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Un paraíso cercano...

Tengo la suerte de vivir cerca de un paraíso natural que, visitado en pequeñas dosis, me enseña a vivir la vida, me muestra lo que es la vida, me regala y me da la vida.   Al menos en este detalle el destino no ha sido esquivo conmigo y con mi carácter. Pero les hablaba de mi paraíso, un trozo de tierra y agua a pocos kilómetros de mis huellas, donde las charlas se maridan con los cafés conservados en los termos que siempre conocí en casa de mi abuela; donde los bocadillos de nocilla abren de par en par los pasadizos de las nostalgias y donde los niños no se cansan de ser niños, de querer ser niños, de soñar con ser niños. En este paraíso siempre hay ruido. Siempre hay bullicio. Siempre hay un motivo para volver. Tiene este paraíso nombre y perfil de mujer, y le gusta ir tostando la piel desnuda de mi alma de manera pausada, sin prisas, parsimoniosamente, como un romance a medio escribir y como me tomo la vida al ver ese idilio eterno entre el mar y la orilla o...

Crecer sin querer...

La escena la viví la otra mañana mientras esperaba turno para arreglar ciertos papeles relacionados con la casa de mi madre.    El aforo de aquel recinto rozaba el lleno a eso de las nueve; una madre sin paciencia le daba una y otra vez el móvil a su hijo pequeño de apenas un año para tenerlo distraído; el guarda de la puerta hacía funciones de conserje, de psicólogo, de confidente; mi vecino de asiento, Rogelio, me contó en media hora su vida, la de sus hijos, la de sus cultivos; … El ruido le vencía la batalla al aire gracias al sudor de esa jungla de ciudadanos impacientes que reclamaban sus injusticias por los impuestos a pagar mientras sus IPhone 7 no paraban de recibir mensajes de wasap. Y en medio de este lienzo costumbrista de una mañana de julio, descubrí la presencia de una niña que -acompañando a su madre-, me hizo ver que la infancia depende de la cuna en la que nazcas. Con las rodillas limpia de moratones y algunos dientes de leche a punto de ...

Cuando se dice te quiero...

Antonio Orozco dijo una vez que hay muchas maneras de decir te quiero , pero que nada es comparable al repeluco que nuestra piel siente cuando esas dos palabras recorren el mapa de nuestros lunares porque alguien nos lo dice al oído. A ciertas edades, hay ciertas palabras que uno necesita escucharlas de manera directa, sin rodeos y a sabiendas que ese juego de latidos puede hacernos olvidar un mal día o puede calmar una tarde de llanto y soledad. Por eso, cuando se dice te quiero , el alma descorre los pestillos donde la felicidad duerme y se pinta dos sonrisas que saben a tiempo hilvanado a la memoria, a rostro envuelto en recuerdos, a sabanas y amaneceres de escalofríos. Cuando se dice te quiero , uno se siente un valiente en mitad de la batalla que es capaz de enfrentarse a los requiebros del corazón con el pecho descubierto; a las gotas de lluvia en primavera con promesas encendidas; al frío del desierto por la noche con hogueras de caricias, … Cuando se dice t...

Seguiré tu huella...

Ahora que los lápices de colores descansan del ajetreo de tu último año como maestra, préstame unos cuantos que voy a hacerte un dibujo para que te lo lleves de recuerdo.   Con el color amarillo dibujaré un sol en una esquina, la de tu clase, ese lugar que era tu segunda casa y donde siempre te encontraba atareada, liada con tus mil carpetas, enfundada en tu inmaculado delantal… y donde el tiempo era eterno. El azul me servirá para perfilar tu mirada, ese horizonte de confianza que me tendió la mano y me abrazó cuando los miedos más me acechaban, y el verde lo dejaré para ilustrar tu sonrisa, esa pequeña ventana que se abría al entusiasmo de llevar a cabo un trabajo bien hecho sin esperar nada a cambio. Con el color marrón retrataré el sabor de los dulces, de los panes y de los chicharrones que sabían a gloria y a pecado. ¡Qué manos de cocinera te regaló Santa Claudina! Con el color rojo déjame que te pinte un corazón -el tuyo-, sobresaliendo de este rincón, ocu...

¿Sabes quién soy?..

Hoy que tu Solemnidad brilla más que el sol, y que el Pangue Lingua se precipita por los labios de los creyentes, me vas a permitir que desabroche mi corazón y te recuerde quien soy. Yo soy esa simple mirada que se pierde entre miserias e impotencias, que mastica tu nombre sobre el vano húmedo de la incertidumbre, el que sólo viene a arrodillarse ante tu presencia cuando la soga de la vida aprieta, ahoga y apenas me deja respirar.   Yo soy un olvido de tierra, una huella perdida en un atardecer de estrellas, un búcaro de mentiras y moratones que hilvana sonrisas de palabras y persigue sueños de barro. Yo soy una verdad a medias, el eco de un vuelo rasante, una voz sin altavoz por ser fiel a la única verdad que conoce: la de una conciencia tranquila.    Yo soy el que camina por el alambre de la vida, entre sonetos de amor y canciones de otros mientras los recuerdos juegan en la orilla de mis nostalgias. Yo soy un grito que grita Tu grandeza por l...

Sigue latiendo..

Sigue latiendo, por favor. Te pido que sigas latiendo. Aunque estés a cientos de kilómetros de mí, de tu tierra, de tus cielos. Tienes que seguir latiendo. Hace unos días leí la reflexión que escribiste ahora que eres casi un cuarentón, y me vas a permitir que mis palabras te contesten. Estás equivocado amigo, pero muy equivocado al sentir que tu vida es un fracaso, porque la vida es para los valientes, para los que lloran en público, para los que se lamen las cicatrices con una sonrisa como la tuya. Me duele que pienses que nos has fallado cuando lo único que has hecho es apostar por ti cuando nadie lo hacía, enfundado en un chándal y haciéndote mayor justo ahora que la barba comienza a sentarte bien.    La vida es un camino que hay que recorrer con la mirada limpia, la mochila a medio cerrar y un monopatín como única arma de defensa y libertad. La vida es caerse, y es levantarse. Es sacudirse el polvo de las rodillas. Es sentir la soledad de un amor...

Violencia y sangre

Hace años que no creo en el ser humano. Me da miedo ver por dónde caminan las huellas de este tiempo y desconfío del que gobierna, del que sale por la tele, del que se cruza conmigo y contigo al bajar la basura. Siempre fue así, y no pienso cambiar de opinión sobre esta raza prepotente y chulesca. De un tiempo a esta parte, vivimos en la burbuja de colores y felicidad que nos ofrecen las redes sociales, esa ventana fotografiada donde todo el mundo sonríe y que dista mucho de la verdadera realidad, esa que se cuece en la calle, esa que sale en los telediarios, esa que te zarandea el alma cuando te das cuenta de que el mayor enemigo del ser humano es su mirada de ser humano. Y esa mirada -por muchos filtros que queramos ponerle-, está tiznada de sangre, de maldad, de rabia. Se escuda en la bandera de la religión y del dinero para matar, para acabar con la vida de latidos inocentes, para implantar el terror en una sociedad que no se da cuenta de que las velas, las...