Hay amores que nacen en primavera.
Otros que se maceran en las tardes de verano.
Y los más valientes y osados, abren su corazón cuando el frío galopa por la piel.
Y Jerez, esa ciudad de ensueño y luz, ha comenzado su historia de amor con Nuria Barrera Bellido un 14 de febrero, bajo las arcadas de los Claustros de Santo Domingo, a sabiendas de que este idilio sólo acaba de comenzar.
Han tardado en encontrarse, pero dudo mucho que una vez consumado el primer beso, se suelten la mano.
Jerez aporta elegancia al romance, mientras Nuria le ofrece la belleza de sus pinceles.
Jerez le va a ir desgranando sus quimeras a Nuria para que Nuria, en los zaguanes del tiempo, le vaya susurrando lo que esconde su alma,… ese trazo que Dios ha puesto en el mundo para que el mundo se refleje tal y como ella lo ve.
Su primer paseo, sus primeras miradas, sus primeros pellizcos lo han dado en la Plazuela, el rincón donde habita la Esperanza de la Yedra, y donde el Señor de la Sentencia hilvana a las costuras de su túnica los amaneceres de la calle Sol.
No ha sido casualidad.
No ha sido cosa del destino.
No ha sido cosa del azar.
Y será el primero de muchos…
Esta historia ha dejado caer su primer pétalo de amor sobre un lienzo del que, al descubrirse, hasta los vientos quedaron prendados de él.
Y es que Nuria ha sabido plasmar, ver y mostrar, bajo sus ojos forasteros, uno de esos tesoros escondidos que la ciudad tiene bajo el pretil de sus murallas; y lo ha hecho tal y como ella suele hacerlo, con respeto, con dulzura, y con ese beso en la frente que son sus obras de arte.
Ahora sólo queda disfrutarlo…
Ahora el disfrute es el inicio de lo que nos queda…
Jerez… en este cartel tienes a tu Hijo sentenciado a muerte…
Nuria, aquí tienes a mi ciudad para que sigas esbozando sobre ella lo que tus latidos la pinten como tu, y sólo tu, la quieres pintar.
Enhorabuena pintora.
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