domingo, 23 de abril de 2017

Punto y aparte..




Querido micrófono:

Hace una semana te susurré al oído mi despedida, y viendo que no me has respondido en estos días, déjame escribirte esta última carta con la tinta de mis silencios.

A tu lado he pasado cuatro años en los que he vivido en primera persona aquello que una vez soñé de pequeño: contar historias.

Me diste la oportunidad de creerme un narrador de latidos nacidos bajo el cobijo de los pulsos del corazón, en ese hueco donde el alma respira y la piel coge aire… y te puedo confesar que gracias a ti he sido el escribano más feliz de mi barrio.

En un bolsillo de mi mirada dejaré alojado los malos momentos - que también los hubo-,  y recorreré entre sonrisas todo lo bueno que fue estar a tu lado desde la primera vez que me pediste que te tomara de la cintura, una tarde de marzo, donde los dos bailamos un vals a fuego lento -con los nervios cabalgando por mis labios-, en el patio de mi casa de Cristina. 

Gracias a ti, he conocido el pañuelo con el que el mundo se limpia las heridas, se deja atrapar por los pellizcos, se pierde para buscarse a sí mismo.

Gracias a ti, he visto el lagrimal de la Madre de Dios secarse entre inciensos, he asistido al espasmo de los moratones del Cristo del cabecero de mi cama y le he contado al mundo lo que sentía cuando mis pies se detenían en la orilla de los rezos.   

Gracias a ti, he crecido en torno a cables y prisas,… y la gente sabe de mí más de lo que yo sé de ellas.
  
Déjame que te pida perdón por si alguna vez no estuve a la altura de lo que tú te merecías; era, soy y seré un simple juntaletras que  en cada aventura que emprende se deja las costuras de la piel, y no ha habido aventura más bonita que verte zarandear mi piel cuando el sol echaba el cierre a las costuras del día.

Llevo una semana sin ti, y créeme que no es fácil vivir sin tenerte cerca, pero siempre te confesé que el día que mis palabras cayesen en saco roto, o mis actos o mis actitudes no fueran los adecuados,… cogería mi hatillo y me marcharía sin hacer ruido, por la gatera de las editoriales.

Siempre pensé que escribir este punto y aparte me dejaría un mejor sabor de boca del que me ha dejado esta semana, me aterra pensar que por tomar esta decisión te he perdido para siempre y me entristece que silencies mi nombre, pero tengo que seguir persiguiendo mis sueños.

Ojalá algún día pueda decirle al mundo -mirándote a los ojos-, que los he alcanzado.   

Querido micrófono, cuídate, sigue encendiendo esa cera de la fe que se aloja en cuartos de esperanzas y no pierdas la esencia de lo que eres; no dudes de que estaré al otro lado del dial.


Sin más, un fuerte abrazo.  

Foto: Alberto Delgado.

domingo, 16 de abril de 2017

Para ser llorada...


Tengo la certeza absoluta de que la Semana Santa nació entre lágrimas y que en algún momento de la semana el cofrade se refugia en ellas para que su corazón desabroche las penas acumuladas. 

Y este año, yo he llorado en Semana Santa para que mi corazón sosegara su alma.

Y lo he hecho cuando el rezo se me ha quedado corto. Cuando la palabra gracias se ahogaba entre pellizcos. Cuando veía mi vida pasar al ver como un palio llegaba, me guiñaba y se marchaba,… zarandeándome la piel y las costillas que me faltan.   

Este año quise guardar silencio y ser uno más, ir al encuentro del Cristo de mi cabecero y verme en una calle con el aire tallando suspiros bajo los inciensos inquietos de mi mirada.

Quise volver a saber lo que era una bulla, lo que era remontar una cofradía por la calle Justicia, sentir el cansancio en mis riñones al estar de pie en una salida.

Quise volver a mi niñez y buscarme entre la multitud, saldar las promesas al besar una estampita, detenerme a saludar dejando las prisas para otro día.
   
Las lágrimas que salpicaron mis mejillas el día que el Señor del Cáliz rompió la luz de San Marcos aún retumban en mi boca y en mi cintura; las que la Virgen de la Amargura entrevió en mis pupilas entre alamares y naranjas certifican que la Madre de Dios jamás me dejará solo en este valle de angustias; y ante el Señor de la lagrima aguada -en la calle Higueras-, supe literalmente lo que era romperse.

Hubo muchísimas más. Y no me arrepiento de lo llorado. Es más, lloraría cada latido de nuevo.  

Algunas eran mías. Otras eran prestadas. Todas fueron necesarias. Me dieron la vida cuando la vida me faltaba.

Llorar en Semana Santa… el sexto sentido que humaniza a los cofrades.


domingo, 2 de abril de 2017

Déjame decirte...



Hoy que me asomo a la ventana de la espera y que el calendario es una algarabía de sueños ante el horizonte que se va dibujando en mi mirada, déjame decirte que en nada volveré a ser de ti.

Y volveré con la suela de los zapatos gastados de nombrarte por las esquinas, por las calles, por los rincones de una ciudad que es más mía que tuya.

Una ciudad que se anda coloreando guapuras bajo la luz de la primavera, que anda sacando de los zaguanes sus mejores recuerdos, que va descosiendo nervios y palcos a los pespuntes de las promesas.   

Déjame por tanto decirte que no existe una cicatriz en mi piel que brote como lo hace la tuya..

Déjame decirte que nada ni nadie nos separarán, a pesar de las bullas, de las inocencias perdidas, de las lágrimas que murieron antes de nacer..

Déjame decirte que llevo meses con ganas de ti, con ganas de que me vuelvas loco, con ganas de que me desarmes el alma y con un simple silbido me recompongas los sentidos..

Quiero que sepas que este año estrenaré por ti silencios nuevos, plegarias nuevas, ropajes nuevos; sacados del baúl de los quisieras y con aromas que aún tienen que maridar tu verdad.

Tu verdad... ese lienzo de incienso y madera que me corretea por cada una de mis vertebras, por cada uno de mis escalofríos, por cada una de mis ciénagas.

Giro hacia atrás mi pasado y me veo en ti, unas veces marceando, otras abrileando por la cabalgata que tu memoria ha dejado impresa en mis suspiros, en mis quimeras, en mi forma callada de respirar..

Por mis manos percibo ya los nervios de este amor que por ti siento, sufro, padezco…y que me hace ser durante siete días el hombre más feliz de la tierra..


Semana Santa… no sabes cuánto te necesito..

domingo, 26 de marzo de 2017

Que nadie me despierte...



Le acabo de pedir la venia a mis sábanas tras un día de impaciencias y cansancios. Acomodo mi cabeza a mi almohada para conciliar el sueño y cierro los ojos, dejando que la música de tus últimas palabras me desnuden las prisas y los acordes de tu piel me atrapen por completo.

La noche viene envuelta en lluvias y escalofríos y en cuestión de segundos te veo danzar suavemente por mi mente mientras el tiempo se detiene, se recrea, se sonríe al verte deambular por una habitación que incendias con tu risa, con tu mirada, con tu forma esquiva de acariciarme..

Dibujas sombras que intento respirar..

Navego por los suspiros de tus latidos..

Gano con tu presencia y pierdo con tu ausencia..

Juego por el borde de la felicidad que me trasmiten tus ojos, la confianza que me ofrecen tus manos, la calma y la pausa de tus silencios.

Y en la distancia que nos separa te pido que vengas a mí, que te sientes junto a mí y que escuches el pálpito de este corazón que se ha encaprichado de tu cintura, que sin ti no entiende la vida, que por ti resucita de cada caída.

Me acerco a tu oído y te susurro que nos dejemos llevar por las costuras de las horas y que el aire se encele al vernos pasear por sus avenidas.

Déjame que sea a ti a quien le confiese cada uno de mis temores..

Déjame que seas tú quien desarmes mis preocupaciones..

Y déjame que te bese -plebeya mía-, en una esquina plateada de mis sueños, como la primera vez..

¿Te acuerdas?

Dimos un paseo por la orilla caliente de los recuerdos y nos perdimos por los disfraces de los olvidos..

Comenzó a llover y buscamos refugio en un hueco de nuestras soledades; ambos tiritábamos de frío, y al mirarnos, ambos entrábamos en calor..

Un mechón de pelo rebelde se había antojado de tu mejilla derecha y no me dejaba verte la cara; te pedí que te lo apartaras y al hacerlo, mis huesos galoparon hasta los tuyos como si no hubiera mañana, separándome de tu piel las sombras que dibujan los lunares de tu espalda.

Ante ti, deje que mis recelos se perdieran por las fronteras de mis azoteas mientras que mis pupilas empezaron a navegar de tus ojos a tus labios, esa fuente de vida de la que bebí hasta emborracharme de ti.

Fui tuyo en cada mordisco, en cada sacudida..

Nuestras lenguas se peleaban por ganar la última partida..

Fuiste mía en una batalla de la que aún conservo moratones y  cicatrices que saben a ti, que huelen a ti, que  llevan tu nombre cada vez que las acaricio..

Cierro los ojos. Me vence el sueño. Sé que mañana será otro día pero esta noche de nuevo vuelvo a ser tuyo.


Por favor, que nadie me despierte…. 

domingo, 19 de marzo de 2017

Gracias..Teatro Falla


Antes de que lo vivido este año por carnavales sea un recuerdo solapado en algún rincón de mi memoria, permitidme que mi piel salde una deuda con vosotros.

Como muchos sabréis, este febrero se ha tiznado de fiesta en mi corazón al ver cumplido uno de mis sueños literarios: ser letrista de una comparsa de carnaval.

Un guiño que la vida le puso en bandeja a este juntaletras que cada vez que deambula por las calles de la Tacita de Plata lo hace canturreando un estribillo, la cuarteta de un popurrí o el inicio de cualquier presentación.

Amo el carnaval por encima de muchas cosas, ya que me sirve como válvula de escape y continuo aprendizaje, y sólo de pensar que durante unos minutos mi nombre y mis letras han estado en los oídos de muchos aficionados, me hace sonrojar de felicidad.

Gracias a todos aquellos que aquel jueves de febrero me desearon suerte y quisieron acompasar mis miedos tras unas bambalinas que saben a gloria y a nervios..

Gracias a todos aquellos que han cantado mis letras, que han hecho suya cada palabra, cada punto y coma, cada rugido de un repertorio escrito con humildad y entusiasmo..

 Y gracias Teatro Falla..

Fui tuyo durante segundos eternos; peregriné hasta ti con la mirada descalza y aún siento en mis mejillas el ardor de aquellas lágrimas que me hicieron ver que el sueño se estaba haciendo realidad.

Sin que nadie se diese cuenta, nos dijimos tantas cosas aquella noche que la boca se agrietó al pronunciar decenas de suspiros.

Desde aquí te pido perdón por si no estuve a la altura de lo que tú te mereces y tú representas.

No sé si volveré a ser preso de tu aroma, de tu fragancia, de tus silencios,… pero necesitaba darte las gracias a mi manera.


Gran Teatro Falla… no te olvides de mí.   

domingo, 12 de marzo de 2017

Para necesitarte...


Necesito llegar a casa oliendo a ti.

Desesperarme con tu fragancia y desnudar mi mirada ante el espejo de lo vivido.

Perderme en tu universo mágico de silencios y ruidos, de luces y sombras, de prisas y esperas.

Tomarte de la cintura y sortear valles y esquinas con la única intención de amarte, de buscarte, de hacerte reír por los ecos de la eternidad al contarte mis cosas ante un rostro cuajado de lágrimas que albergan tu aroma y tu paz.

Necesito que me rodees con tus brazos, esos brazos que siempre están ahí dispuestos a envolverme, a apretarme, a descongestionarme el alma y a liberar mis miedos, mis angustias, mis tempestades,...

Necesito una calle a oscuras, un susurro de tierra, una luna revirada en un balcón,...

Necesito verte a lo lejos llegar, y liberar a los nervios para que éstos se vuelvan a perderse por los callejones de la inquietud.. y sonreír, necesito volver a sonreír ante un nuevo encuentro que jamás es igual al anterior.

Necesito citarme contigo a solas, con un mar de latidos como testigos mudos, con los pies clavados en el suelo para no perder el equilibrio y con el cuello rompiéndose una vez más por la grieta de tu nombre.

Necesito renovar la tinta del lápiz de lo silenciado para dejar escrito en las hojas caducas de los suspiros lo que el aire es capaz de contarnos entre pulsos y arrebatos.

Necesito sentir esa caricia que solo eres capaz de hacerme sentir sin ni siquiera tocarme, sin ni siquiera rozarme, sin ni siquiera palparme,…

Necesito sentir ese escalofrío que llevo cosido en algún bolsillo de mi memoria y fracturarme en dos cada uno de mis huesos al apartar el cáliz de Tu tortura.

Necesito sentir que Tu luz vuelve a penetrar por los rincones de mis ciénagas y que los pájaros al alba guarden mis promesas renovadas de barro y agua.

Necesito que reines ya sobre el tic-tac de mi reloj de pulsera, qué sortees los vientos de este naufragó sin rumbo y que juntos de la mano rememoremos mis atardeceres y tus amaneceres..

Necesito que Tu palabra vuelva a retumbar sobre mis oídos, que Tu ejemplo sea el dictado de mis días, que Tu magisterio de izquierdos sea el pentagrama de mis rezos,…  

Necesito verte aparecer por la ventana del salón de casa, dejar a la mirada sorteando dudas y advertir cómo te tatúas a la niña de mis ojos una vez más, una primavera más, una tarde más,...

Y es que sólo necesito de Ti para necesitarte..  







domingo, 5 de marzo de 2017

Soy Cristiano...



           Desde hace muchos años, del cuello me cuelga un pequeño crucifijo de plata, sin rostro conocido, pero que para mí representa la huella del Hombre en el que creo.

Se trata de Jesucristo  -el Hijo de Dios-, aquel que por mis latidos dio hasta su última gota de sangre.

Lo amo por encima de todas las cosas materiales y sentimentales que me rodean, y asumo que seguirlo es atravesar a veces un remanso de paz y otras veces es caminar entre piedras y serpientes venenosas.

Las mismas serpientes que se creen que pueden ofender y herir mi sensibilidad utilizando el nombre de mi deidad por carnaval; pobres ilusos que necesitan de mi credo para poder respirar.

Ellos creen que blasfemando contra mi Dios y mis creencias harán que mis cimientos se tambaleen, cuando lo único que consiguen es que los mire con ternura y piedad desde la atalaya de mi fe.

A diferencia de otros muchos “cristianos” exaltados que llevan meses sin pisar un sagrario, yo no me encabrono con estas cosas porque aprendí hace tiempo que mi Cristo está por encima de imbéciles que quieren llamar la atención de sus vacías vidas amparándose en una libertad de expresión que yo mismo utilizo para mirar hacia otro lado y dejarlos con el veneno de la envidia circulando por sus venas.

Yo no necesito ofender a nadie para ser feliz..

No me interesa saber con quien comparte sábanas y arrumacos mi vecino..

Les aseguro que tengo otras preocupaciones más importantes en mí día a día que me agotan y hacen que mi paciencia se agote..

Pero creo en ese Hombre que expiró en un madero para redimir mis pecados de sangre y barro y cuya grandeza es tan infinita que a su manera indultará a esos canallas que han tomado su nombre en vano.


Queridos, seguid ladrando que mi Señor os perdonará vuestra ceguera.