Permíteme que junte hoy estas palabras para felicitarte ante tu elección como pregonero de la próxima Semana Santa de nuestra tierra. Confío en ti. Confío en tu pluma. Confío en tu mirada. Pregonar la Semana Santa de Jerez es un privilegio al alcance de unos cuantos elegidos, un regalo que uno recibe envuelto en unas pastas que saben a incienso y a soledad, un guiño del destino que proviene del mismísimo cielo; el Consejo en este caso sólo es un mero transmisor de la gracia de Dios. Pregonar la Semana Santa de Jerez es rebuscarse en los adentros que uno lleva cosido en la piel cuando el aire huele a castañas y los villancicos anuncian la llegada del mejor de los nacidos. Pregonar la Semana Santa de Jerez es abrirse en canal, desandar las huellas tiznadas de recuerdos cofrades, deshojarse las arrugas y volver los ojos a ese rincón del alma donde todo el año un racheo nos habla de esta locura que nos da la vida. Querido Ángel, me da igual que tu pregón sea clási...