Rendido a tus plantas me ofreciste tu mano el tiempo que la niñez a uno lo vestía, despidiéndome con un beso al llegar el mediodía intuyendo que jamás me separaría de tu lado. En los muros del Oratorio fui creciendo me enseñaron a quererte un poquito cada día siendo aquel legado la mayor alegría cuya huella no puede borrarla ni siquiera el viento. Iba a verte cada mañana a tu capilla me acomodé en tu auxilio haciéndome un hombre mi corazón se desboca al pronunciar tu Nombre, germinó en mi interior la fragancia de tu semilla. Llevo por bandera el ser Salesiano es mi faro la estela de tu estrella la mas radiante, la mas sencilla, la mas bella, la que debería de guiarnos a todos los cristianos. Para aquellos que te pusieron en mi camino solo tengo palabras de agradecimiento pues sin darse cuenta reforzaron los cimientos, siendo Tu sonrisa el mejor de los destinos. Sabes que me ofrezco a Tí confiando mi cuerpo y mi alma compartié...