Triana tiene en un rincón de su alma una fuente con cinco lágrimas que abren sus brazos de par en par para escribir -el último domingo de agosto-, la palabra Salud en los labios de un besamanos. Salud para el enfermo. Salud para que no enfermemos. Salud para que la enfermedad sea un recuerdo y que el tiempo la sepulte en el olvido. Ella, la fuente de esa Salud que dormita entre izquierdos, toma nota todos los días del año de los males que nos afectan, nos preocupan, nos hace mirar a la vida con desgana y una tarde de verano le echa la llave a su altar y nos toma del brazo para dar un paseo por la barandilla de su nombre mientras depositamos un " no te olvides de mí" en sus oídos. Todos necesitamos salud para vivir, y para vivir la necesitamos a Ella , a ese reverso vital que dibuja sombras sobre nuestros latidos, a ese contagio de vida que nos hace ver el vaso medio lleno de los días y bebérnoslo con los ojos abiertos, a esa orilla de sal que n...