lunes, 20 de mayo de 2013

Fuga de cerebros



Justo cuando tuve que decirle adiós a mi segundo paso por una universidad andaluza - del primero solo conservo la beca, del segundo aun no tengo ni el titulo- comencé a escuchar por algunos mentideros que las promociones posteriores a la mía iban a tener la suerte de educarse, de formarse y de diplomarse y/o licenciarse con los expedientes más preparados y cualificados del reino de España desde que éste se escribe sin h.

Lástima que no me hubiese pillado alguna reforma como la LOGSE o la LOCE, o que en mi camino se hubiese cruzado algún ministro educativo como el señor Wert; sigue así que lo estás bordando chaval.

Mi currículo académico es simple. Cursé la E.G.B, el BUP y el COU, y el único cambio tecnológico que sufrí en el aula fue el paso progresivo del manejo de la tiza, pues la cilíndrica le iba ganando terreno a la cuadrada.

Me siento orgulloso de lo que en su día estudié, pero me hubiese gustado disfrutar de una beca Erasmus, ese proyecto gestado para que nuestros jóvenes completen su formación fuera de nuestras fronteras, con la idea de regresar a casa y ser la solución a nuestros problemas.

Volver a nuestro hogar sabiendo de idiomas, de geografía y de informática – nivel avanzado quiero decir-, debe de ser un salvoconducto para abrir puertas y sacar a este país del desahucio en el que vive. 

Excepto para ese joven gallego que ha cometido la osadía de recibir el premio al Mejor Físico Experimental de Europa, pues para ese chaval no hay sitio en esta bendita tierra, alegando que todavía es “joven”.

No te preocupes Diego, y vuelve a echar los papeles cuando estés a punto de prejubilarte; tranquilo, si tenemos hueco aun te quedaran diez años para dar lo mejor de ti, y gracias por no haberte querido fugar -con tu cerebro- a otro país.