la ciudad del duende amontillado cuando el azahar perfuma sus calles y la fe se pasea por los adoquines del tiempo.    Y cuando otras puertas se me cerraron, y pensaba que este año mi voz se silenciaría para siempre, Enrique Gallego me abrió de par en par el salón de su casa y me invitó a que fuera feliz. Porque eso es lo que he sentido esta Semana Santa en medio de la Plaza del Arenal, micrófono en mano, viendo cómo todas las imágenes de nuestra peculiar pasión venían a mi encuentro. He sido feliz Enrique, muy feliz por tu culpa. Porque no me ha importado sentirme observado cuando de siempre he querido pasar desapercibido. Porque me ha gustado verte trabajar y ver cómo te dejas el alma en cada uno de tus proyectos. Y porque he sentido cómo la gente que estaba lejos se emocionaba con este simple juntaletras que sólo ha contado cómo le late el alma a n...

Dejadme soñar...

Dejadme soñar con un Hombre que hace más de dos mil años expiró por mis pecados y abrió con su mandamiento de barro -de par en par-, las puertas de los azahares y los racheos silentes sobre los adoquines de mi ciudad… Dejadme soñar con nazarenos saliendo de casa de sus padres, con bolas de aluminio solapadas a goterones de cera, con saetas que hacen que el aire guarde silencio y los balcones tiemblen entre quejíos … Dejadme soñar con izquierdos que se van tatuando en el recuerdo de mi infancia, con la bulla de Tornería, el abrazo de Pozuelo, la luz con sabor a oleo que la tarde dibuja sobre la calle Bizcocheros… Dejadme soñar con reviras en las que se concentran las cuatro estaciones del año, justo en ese instante en el que los cuatro zancos del paso se rebuscan por dentro… Dejadme soñar que me refugio, me amparo y calmo la sed que a veces me ahoga el día a día cuando bebo calladamente de una lágrima aguada… Dejadme soñar con una locura humillada por un sí qui...

Me vacié...

Hace unos días, ante la mirada silenciosa de la Virgen de la Amargura, me vacié por completo. Dejé que mi voz se rompiera ante Ella... y ante Ella me rompí cuando no supe que más decirle. Me dejé el alma y la vida para componer un paseo por las entrañas de las lágrimas que Ella, y solo Ella, es capaz de provocar por mi rostro con tan solo nombrarla.   Desde el atril de la Parroquia de los Descalzos, viví algo mágico al leer y compartir los veintiún sonetos que desde esa noche se guardan en un pliegue de mis recuerdos. A los que me acompañasteis ese día, gracias por no dejarme sólo y llorar conmigo por la orilla de mis latidos. A los que me habéis visto a través de las redes sociales recitar versos, gracias por vuestro aliento. A los que de alguna manera habéis sido mis cómplices y mis confidentes durante la gestación de este reto literario, que sepáis que os debo varios cafés y decenas de abrazos. A José Blas Moreno… qué más quieres qué te diga... Grac...

La mujer...

Tengo claro que si le debo un gracias eterno a alguien en este mundo es a la mujer que durante nueve meses me llevo en las entrañas de su ser, y me dio el regalo más grande que una madre puede darnos: la vida. Nada de lo que sucede bajo el sol de mis días tiene sentido sin la mirada caliente de esa mujer que cada mañana, con sus achaques y sus arrugas gastadas, le echa un pulso al tiempo para ganarle la batalla a la rutina en el campo de las horas. No concibo la vida sin ella, y al mirarla, la vida pinta un arco iris de nubes blancas en su delantal a cuadros. Pero claro, detrás de su corazón de madre late su corazón de mujer, entregada, preocupada, valiente… que jamás consintió que nadie le dijera cómo deben de ser las cosas en su mundo, ese paraíso donde nacen la belleza y el silencio. Y es que la mujer no es la posesión de nadie, no es el capricho de nadie, no es la playa descalza donde el hombre deja anclada sus huellas de maldad… no… La mujer, simplemente, ...

40 días...

El calendario rachea sus días en torno al mes de marzo para ir, poco a poco, desabrochando su pecho y buscando versos para enamorar a la luna sobre el horizonte de los inciensos. Las nubes pasan por los alrededores de las iglesias y se santiguan ante los viejos azulejos, queriendo quedarse a vivir en el zaguán de la espera, de ahí que estén llorando como lo están haciendo en estos días. En las casas de los que somos cofrades, el café huele a torrija, las túnicas empiezan a bostezar sueños y se conjuga la mirada con el verbo “fe”, esa escama que nos hace diferentes ante el resto de los humanos. En las casas de hermandad, la plata se pone guapa, el ajetreo hace que se llegue al hogar de madrugada y el que se cree alguien en este orbe cofrade, empieza a dejarse ver para sentirse importante. El recuerdo subraya al hermano que falta, mientras que las sonrisas se comparten cuando una nueva huella se saca su papeleta de sitio. Los balcones blanquean sus barandas cantu...