Cuentan las Sagradas Escrituras que en el más humilde de los pesebres, María y José colocaron a Jesús y le cantaron una nana. Y yo creo en eso que pasó hace más de dos siglos a ciegas. Creo en María como primer tabernáculo, como primera costurera de esperanzas, como primer sendero para encontrar y hallar la luz. Creo en ese Dios hecho hombre que, por mis pecados, daría su vida sobre un madero de sangre. Y creo en la honestidad del mundo, en la sinceridad de la gente buena de corazón, en la que no engaña ni hace daño. Creo que a pesar del rencor y el egoísmo que me rodea, en torno a mis nubes y mis calles, hay personas que merecen la pena, que te ponen un mensaje, que se acuerdan de mí cuando ni los espejos me devuelven los reflejos. Y es ahí cuando más creo en Dios , cuando más me doy cuenta de que la vida es… un paseo, un lienzo, un abrazo a medio despertar. Sin ese pequeño gesto de volver a nacer, la vida sería una sucesión de días sin más. Naciendo, Dios te susur...