… mi vida cambio por completo. Mi piel y mis latidos apenas llevaban once años de idilio en esta tierra cuando vi tu carita por vez primera en un nido de hospital. Llegué hasta ti con los nervios en la boca y la inocencia del silencio en la mirada, intuyendo que desde ese instante serías algo más que la niña de mis ojos. Estabas dormida, soñando con tardes de albero y con capas con olor a incienso de Martes Santo, y al rozar tus mofletes rosados, nos dijimos de todo sin apenas decir palabra. La primera vez que te tuve entre mis brazos desenvolví uno de esos regalos que la vida de vez en cuando nos ofrece, justo cuando el corazón late con más tristeza si cabe; y desde aquel primer biberón que te di -con miedo a que te atoraras-, mis noches se visten de festejos, entre izquierdos que rompen los pasillos de nuestra fe y el tono de una simple copla que hace que al escucharte se dibuje la sonrisa más sincera del día. Te he visto crecer desde la atalaya del orgullo,...