Horas antes de que este catastrófico año 2013 expire y se quede sepultado en algún pasillo de la memoria, de esos que todos tenemos y que con el paso de los días se irán revistiendo de polvo y humedad, la tarde del 31 tengo una cita con la costumbre. Desde hace años me gusta buscar un rato para buscarme bajo la soledad de un folio en blanco y repaso, con una leve línea en medio, lo bueno y lo malo que ha traído este año que agoniza bajo las hojas de su calendario. Es una simple tradición que finaliza con la quema de dicho papel y viendo cómo esas cenizas que forman parte de mí serán el punto de partida para un nuevo año que asoma levemente su cabeza. Y este año que apura sus últimas horas ha tenido de todo. Encontraré que en lo personal el silencio ha sido el mejor aliado para no hacerme daño ante la indolencia de los de mi misma sangre; quizás algún día estalle, quizás algún día se den cuenta, pero por ahora prefiero guardar mis gritos para evitar que el arrepenti...