Conocí una vez el amor, y el amor estaba prendía a Él . Al replante de su cuello. Al compás de sus pisadas. A sus manos de tormentos. Al resquicio de su barba. Al rumor de su sombra. Al olivo de su espalda. A sus ojos de sosiegos. A su voz hilada en calmas. Y cuando iba a buscarle, por Santiago o por cualquier rincón de su alma, el amor sólo le pedía, que de él no se olvidara y que le diera respuestas a sus preguntas de nácar. Y si el amor le decía, y si el amor recontaba uno a uno los lunares que por su piel le brillaban… El amor sonreía, despacito y entre sonantas sabiendo que sólo Dios por su boca se derramaba. Y si el amor le pedía y si el amor descontaba los males y los amores que se alzaban en batallas…. el Prendimiento bajito le mostraba sus cartas y dejaba que los relojes cesaran todas sus llagas. Conocí una vez el amor, y el amor estaba aferrada a Él. Conocí una vez el...