Por un pasillo del olvido acaba de irse la Semana Santa de este año 2021, y nada de lo vivido ha sido igual tras cuarenta primaveras. Y con eso me quedo. Con lo que he sentido. Con lo que he visto. Con lo que he podido contar a través de mi voz y de mis ojos. Porque Dios ha estado ahí. Cerquita de mí. Expuesto de la mejor forma posible en cada rincón, en cada altar, en cada cola de personas que esperaban a verlo para desnudarse la mirada. Y porque su Madre nos ha esperanzado en estos días grandes y nos ha secado las lagrimas de las cuencas de la espera con el pañuelo de su templanza, su amor y su paciencia. Y no busquen más allá porque eso es lo único importante. A la ciudad le ha faltado nazarenos, bullas, inciensos… pero se ha impregnado de Él . Se ha vuelto a enamorar de Ella . Y lo ha hecho cuando más falta le hacía y cuando nos hacía más falta. No se queden con lo banal de lo sucedido, y mírense el ...