Uno cae en la cuenta de que los bolsillos de la cintura van pesando más de lo debido cuando las velas de los cumpleaños apenas pueden soplarse. Con los años vamos acumulando golpes, bofetadas, estrías alrededor de nuestra cintura cuya única función es ayudarnos a descubrir la verdadera cara oculta de la vida, ese regalo del que no somos dueños y que viene envuelto entre lágrimas de cristal. Apenas le hacemos caso a estas cosas, pero nuestra piel es más frágil de lo que en el fondo es. Podemos hacernos fuertes ante los insultos, podemos pisar la cabeza del que ose hacernos daño, podemos ignorar con nuestro silencio al que nos echa de menos,… pero en el fondo lo que estamos haciendo es proteger nuestra piel, nuestros latidos, nuestra vida, ocultando que somos seres débiles, tiernos, rompibles. Y nuestra piel, nuestro latido, nuestra vida se nos rompe en el momento más inesperado, en el momento más inoportuno, en el momento más brusco, dejando cicatrices a nuestro a...