domingo, 26 de octubre de 2014

Perder la amistad...


Te escribo estas líneas desde la melancolía de tus últimas palabras, desde el rencor envuelto en el pañuelo que lleva tu nombre, desde un atardecer salpicado de dudas… esas mismas que tú -con tu eterna paciencia y generosidad-, de un plumazo desterrabas.

Están pasando los días... y se antoja complicado tenerte… y a la vez no saber de ti.

Ambos sabemos lo que significa perder algo en esta vida. Hemos regresado a casa muchas veces con las manos vacías, consolando a nuestras arrugas, a nuestros abrazos rotos, a nuestros latidos entrecortados…

Y no sé a qué estamos esperando para volver a fijar la mirada en el fondo de nuestros ojos… y volver a sentir esa sensación de no tener nada que decir... pues en ese nada se describen las sombras de un instante repleto de felicidad.

Nos podrá el orgullo de hombre. O el carácter que ambos masticamos. O ese miedo a descolgar un teléfono. A mandar un mensaje. A romper las cadenas del silencio…

O quizás es que ya no queremos volver a sentirnos especiales… aunque solo fuera por un momento.

Perder tu amistad…

Todos los aquí presentes hemos perdido a alguien que -por diversos motivos-, ha significado mucho en nuestra vida.

Es uno de esos tragos amargos que a nadie le gusta saborear; es una mano que te falta cuando tus gritos te buscan en soledad; es esa sonrisa que hace que todo carezca de importancia.

Seguro que sabes de lo que hoy te estoy hablando.

Seguro que tú también has vivido algo parecido a esto que en estas líneas te estoy contando.

Seguro que por no hablar las cosas a tiempo, tú también has dejado que el tiempo se enquiste y ya no sepas como retomar las cosas.

Si es así… dime cómo se hace, qué hago para volver a recuperarla, a recuperarlo…

Te echo de menos amigo.



domingo, 19 de octubre de 2014

¿Tendrán poca vergüenza?


Había un capítulo de la mítica serie Aquí no hay quien viva donde aprendí que el ciudadano de a pie tiene que desconfiar de los bancos, puesto que no te puedes fiar de un lugar donde hasta para firmar un simple ingreso te ofrecen un bolígrafo atado a un mostrador.

Y hojeando las últimas noticias acerca de los bancos y sus tarjetas black,  lo que tienen atada y más que atada estos consejeros y altos cargos al nudo de sus corbatas es una descarada e insultante poca vergüenza.

Vergüenza que por otra parte jamás le harán daño, puesto que para llegar hasta donde han llegado, viviendo al ritmo que marcan sus coches de lujo, sus yates y sus contactos,… de seguro que habrán tenido que comprar -y seguirán comprando-, a decenas de  jueces y abogados.  

Y si no, démosle tiempo al tiempo.

Da asco el escuchar en lo que estos miserables se han ido gastando un dinero del que podían prescindir, puesto que ya disfrutaban de unos sueldos inimaginables.

Da asco el ver cómo se están riendo de nosotros cada vez que salen en los medios alegando que ellos no sabían nada de la procedencia de este dinero.

Y sobre todo, da asco el saber que existe tanta desigualdad cuando hay personas cuyo final de mes lo empiezan el día quince, y que tienen hipotecados hasta los sueños; que hay personas que cuando al echarse las manos a los bolsillos, sólo recuentan monedas de céntimos; que hay personas que con un simple resfriado que padezcan en los próximos meses se les desmontará todo el presupuesto familiar;…

Que no me hablen ahora de “presuntas inocencias” porque en este país hay expertos en vendarnos los ojos, en que miremos para otro lado y en aceptar que nos las sigan metiendo doblada hasta Toledo.   


Lástima no tener cerca un bazoka y  la cabeza fría…

domingo, 12 de octubre de 2014

En tres días...


El pasado fin de semana un grupo de trece amigos enarbolamos la bandera de la amistad, con una bicicleta de por medio y con la Madre de Dios como alfa y omega en cada una de nuestras pedaladas.

Comenzamos con un guiño de despedida ante María Santísima de la O; nos rendimos ante el verde de la Esperanza más humana de Sevilla; y enjuagamos nuestros latidos ante una Virgen del Rocío que tanto sabe de velas, de promesas y de caminos.  

Les puedo asegurar que en esta ruta mariana hubo de todo.

Desde pellizcos donde la piel se echó a llorar y apenas hubo palabras que decir… hasta miradas que cada uno de nosotros guardará en los bolsillos de los recuerdos,… y que seguro volveremos a sentir cuando el tiempo disponga sus hilos para que nos fundamos en un abrazo.

Tengo ganas de ver a los culpables de que la nostalgia siga respirando.

De cada uno de ellos me llevo algo…una charla, un aprendizaje, un por qué para entender que hay que seguir luchando en esta jungla de asfalto… asfalto del que ellos huyen para poder ser libres y perderse en el viento.

En tres días uno puede explicarse a sí mismo cómo es la vida.

En tres días hemos sido capaces de entender que los límites de nuestro cuerpo sólo están en nuestra mente.

En tres días uno es capaz de conocer de primera mano las grandezas del ser humano, y ustedes -queridos compadres-, sois muy grandes.

Grandes porque en vuestras risas habéis dejado escapar parte de vuestra alma; grandes porque cuidáis de mi sangre como si fuera parte de la vuestra; grandes porque juntos volveremos a ese trozo de tierra para mirarle a los ojos a esa marea que quizás nos ganó una batalla,… pero que no nos ganará nuestra próxima guerra.

Así que… ¿para cuándo la próxima aventura?



lunes, 6 de octubre de 2014

Muñecos rotos



Huyo de este tipo de programas desde que imprimo mi verdadera firma en cualquier documento oficial, pero la otra noche me topé de casualidad con Pequeños Gigantes, ese programa donde unos cuantos niños juegan cada semana a ser cantantes, bailarines, presentadores,…

Aguanté cinco minutos.

Y es que, será deformación profesional o será demagogia barata,  los niños a ciertas edades lo único que deberían de estar haciendo es llevar una vida de niños -máxime un día entre semana-, donde al día siguiente hay colegio.

Algún avispado me reprochará que este tipo de programas se graban para no alterar la vida académica de los implicados… pero tengo la sospecha de que el chaval que tiene que darle al play en los estudios centrales no tiene que levantarse temprano a la mañana siguiente para preparar algún que otro Cola-Cao.  

Dejé de ir a ver partidos de futbol de categorías infantiles porque no soportaba el comportamiento de ciertos padres que proyectaban sus frustraciones sobre las frágiles sombras de sus hijos en busca de fama y de dinero.

Y la misma sensación me trasmitió ese programa, donde los niños ansían con todas sus fuerzas salir del anonimato para hacer realidad sus sueños…

En el fondo envidio que tengan tan claro cuáles son sus sueños, puesto que a mi edad aún no se cuáles son los míos.

Y mira que llevo tiempo persiguiéndolos…  

Soñar es maravilloso, pero hay que tener cuidado, porque puede que esos sueños se marchiten, se quiebren, se queden a medio respirar,… trayendo consecuencias irreparables para las raíces de estos presuntos talentos.

A ciertas edades, dejen que los niños vivan, sientan, crezcan bajo una vida donde ser niño es una auténtica bendición; ya tendrán tiempo de sufrir y de vivir como mayores. 


Con el tiempo muchos de estos niños volverán a nosotros con sus sueños rotos, al ser tratados hoy en día como simples muñecos…