Ahora que el mundo espera la llegada del Mesías en torno a villancicos y zambombas, permitidme que escriba bajito lo que a gritos le he contado cientos de veces al mejor de los nacidos. Él mejor que nadie sabe lo que siento cuando el tiempo nos acerca a la Nochebuena y los Reyes Magos visitan hogares y zaguanes. Y es que no me gusta la Navidad . La respeto, pero no la soporto. Convivo con ella, pero apenas la miro a la cara. Ella va por una acera, mientras que yo camino en silencio por la otra. Y eso que lo he intentado. Por activa. Por pasiva. De todas las formas posibles. Con todas mis fuerzas… Pero no me sale el postureo, la falsedad y el bienqueda de estas dos semanas de consumismo y prisas. No me siento cómodo deseándole buenos deseos a personas miserables que me dejaron tirado primaveras atrás y me enseñaron el cristal de su soberbia; yo a ellos los he perdonado, ellos a mí aun no. No soy capa...