No tengo dudas de que el ser humano necesita la calle para vivir, para ser, para estar. Nos hemos criado en ella y en ella hemos forjado parte de lo que hoy somos, fuimos y seremos. Pero desde hace unos días, tengo miedo de todo aquello que la calle en sí misma alberga. No entro en valorar si los que sacuden impotencias, banderas o cacerolas son de derecha, de izquierda o indignados marca hacendado . Me da exactamente igual sus votos y sus ideologías. Sólo escribo lo que pienso, y lo que pienso es que me parece patético manifestarse así y saltarse por el arco del triunfo todas las recomendaciones de civismo y sentido común. Pero tengo miedo. Miedo a que todo el esfuerzo que la mayoría hemos hecho en estos meses haya sido en balde. Miedo a que estos comportamientos se traduzcan en nuevas muertes, nuevas medidas de confinamiento y en nuevas represalias en forma de impuestos; porque no se engañen, esta pandemia la pagaremos de nuestros bolsillos. Y teng...