domingo, 29 de enero de 2017

Mi bella locura...


Anclada en un latido del mar, con la arena de la playa recubierta de cascaras de besos y amantes con la guitarra a sus espaldas se encuentra la dama de los desvelos de este simple juntaletras.

Serena, callada, dulce…

Cada mañana se baña con un suspiro de luz que el cielo le teje entre vuelo de palomas y compases de mareas.

Con el eco de los buenos días se perfuma tras cada casapuerta donde la vida le ha ensañado a secar lágrimas con el pañuelo de la ironía.

Con las heridas a medio supurar se pone guapa. Se despereza. Se gusta. Se mira en el espejo de su eternidad y sale a las calles a dejarse el alma en ellas… y a que ellas vuelvan a dejarse el alma por el precipicio de sus rincones.

Es Cádiz…

Es su sal. Su tiempo adormecido. Su tregua paciente.  

Y es esa cortesana escondida que deambula por mi mirada y que no quiero apartar de mi horizonte cuando oteo su nombre en forma de copla de carnaval.

Carnaval que ahora está en boca de todo entendido y que es un canto de cisne en la pluma de unos cuantos peregrinos que nos hacen al resto del mundo millonarios.

Y nos convierten en duendes. Y en locos de atar. Y en cuentistas sin final...

Y en borrachos. Y en hippies. Y en vientos en busca de refugios que al sacudirnos,… dan sosiego a nuestros moratones…

Y nos hacen ser trasnochadores… irracionales trasnochadores que acaban cantándole a Paco Alba el repertorio completo de Estampas Goyescas con un vaso de felicidad en las manos… 

Todo lo que la sombra de un gaditano dibuje en la azotea de su imaginación, eso es el carnaval..

Todo lo que provoque que la risa se dé una vuelta descalza por la cuerda de los equilibrios, eso es el carnaval..

Todo lo que quepa en la piel de un charco, desnudo de piedras y cansado de escuchar el correteo de unos niños jugando entre los coloretes de Peter Pan, eso es el carnaval..

Si no sabes de lo que te hablo, no sabes lo que desconoces.

Es Cádiz.. y su bálsamo de gracia que se dibuja por el perfil de sus costuras, por los pasillos de sus cicatrices, y por los callejones de febrero... ese mes chiquito que la toma por la cintura y se la lleva a dar una vuelta por los alrededores de la tarde -como dos enamorados-, para susurrarle al oído te quieros entre estribillos de carnaval...


Cádiz... mi bella locura. 

domingo, 22 de enero de 2017

Jerez, perdóname..



Que Jerez me duele es un secreto a voces que llevo por bandera desde el primer aliento de vida que tuve y que vine a recibir en esta tierra que cabalga por las entrañas de mis huellas hace ya más de tres décadas.

Me siento jerezano y se me cae la baba con nuestra historia, con nuestra forma de ser, con nuestras tradiciones,…

Pero permítanme que hoy me quite la venda de los ojos y me confiese ante ustedes para contarle que desde hace un tiempo a esta parte una herida que tengo en el alma cada vez se está abriendo con más fuerza.

Y es que mi tierra, la del vino y los caballos, la de la feria y la de las zambombas sin tilde, la del flamenco y el duende de sus barrios es una tierra triste, desolada y digna de lastima.

Y lo grito sin ningún miedo desde esta atalaya de palabras.

Se la están cargando por día que pasa, gracias a un gobierno municipal que al escucharlo y al ver cómo llevan a cabo sus políticas ha conseguido que me produzca vergüenza ajena y propia compartir el mismo aire; de verdad, no se puede llevar peor las riendas de un ayuntamiento.

Calles comidas de mierda. Funcionariado desmotivado y apático. Paradas de bus urbano tercermundistas. Ambiente desolado y aterrador al caer la noche. Un “Centro Histórico” que se nos cae a pedazos y que necesita algo más que una manifestación y unos pulmones nuevos… 

Qué lástima que tengamos que vivir así tras nuestras fronteras los que nos sentimos orgullosos de llamarnos jerezanos con el patrimonio que tenemos, que disponemos y que es nuestro, le pese a quien le pese y ondee en la calle Consistorio la bandera y las siglas que ondeen. 


Así que Jerez, por la parte que me toca, perdóname porque no sabemos lo que estamos haciendo contigo.  

domingo, 8 de enero de 2017

Ahora...



Ahora que pasear por las calles del centro de la ciudad es hacerlo bajo la lluvia de la melancolía y del frío envuelto en esperas..
  
Ahora que las luces de los árboles de Navidad de los salones se andan agotando y están como locas queriendo volver a su vieja caja de cartón..

Ahora que los papeles de regalos son un recuerdo donde la ilusión se quedó a dormitar por unas horas..  y la cara de felicidad del que recibió ese presente es un tatuaje en el altillo de las sonrisas..

Ahora que las prisas, las colas y los tickets regalos son un recuerdo anclado a los riñones y a las plantas de los pies..

Ahora que los villancicos reposan en la alacena de las nostalgias..

Ahora que los Tres Reyes de la Ilusión no persiguen ninguna estrella, ni tienen prisa por llegar a ningún sitio y andan preguntándose el uno al otro con qué regalo estará jugando el Niño Dios..

Ahora que los horarios se vuelven a condenar a los relojes de arena de la rutina..

Ahora que no recibimos decenas de mensajes por compromiso y nuestros dedos vuelven a recuperar su voz muda..

Ahora que los hogares están ordenados y de nuevo abrimos las ventanas al horizonte para ver cómo sigue latiendo el corazón del mundo..

Ahora..

Ahora es el momento de coger aire, de ponerse frente al  espejo de lo vivido y buscarse esa nueva arruga que seguramente nos salió de tanto reír, de tanto beber, de tanto desear,... de tanto compartir.

No te maldigas por ello, porque ahora es cuando te tienes que dar cuenta de que sin estar vivo hubiera sido imposible vivir lo que has vivido en estos días; todos nos hemos tomado un respiro, pero es hora de regresar para seguir caminando.


Y recuerda: la vida no está envuelta por un moño, pero sigue siendo un regalo.

domingo, 1 de enero de 2017

Pido perdón...


Pido perdón por guardar silencio estos últimos meses y lamerme las heridas en soledad; nadie tiene porqué soportarme y secarme las lágrimas bajo un pañuelo de miradas.

Pido perdón por refugiarme en los rincones de mi alma; el eco de sus recovecos son las huellas de lo que un día fui, así que permitidme que me busque en ella.

Pido perdón por confesarme cada cierto tiempo en este refugio de esperanza; si sabes leerme, sabrás escucharme.  

Pido perdón por caminar descalzo por el renglón torcido de los prejuicios; yo no tengo la culpa de que pienses eso de mí.

Pido perdón por no dejar que me conozcas; créeme, hay atardeceres que merecen más la pena que mis sombrías sombras  

Pido perdón por irme de los sitios sin decir adiós, por no tomarme ese café contigo, por huir de ti cuando tú abres de par en par tus brazos para dármelo todo.

Pido perdón por no tomar partido en batallas que no llevan mi nombre entre las alforjas de los valientes; quizás me sienta bien revestir mi hombría bajo la piel de lo cobarde.

Pido perdón por ser egoísta y empezar a creer en mí, a pensar en mí, a apostar por mí.

Pido perdón por los mensajes que te mando preguntándote cómo estas, por aquellos que te susurran si necesitas algo de mí, y sobre todo, por aquellos que no soy capaz de escribirte por miedo a que te decidas a no borrarlos nunca.

Pido perdón por no mirarte a los ojos cuando me hablas; en el fondo sigo siendo un tímido empedernido y no me gusta que se cuelen en la cárcel de mis ojos.

Pido perdón por tener sueños que no se cumplen, promesas que se pierden por la orilla del presente, enfados que se reflejan en el espejo de la impotencia.

Pido perdón por no devolverte la llamada ni ese mensaje con aroma a nostalgia que me has mandado últimamente; aún soy libre de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Pido perdón por no estar sometido al dictado de nadie; te guste o no, soy el dueño de mis miserias.

Pido perdón por tener enemigos en el olvido; seguid así, atrincherados bajo vuestro orgullo y vuestra gangrena. Haced sitio que pronto os acompañarán otros cuantos.  

Pido perdón a mis amigos escritores; tengo vuestros libros en la mesita de la espera del tiempo, pero el tiempo me está asfixiando entre sus segundos de arena y apenas me deja respirar.

Pido perdón por acunar entre mis sabanas a aquel niño que un día dejó de jugar en la plazoleta de su barrio; mi barrio… ese continente que me da todo lo que necesito para vivir.


Y pido perdón -mil veces perdón-, por ser un junta letras de barro, un escribano de sueños, un simple perseguidor de suspiros que sonríe cuando tus ojos me leen y sin decirme nada descubren cómo sigue latiendo mi corazón; no dejes de hacerlo..