domingo, 23 de julio de 2017

Un paraíso cercano...


Tengo la suerte de vivir cerca de un paraíso natural que, visitado en pequeñas dosis, me enseña a vivir la vida, me muestra lo que es la vida, me regala y me da la vida.  

Al menos en este detalle el destino no ha sido esquivo conmigo y con mi carácter.

Pero les hablaba de mi paraíso, un trozo de tierra y agua a pocos kilómetros de mis huellas, donde las charlas se maridan con los cafés conservados en los termos que siempre conocí en casa de mi abuela; donde los bocadillos de nocilla abren de par en par los pasadizos de las nostalgias y donde los niños no se cansan de ser niños, de querer ser niños, de soñar con ser niños.

En este paraíso siempre hay ruido. Siempre hay bullicio. Siempre hay un motivo para volver.

Tiene este paraíso nombre y perfil de mujer, y le gusta ir tostando la piel desnuda de mi alma de manera pausada, sin prisas, parsimoniosamente, como un romance a medio escribir y como me tomo la vida al ver ese idilio eterno entre el mar y la orilla o entre la orilla y el mar.  

La sombra que necesito en mi refugio me la proporciona una simple sombrilla. El descanso lo alcanzo con una silla pasada de moda. Y el frío lo combato con una vieja toalla que conoce todas las cicatrices de mi cuerpo y que manda a callar a todos los escalofríos de mis silencios cuando reparo en ellas tras cada baño.  

Me gusta pasear por las costillas de este paraíso cuando el sol pliega velas en la lejanía..

Me gusta desnudarme ante él..

Me gusta olvidarme del mundo cuando respiro sus suspiros… y suspiro cuando respiro bajo su mundo..

La playa… ese paraíso cercano que envuelve en felicidad los calores de estos meses de letargo.

Aprovéchense y búsquense en ella.


domingo, 9 de julio de 2017

Crecer sin querer...


La escena la viví la otra mañana mientras esperaba turno para arreglar ciertos papeles relacionados con la casa de mi madre.   

El aforo de aquel recinto rozaba el lleno a eso de las nueve; una madre sin paciencia le daba una y otra vez el móvil a su hijo pequeño de apenas un año para tenerlo distraído; el guarda de la puerta hacía funciones de conserje, de psicólogo, de confidente; mi vecino de asiento, Rogelio, me contó en media hora su vida, la de sus hijos, la de sus cultivos; …

El ruido le vencía la batalla al aire gracias al sudor de esa jungla de ciudadanos impacientes que reclamaban sus injusticias por los impuestos a pagar mientras sus IPhone 7 no paraban de recibir mensajes de wasap.

Y en medio de este lienzo costumbrista de una mañana de julio, descubrí la presencia de una niña que -acompañando a su madre-, me hizo ver que la infancia depende de la cuna en la que nazcas.

Con las rodillas limpia de moratones y algunos dientes de leche a punto de despedirse de ella, al tocarle su turno, la pequeña hizo de traductora entre su progenitora, que supongo que a estas alturas de su vida sigue negándose a hablar nuestro idioma, y un funcionario que sólo estaba pensando en el sabor de la tostada que se iba a zampar en apenas diez minutos.

Con una aniñada sonrisa, era digno de admirar cómo ese cuerpo menudo se movía con suma facilidad entre las ciénagas de un mundo de mayores, de gritos, de soberbias…

Y es que justo cuando tendría que estar viviendo la vida sin preocupaciones, jugando con muñecas y deshojando la tarde de amores y sueños, su piel se va curtiendo de cicatrices y va descubriendo demasiado pronto la mirada envenenada de esta sociedad presumida y egoísta.   

Pequeña, ojalá pudieras crecer más despacio…  

domingo, 2 de julio de 2017

Cuando se dice te quiero...


Antonio Orozco dijo una vez que hay muchas maneras de decir te quiero, pero que nada es comparable al repeluco que nuestra piel siente cuando esas dos palabras recorren el mapa de nuestros lunares porque alguien nos lo dice al oído.

A ciertas edades, hay ciertas palabras que uno necesita escucharlas de manera directa, sin rodeos y a sabiendas que ese juego de latidos puede hacernos olvidar un mal día o puede calmar una tarde de llanto y soledad.

Por eso, cuando se dice te quiero, el alma descorre los pestillos donde la felicidad duerme y se pinta dos sonrisas que saben a tiempo hilvanado a la memoria, a rostro envuelto en recuerdos, a sabanas y amaneceres de escalofríos.

Cuando se dice te quiero, uno se siente un valiente en mitad de la batalla que es capaz de enfrentarse a los requiebros del corazón con el pecho descubierto; a las gotas de lluvia en primavera con promesas encendidas; al frío del desierto por la noche con hogueras de caricias, …

Cuando se dice te quiero, los silencios toman la palabra, el destino se pellizca los pulsos y un trozo de tus entrañas sale por tu boca para perderse en la boca de otra persona y trocearle las entrañas…

Después de un tiempo, un te quiero puede ser la llave que los cerrojos necesitan para desabrochar los olvidos, para pespuntear amaneceres de espasmos, para rasgar sobre la arena mojada el nombre de un suspiro de amor. 
  
Si se lo dices a alguien buscando sus pasos entre la multitud, es para decirle a esa persona que “aquí sigo estando”; y si se lo dices a solas, con la luna alumbrando el cordel de las pupilas, la multitud reseguirá esos pasos para poder escucharlo.

Cuando lo lees en un mensaje de texto, los miedos huyen al tener la certeza de que al menos alguien te quiere, … y cuando alguien te quiere, los miedos lo saben, la ropa lo sabe, tu mirada lo sabe.

Se puede decir con tizas de colores, con purpurinas ardientes, con las manos atadas y desatadas a la vez…

Se puede leer en un trozo de papel pegado en la nevera, en una tarde de cumpleaños, en un paseo por la ciudad de los coloretes…

Se puede decir cuando el interior de uno arde en deseos de amar a la otra persona, de querer ser de la otra persona, de formar parte de la otra persona…


El primer te quiero nunca se olvida… y el olvido nunca podrá quererte como lo hizo la primera vez.

Como ven, se puede decir te quiero de mil maneras distintas, de mil formas, con mil guiños diferentes… pero háganse un favor y díganlo, porque es mucho más bonito decir te quiero que tener que imaginárselo.

domingo, 25 de junio de 2017

Seguiré tu huella...


Ahora que los lápices de colores descansan del ajetreo de tu último año como maestra, préstame unos cuantos que voy a hacerte un dibujo para que te lo lleves de recuerdo.  

Con el color amarillo dibujaré un sol en una esquina, la de tu clase, ese lugar que era tu segunda casa y donde siempre te encontraba atareada, liada con tus mil carpetas, enfundada en tu inmaculado delantal… y donde el tiempo era eterno.

El azul me servirá para perfilar tu mirada, ese horizonte de confianza que me tendió la mano y me abrazó cuando los miedos más me acechaban, y el verde lo dejaré para ilustrar tu sonrisa, esa pequeña ventana que se abría al entusiasmo de llevar a cabo un trabajo bien hecho sin esperar nada a cambio.

Con el color marrón retrataré el sabor de los dulces, de los panes y de los chicharrones que sabían a gloria y a pecado. ¡Qué manos de cocinera te regaló Santa Claudina!

Con el color rojo déjame que te pinte un corazón -el tuyo-, sobresaliendo de este rincón, ocupando toda la pradera de tu cole, hilvanando en sus costuras todo el cariño que dejaste impregnado en todos esos alumnos a los que educaste, enseñaste y legaste tu dedicación y tu paciencia.

Si puedo, te prometo que lo pondré como si estuviera latiendo, para que veas que tiene vida, como esa que hasta el último momento nos has regalado a los que hemos tenido la suerte de tenerte cerca y disfrutarte.  

La palabra GRACIAS irá escrita con el color morado, y a su lado voy a esbozar unas huellas, en negro, inspiradas en tu ejemplo, tu entrega y tu amor por esta profesión, dejándome claro que has sido, eres y será la estela que debo de seguir si quiero ser algún día un buen maestro.


Querida Josefina...  Gracias eternas por dejar quererte. 

jueves, 15 de junio de 2017

¿Sabes quién soy?..


Hoy que tu Solemnidad brilla más que el sol, y que el Pangue Lingua se precipita por los labios de los creyentes, me vas a permitir que desabroche mi corazón y te recuerde quien soy.

Yo soy esa simple mirada que se pierde entre miserias e impotencias, que mastica tu nombre sobre el vano húmedo de la incertidumbre, el que sólo viene a arrodillarse ante tu presencia cuando la soga de la vida aprieta, ahoga y apenas me deja respirar.  

Yo soy un olvido de tierra, una huella perdida en un atardecer de estrellas, un búcaro de mentiras y moratones que hilvana sonrisas de palabras y persigue sueños de barro.

Yo soy una verdad a medias, el eco de un vuelo rasante, una voz sin altavoz por ser fiel a la única verdad que conoce: la de una conciencia tranquila.
  
Yo soy el que camina por el alambre de la vida, entre sonetos de amor y canciones de otros mientras los recuerdos juegan en la orilla de mis nostalgias.

Yo soy un grito que grita Tu grandeza por los callejones de tu historia, por los pasillos de las jonduras, por los balcones de los refugios perdidos.

Yo soy el tiempo confuso y encerrado en un reloj de arena, el destello de un espejo cóncavo envuelto en espinas, el reflejo de una nana donde la luna todas las noches sombrea azoteas.

Yo soy un mapa de costuras sin aliento, un camino de piedras amarillas, una guirnalda de azahar que tararea marchas a destiempo.

Yo soy la radiografía de un silbido, la queja amarga por lo perdido, el que espera en una esquina a que el destino desarbole en dos mis abatidos brazos caídos.

Yo soy un océano de vientos en calma, un monte de cruces de promesas, un barco varado en la cicatriz del miedo.

Yo soy una poesía sin rima, una rima yerma de pulso, un pulso asonantado que bebe de los que juegan con las palabras bajo la tinta de sus latidos.  

Yo soy una bandera blanca, ajada y derrotada, que cada noche te busca en el silencio de los parpados cansados para que no me eches en el olvido.

Yo soy el que necesita de Ti, pero a veces tengo la sensación de que no te das cuenta de eso..

Yo soy el que necesita de Ti, pero me siento uno más en la cola de los rezos..

Yo soy el que necesita de Ti, pero a sabiendas de que también necesitas de mí; así que, dejemos el rencor arrinconado en algún que otro zaguán carcomido por los siglos y abramos los cerrojos de las vergüenzas..

Porque si yo soy la sombra, tú eres la luz que despierta a mis sabanas sudando sueños y deseos..

Si yo soy la mirada, tú eres la pupila azul en la que clavo mi torpe aliento de poeta…

Si yo soy tu vela, tú eres la llama que me atraviesa de arriba abajo los pespuntes de mis naufragios..

Y todo lo que soy, todo lo que he sido y todo lo que me queda por ser es por culpa de tu Cuerpo y de tu Sangre, por tu bienaventurado Sacramento y por la esperanza de tu alimento... 
   

Yo soy tu Verdad mundana

amoratada de huesos,

soy la pulpa de los besos

y el eco de tu campana.

Soy la lumbre que desgrana

la pasión de tu sudario

aliviando mis calvarios

cuando arrodillo el asombro

buscando entre mis escombros

Tú presencia en el Sagrario.



Foto: Miguel Guerrero


sábado, 10 de junio de 2017

Sigue latiendo..



Sigue latiendo, por favor. Te pido que sigas latiendo. Aunque estés a cientos de kilómetros de mí, de tu tierra, de tus cielos. Tienes que seguir latiendo.

Hace unos días leí la reflexión que escribiste ahora que eres casi un cuarentón, y me vas a permitir que mis palabras te contesten.

Estás equivocado amigo, pero muy equivocado al sentir que tu vida es un fracaso, porque la vida es para los valientes, para los que lloran en público, para los que se lamen las cicatrices con una sonrisa como la tuya.

Me duele que pienses que nos has fallado cuando lo único que has hecho es apostar por ti cuando nadie lo hacía, enfundado en un chándal y haciéndote mayor justo ahora que la barba comienza a sentarte bien.   

La vida es un camino que hay que recorrer con la mirada limpia, la mochila a medio cerrar y un monopatín como única arma de defensa y libertad.

La vida es caerse, y es levantarse. Es sacudirse el polvo de las rodillas. Es sentir la soledad de un amor no correspondido. Es entender el silencio cuando éste brama en la noche.

La vida es un regalo Raúl. Lleno de injusticias, de mafiosos, de corruptos,… de gente que con menos que nosotros albergan más,  pero amigo,.. es la vida.

Y tu vida es un ejemplo y un regalo para tu familia, para tus amigos, para esos que tuvieron la suerte de llamarte míster.  

Si yo tuviera que amortizar el tiempo en una charla sin reloj, tú estarías en ella.

Si yo tuviera que confiarle un secreto a alguien, ten por en cuenta que sería a ti.

Si yo tuviera las agallas de dejarlo todo como tú lo hiciste, créeme que tus huellas serían las que buscaría para seguir caminando.


Y recuerda esto el día de tu próximo cumpleaños.. toda gran victoria conlleva un gran sacrificio.

domingo, 28 de mayo de 2017

Violencia y sangre


Hace años que no creo en el ser humano. Me da miedo ver por dónde caminan las huellas de este tiempo y desconfío del que gobierna, del que sale por la tele, del que se cruza conmigo y contigo al bajar la basura.

Siempre fue así, y no pienso cambiar de opinión sobre esta raza prepotente y chulesca.

De un tiempo a esta parte, vivimos en la burbuja de colores y felicidad que nos ofrecen las redes sociales, esa ventana fotografiada donde todo el mundo sonríe y que dista mucho de la verdadera realidad, esa que se cuece en la calle, esa que sale en los telediarios, esa que te zarandea el alma cuando te das cuenta de que el mayor enemigo del ser humano es su mirada de ser humano.

Y esa mirada -por muchos filtros que queramos ponerle-, está tiznada de sangre, de maldad, de rabia.

Se escuda en la bandera de la religión y del dinero para matar, para acabar con la vida de latidos inocentes, para implantar el terror en una sociedad que no se da cuenta de que las velas, las banderas a media asta y los minutos de silencio en los campos de fútbol no sirven para nada. Absolutamente para nada.

En esta guerra que todos libramos, las armas que utilizamos son muy diferentes.

Nadie apaciguará el dolor de esas familias a las que les han arrancado la vida de cuajo; nadie se explica por qué la palabra odio tiene que cargar sus tintas en la sangre de jóvenes adolescentes; nadie entiende que el miedo es un silencio que algunos saben cómo alimentar.

Pero no pasa nada. Hagamos como siempre. Miremos hacia otro lado y sigamos creyendo que esta cadena de atrocidades sólo se da lejos de nuestras fronteras.

Quizás el día que abramos los ojos, sea el día que alguien nos obligue a cerrarlos.