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La vida eterna de los Carnavales

Querido Juan:

He tardado siete años en poder escuchar el audio que grabé en la Plaza Flagela el día que Cádiz te dijo adiós, una mañana de sábado del mes de mayo.

Aquel día, llegué a la ciudad de los vientos con la mirada rota.

A día de hoy, cuando vuelvo a escucharte o a leerte, la mirada sigue cosiendo la herida que dejaste entreabierta sobre mi alma.

Recuerdo aquellos aplausos. Los acordes de tu chirigota. Y aquel primer Credo que se cantó como himno de tu legado.

Recuerdo regresar a casa sin saber qué decirme. Sin consuelo ninguno. Sin coloretes ni calambres a la hora de sonreír.

Porque, pasado el tiempo, sigues siendo la referencia para muchos. 

El estandarte para el resto. 

La bandera que ondea sobre las azoteas de la juventud.

Y el rebelde del barrio. 

La leyenda inmortal. 

Y el amigo que siempre fue amigo de los verdaderos amigos. 

A través de tus ojos, veíamos el mundo que tú veías para masticarlo como tú lo hacías. 

Con tu guitarra al hombro, descubrimos la banda sonora de tu infancia. Tus amores de casapuerta. Y cómo eras capaz de enamorar una y otra vez a febrero y, a su vez, acordarte de la madre que la parió. 

Ainssss Juan

Cuánto nos diste… y cuánto nos sigues dando.

Porque no hay mañana que no sea un bufón de esos que canturrean tus letras al bajar las escaleras. 

O un mendigo millonario al pisar la calle.

O un condenado a quererte, pase el tiempo que pase.

He tardado siete años en volver a ese día, en el que Cádiz le dijo adiós a uno de los suyos.

Uno de los suyos amó a Cádiz con todas sus fuerzas, y ésta no se enteró hasta que escuchó el portazo de su grandeza y éste no regresó.

Querido Capitán, cuídate.


Audio de la despedida a Juan Carlos Aragón Becerra




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