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Ratatatata

  Y regresó Jesús al Teatro Falla una noche de enero, y un vendaval de ocho años arrasó todas las butacas y cada uno de los palcos del Coliseo Gaditano . Por primera vez en mi vida, vi a una rata bonita, necesaria, bienvenida.  Y que nos dure, al menos, tres pases más. Jesús volvió al escenario que lo vio crecer, rodeado de voces amigas para gritarle a Cádiz que se despierte de una puñetera vez, y dio un golpe en la mesa que retumbó toda la madrugada. Él, como hijo de la sal y del compás del 3x4, ve cómo su pueblo adormece sus penas pescando en la orillita de la desidia, y le duele, le hiere, le provoca miedo. Qué diferencia más grande existe entre el gaditano que nace donde le da la gana y el que tiene la suerte de nacer cerquita del Arco de San Rafael. Qué músico tiene Cádiz en sus entrañas… Por que cuando uno escucha, ve y asiste a cualquier espectáculo de Jesús, uno siente envidia de cómo se hace eso. Y lo que nos queda es disfrutarlo. Balsero de noches estrelladas...

Sigues siendo Tú…

Por mucho que pasen los años, y por muchas cicatrices que ambos llevemos en la piel, a los dos nos basta un simple gemido para desnudarnos el alma. Yo transito por tus sombras, y tu sombreas mis palabras. Yo canturreo tus estribillos, y tu me coloreas con tu nombre cada centímetro de mi espalda. Eres mi refugio de piedra, mi cantón de silencios, mis paseos de primavera; mis ruegos y preguntas, mis guiones sin acotaciones, la respuesta a mis lágrimas; una ciudad troceada en sus calles por el corazón de trovadores sin voz, la excusa que Dios tiene por febrero para hacerse de nuevo mortal, la melodía con la que el viento enamora a sus torres y a sus miserías. En esta vida he perdido más amores que llaves, pero si te perdiera a ti, crisol de miradas que en un pasacalles se santiguan con coloretes de sal, dudo mucho que pudiera volver a levantar los ojos. Porque eres el sueño de los platillazos de noviembre, el aplauso de los nervios que tras una cortina roja despereza al tiempo, la ciuda...

Mbappé

  Era cuestión de tiempo que despertará, y lo está haciendo destilando de sus botas clase y elegancia. Fino. Decisivo. Y con la sonrisa de jugón en su rostro, verle es una delicia cada vez que encara hacia la portería rival, o cada vez que se relaciona con sus compañeros, o cada vez que festeja algún gol. Tiene  estrella . Y el mundo del fútbol lo sabe. Como les decía, era cuestión de tiempo que empezara a jugar como él sabe hacerlo porque el talento de este jugador está fuera de toda duda, sobre todo cuando conduce la pelota por la banda izquierda, a pierna cambiada, acelerando como un potro desbocado, y frenando como el que se detiene ante una rosa para aspirar su olor.   Mbappé  es así, y así es  Mbappé . Disfrutémoslo porque jugadores así salen muy pocas veces y son de ese tipo de jugadores por los que merece pagar una entrada de fútbol. Kilian Mbappé…. Tremendo jugador

Te miro

  Te miro sin que te des cuenta  y al verte,  tus ojos acarician mis sentidos,  tu nombre vuelve a provocarme escalofríos  y tu boca,   tu boca sigue siendo un manantial de suspiros perdidos. Te miro  y en ti veo un oasis de sueños vividos. Te miro  y me sonrío  por mis adentros y por mis afueras,  por mis costuras y por mis latidos  y sin saber cómo,  vuelves a calmar la sed,  de este juglar,  de este peregrino  que sabe que en tus caderas  anidan mis pasos y mis descuidos. Te miro  a media tarde  y al llegar la noche  -sin hacer ruido-  vuelvo a ser preso de ti  releyendo todos mis olvidos. Te miro  de reojo  y  sin mirarme  me tienes convencido. Te miro  sin descanso y en mis descansos  te miro  acunando este regalo  que es mirarte entre delirios  pausándose la vida   y cosiéndome este vicio  -a la piel, al alma y al juicio- q...

Sueño con que pase algo...

  Me he levantado temprano. La luna se va despidiendo de la noche. Mi reloj de pulsera aun duerme. Y de fondo, entre el café y estas letras, suena tu Vanesa.   Ya tengo asumido que en esta vida nuestros labios no se van a derretir el uno en el otro, pero me resisto a callarme lo que tu sonrisa me provoca.   Y es que esa curva dice tanto, y calla tanto…   Se que no te busqué, pierdo el pulso con cada mensaje tuyo, te imagino de mil maneras posibles rondando por mi cintura….   Y aquí ando, desnudando con magia y suspiros palabras, haciéndole un hueco a los nervios, imaginando lo que pudiera pasar entre tu y yo…    Por ahora, me conformo con que me leas.   Y con que me leas, me conformo por ahora.   Hace tiempo te dije que nunca dejé de escribirte.   Aquí tienes la primera carta.   Un beso.

Hablar de la Esperanza

        Sueles aparecer por mis labios cuando los hilos de la vida se deshilan, cuando todo está perdido o cuando necesito que el cielo me guiñe sosiego entre nubes de algodón.    Te evoco, surgiendo tu nombre de la nada, y lo llenas todo. Lo iluminas todo. Lo acaparas todo.   Como un faro encendido en mitad de una tempestad.   Como un sorbo de agua calmando la sed.   Como un estribillo de paz cuando febrero se desquita sus penas con coloretes.   Hablar de ti,  Esperanza , es rebuscar en el pasadizo más siniestro de mi corazón para que con la antorcha de tus ojos, ilumines cada centímetro de mí.   Hablar de ti,  Esperanza , es sentarse a ver las orillas del mar de tus tiempos, esos que son perfectos, pues en ellos residen  Dios  y su grandeza.   Hablar de ti,  Esperanza , es detener los latidos, apurar lo sueños, atravesar la línea enemiga del desasosiego y respirar… sólo respirar.   Porque tu nomb...

Fe en mí

  Son las dos de la madrugada. Me he vuelto a despertar entre lágrimas y sudores, y es la sexta vez en el día que me digo que esto tiene que acabar.     Y es que yo creía que durmiendo era libre, pero tengo una herida con su nombre en el alma que se cuela por mis adentros cuando menos me la espero y no me deja soñar.    Durante mucho tiempo la he dejado al aire, pero hay días que la palpo con los recuerdos, y ahora necesito que se cierre, porque necesito volver a respirar.   Es una historia que ya pasó.    En la que me equivoqué.    En la que pedí perdón.   Y con la que asumo la derrota más triste de mi asumida existencia.    Pero hay un latido dentro de mi corazón que no se entera. Y de vez en cuando me grita, a sabiendas de que ese relato ya reposa en la repisa de los libros leídos.    Sólo me quedan las cenizas, los recuerdos y un puñado de rezos a escondidas porque no quiero molestarle al cielo con mis cosas ...