domingo, 21 de agosto de 2016

Aroma a Domingo


         De un tiempo a esta parte los domingos por la mañana los tengo reservados para montar en bici, aprovechándome que por las calles de nuestra ciudad apenas hay gente y que por muchas esquinas las persianas se andan cerrando para irse a dormir.

Es un paseo leve el que suelo dar, no vaya a ser que mi espalda se revele y me quite este espacio donde soy completamente libre.

Entre pedalada y pedalada, aprovecho para pensar en mis cosas, en mis artículos, en mis proyectos,… notando cómo la ciudad se relame sus heridas, se busca a sí misma y comienza suavemente a desperezarse por las esquinas del olvido.

Y me resulta curioso observar que el ritmo de la vida se vuelve pausado al llegar este instante de la semana, acrecentándose el ruido en las cafeterías, dejando que los despertadores se vuelvan mudos y viendo a decenas de personas que en su vida han hecho deporte enfundarse a ropas llamativas y recién estrenadas con la sana intención de ponerse en forma.

Supongo que ese es el aroma que trae en sus bolsillos los domingos; supongo que cada uno de los aquí presentes tiene una forma de aprovecharse de él.

Al llegar el domingo es como si nos diéramos una tregua a nosotros mismos y dejamos por unas horas que se vayan a descansar las preocupaciones que tanto nos aprisionan el día a día.

Llega el domingo y hasta la piel se nos vuelve de otro color, a sabiendas que es el único momento de la semana que tenemos para dejar que el tiempo avance a sus anchas y que la rabia, la impotencia o el mal humor se regeneren para enfrentarse con fuerzas a una nueva hoja del calendario.

Son los domingos, ese refugio que aún no nos han quitado a los soñadores y que nos permite seguir viviendo.


Aprovechémonos de él.

domingo, 14 de agosto de 2016

MaR



El bueno de Rafael Alberti se llevó media vida dudando si a  la palabra mar le añadía el artículo “el” o le encorsetaba el artículo “la”.

Como amante confeso del poeta del Puerto, me moriré sin saber cuál de los dos artículos saciaba más su nostalgia.

Pero si de algo estoy seguro es que si este poeta del sur hubiera conocido a mi amiga Mar, la duda lo hubiera atormentado aún más si cabe al caminar por las calles del olvido.

Y es que mi amiga Mar está por encima de ese mar que cada tarde se retira a descansar buscando la eternidad de la orilla de la playa de su pueblo sanluqueño que la tiene atada de pies y manos, pero que no es capaz de apresar el talento que sus pinceles encierran.

Maestra y pintora con letras mayúsculas, cuando Mar pinta, escribe o esculpe, libera su mirada para que los demás caminemos descalzos por sus suspiros, sintiendo la fuerza de un corazón indómito que late al compás de sus sueños, sus cicatrices y sus ilusiones.

Nadie le ha regalado nada, y prueba de ello ha sido su primera exposición que ha desarrollado en el Hotel Guadalquivir y que le ha servido para darse cuenta de que su hobbie y su liberación nos hacen mucho bien a los que la tenemos cerca.

Dulce, sincera y sensual, me gusta cómo su obra envuelve los ojos al espectador y cómo zarandea de un plumazo todo el desorden que uno puede encontrar en un simple susurro.  

Admiro su talento y admiro su persona; y me alegro de todo lo bueno que el destino le tiene reservado a sus bailarinas, a sus trípticos, a sus atardeceres africanos,…

Pero solo hazme un favor: sigue creando, sigue siendo libre, sigue emborronando tu vida ante el abismo de un lienzo en blanco… porque ese espejo será tu mayor caos.


Felicidades pintora.

domingo, 7 de agosto de 2016

Juegos Olímpicos



           Cada cuatro años suelo plantarme delante del televisor y tragarme todos los deportes olímpicos que vayan emitiendo, amén de todos los resúmenes y las ceremonias de Inauguración y Clausura.

De hecho, aún conservo por casa algún muñeco de Cobi, la mascota de los Juegos de Barcelona´92.

Los de este año en Rio2016 serán mis novenos juegos conscientes de ello, y espero que alguien del Comité Olímpico Internacional premie mi fidelidad de alguna manera especial.

Pero hablando en serio, soy un enamorado del Olimpismo y de todo lo que conlleva ese mundo de esfuerzo y compañerismo; recuerdo con mucho cariño que uno de los primeros trabajos que hice en mi vida cuando iba al colegio y era buen estudiante fue precisamente sobre la Historia de las Olimpiadas y sobre una de esas figuras a las que uno admira desde la lejanía y la envidia: el barón de Courbertin.   

Unos Juegos Olímpicos no es sólo una reconciliación del ser humano consigo mismo y con el deporte, sino que lleva cosido a su ser todo un decálogo de valores que de aplicarlos en nuestro día a día, seguramente la vida sería mucho más bonita y jugosa de lo que ya es de por sí.

Lucha, pasión, esfuerzo; trabajo, dedicación, compromiso; disciplina, confianza, ansías de superación,…

El Olimpismo es una filosofía de vida, una forma de encarar cada amanecer y la manera que tiene cada deportista de enfrentarse a sus propios miedos, límites y logros, teniéndonos a nosotros como testigos crueles para reírnos de ellos cuando su nombre cae sobre la lona sin caer en la cuenta que detrás de los focos y de los aplausos existe una historia personal y un mundo de sacrificios que sólo se verá recompensado si se regresa a casa con una presea colgada al cuello.


Disfrutemos por tanto de este regalo que nos hace confiar aún en el ser humano.