María estaba sentada en una silla de enea confesándole a los vientos sus miedos de yerbabuena y las ganas que tenía de verle su tez morena al que llega por diciembre como luz de primavera y recibe la visita -en todas las casapuertas - de reyes y de pastores de roscos y panderetas convirtiendo en claridad la más cruel de las sentencias. Ella pensaba y pensaba hilvanando así la espera, en sus ojillos celestes como el mar que Él anduviera y en sus primeras palabras salteadas por gracietas y en sus últimos silencios al saber de su Grandeza … y en su mirada sin brillo como Madre nazarena cuando llegara el momento de asumir la penitencia de ser el Hijo de Dios y el guardián de las creencias. De ahí que, al acurrucarlo entre sus brazos de Reina, lo dormiría entre nanas que hablaran de su pureza.. y apartaría su pelo cuando en su cuna durmiera.. y le diría que sueñe con tambores y saetas.. y nazarenos de fila que descalzan sus promesas en...