lunes, 31 de marzo de 2014

¿Quién es ese?


              Circulan un par de videos por internet donde se les pregunta a unos cuantos jóvenes por la figura y el legado que deja tras de sí el presidente Adolfo Suarez.

Son una muestra más de nuestra excelente incultura y de la poca ternura que todos le ponemos a algo tan importante y tan esencial como es la historia de nuestra patria, esa que lamentablemente soterramos cada día entre odios y memorias históricas.

Les invito a que se pasen a verlos cuando ustedes quieran; quizás sientan lo mismo que yo sentí la otra tarde al verlos: vergüenza ajena.

Vergüenza ajena ante las respuestas que libremente estos jóvenes daban, sin ningún tipo de pudor o decoro.

Vergüenza ajena ante la actitud chulesca que presentaban estos mismos jóvenes a los que España y su pasado se las trae al pairo.

Vergüenza ajena porque de un plumazo sepultaron el recuerdo del que con sus propios ojos entendió que “la concordia fue posible”.

Los maestros liendres aprovecharán esta columna para atacarme de nuevo, pero creo ciegamente en que hay ciertas cosas que uno debería estudiar sin necesidad de que éstas aparecieran en los libros de texto o tras cualquier buscador de internet, y una de ellas es esta.

Quizás sea la edad o quizás sea que con la alergia añoro esa parte de mi infancia en la que uno aprendía de sus mayores, sentado a la casapuerta de casa, prestando atención y guardando silencio ante lecciones de vida. 

De todo esto ya nos arrepentiremos dentro de un par de generaciones, sino al tiempo; y entonces yo me diré a mí mismo: de aquellos polvos… vinieron estos lodos.

Menos mal que nuestro Gobierno está para algo y algún avispado de Moncloa ha estado al quite y con la idea de cambiarle el nombre al aeropuerto de Madrid ha pensado en la educación de todos estos ignorantes.


lunes, 24 de marzo de 2014

Jamás te acostumbras


        La vida quiso que un día me viera estudiando para tener en mi pared el título de maestro. Y me sentí tan a gusto estudiando esa carrera que no contento con una, hice dos; así que podría decir que soy maestro por partida doble y que sólo me falta la pared para colgarlos.

Por lo visto -y por lo sabido-, ser maestro en Jerez está envuelto de leyendas taurinas y mucha guasa ribeteadas con gotas de envidia, leyendas y envidias que antes rebatía y a las que desde hace tiempo hago oídos sordos.

Pero aunque parezca un ejercicio de desnudez sensata, antes que maestro soy persona. 

Y como todas las personas tengo atardeceres bohemios y cielos nublados de estrellas, seco lágrimas a escondidas y envuelvo sonrisas en cualquier plazoleta, me ahoga esta puñetera crisis y colecciono sueños que se me escapan de entre las manos,…   

Y esta semana que hoy domingo pide descansar es quizás cuando más persona que maestro soy.

Porque por mucho que pasen los años, por mucho que silencie sus recuerdos, por mucho que me haga el fuerte ante los demás y diga que no le hecho de menos, cada vez que tengo que preparar el regalo para el Día del Padre con mis alumnos de Primaria un escalofrió de alfileres recorren mi espalda.

Intento que en esta actividad mis propios sentimientos no me jueguen una mala pasada y antepongo mi profesionalidad para cumplir con mi deber como docente, pero antes de que los padres reciban su regalo ese día entre risitas y nervios les pido a mis alumnos que cojan a sus padres por la cuello y les den un beso de esos que hacen ruido,…sin que ellos se den cuenta de que yo quisiera darle uno así al mío.

Y es que por mucho que el tiempo pase, hay cosas a las que jamás te acostumbras.

lunes, 17 de marzo de 2014

Te debo una



            El primer lunes de Cuaresma la imagen de Jesús Nazareno salió de su capilla de San Juan de Letrán, primero para ir al Alcázar y luego para  visitar la Santa Iglesia Catedral, presidiendo este año el Vía-Crucis que anualmente organiza la Unión de Hermandades de nuestra ciudad.

Como hermano de Jesús que soy desde el principio de los tiempos viví una jornada de felicidad absoluta, puesto que el cosquilleo que llevaba todo el día metido en mi barriga delataba que era un día grande para mi hermandad y para los míos.

Desde que la mañana asomara sus destellos por la Alameda Cristina comenzó a dibujar sobre el óleo de la ciudad una tarde de ensueño para que todo un pueblo pudiera disfrutar de un Jesús que a nadie le dijo que no, y de un cortejo que a todo aquel que llegaba les abría sus brazos de par en par para que se acomodara en cualquiera de sus rincones.  

Guardaré eternamente en mi memoria el instante de la salida; esa luz pidiendo permiso para acariciar sus manos, para perderse por entre las aves-frías de su túnico y para quedarse prendada de su rostro bien valen años de espera y nervios con olor a azahar.  

Llegará un día en el que podré contarles a mis hijos, como lo harán muchos de mis amigos y de mis seres queridos, que durante un par de chicotás llevé sobre mis hombros al que cuenta los almanaques por siglos, al que sabe de mí todo aquello que yo ni siquiera quiero saber y al que en su día le pedí perdón por tantas cosas que Él y yo nos contamos de Madrugada.

Sabéis que a veces me enrabio con esta ciudad -con motivos o sin ellos-, pero permitidme que hoy le dé las gracias desde este humilde rincón. 


Ya sabes, te debo una…cóbratela cuando quieras. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Mujer "trabajadora"


Al llegar ciertas efemérides al borde del calendario los dientes me chirrían porque una vez más se pone sobre la mesa que al ser humano le falta personalidad y que éste carece de cultura para ciertas cosas.

Un ejemplo de esta falta de personalidad lo pudimos ver hace unas semanas con el Día de los Enamorados; todos estamos en desacuerdo con el mismo creyendo que los hipermercados sólo quieren sacar dinero a costa de nuestro amor, pero todos ese día pisamos estos establecimientos para regalar flores, bombones, perfumes… más por miedo que por verdadera pasión.

Y un ejemplo de que carecemos de cultura para ciertas cosas lo pudimos ver ayer gracias a los fastos que se le dio al Día Internacional de la Mujer Trabajadora, eliminándose de manera sutil este adjetivo de “trabajadora” en la mayoría de las fotos y montajes que circulaban por las diferentes redes sociales de internet.

Vamos a ver si con esto que voy a exponer en esta columna no hiero sensibilidades: mi intelecto de hombre acepta que haya un día en el que se recuerde a ese grupo de obreras que en el año 1857 decidieron salir a las calles de la ciudad de Nueva York para protestar por las condiciones tan míseras en las que desarrollaban su trabajo, siendo este hecho el germen para luchar por sus igualdades laborales, pero de ahí a que exista un Día para la Mujer por el mero hecho de ser mujer va un largo trecho.

A ver si se enteran ya los que se encargan de estas cosas que en el calendario sobra esta mamarrachada de día puesto que la mujer es mujer todos los días del año -trabaje o no trabaje-,  al igual que sobra el Día del  Padre, o el de la Paz, o el de los Derechos Humanos,…


Lo que yo te diga: personalidad y cultura. 

lunes, 3 de marzo de 2014

También soy andaluz


Cada vez que se acerca el día de Andalucía me viene a la memoria el recuerdo de mi buen amigo Fernando.

Por avatares de la vida este amigo estudió alemán, sabiendo bien pronto que su futuro profesional estaría cerquita de Angelita Merkel, dejando atrás familia, amigos, sueños,…y las puestas de sol de su Valdelagrana natal. 

Antes de establecer sus latidos en tierras germanas se pasó un verano  haciendo camas en la zona uno de Londres para aprender a conjugar perfectamente el verbo to be en presente, en pasado y en futuro.

Y decía que suelo acordarme de él porque una vez me contó que tras una jornada laboral coincidió con otros españoles en un pub inglés y que cuando supieron que era andaluz daban por hecho que tendría gracia, arte y compás para venderse por dos pesetas echando una pataita en un improvisado fin de fiesta.  

Esa noche se le quedó clavada en algún rincón de su memoria y cuando regresó a casa aprovechaba cualquier charla para embriagarse de nuestra cultura, nuestro arte, nuestras fiestas,…

Pero pronto se dio cuenta de que ser andaluz encierra mucho más que una simple etiqueta que algunos se empeñan en subtitular.

De hecho, mi Dios -un gitano que mora en una iglesia sevillana- se olvidó de darme la gracia andaluza para tocar la guitarra,  de regalarme el quejío suficiente para entonar una saeta o me ha privado del arte de saborear un eco de risas tras contar unos cuantos chistes verdes,… y no por ello me siento más inferior que ningún otro andaluz.

Por mis venas circulan pellizcos carnavaleros, me gusta oler a incienso al llegar la primavera, sé bailar sevillanas,…

Llamarse andaluz encierra mucho más que levantarse en armas un día al año para pedir tierra y libertad bajo una bandera blanca y verde, y eso me lo enseñó mi buen amigo Fernando.