domingo, 31 de enero de 2016

Un amor de perfil...



Siempre he pensado que la felicidad es un leve suspiro que atraviesa nuestro cuerpo de arriba a abajo y que al abandonarnos dibuja un moratón en forma de rescoldo a la altura de los huesos del esternón.

Se trata de unos instantes que son efímeros, breves, pasajeros… llamas que crepitan en silencio cuando cerramos los ojos y nos damos una vuelta por la barandilla de nuestros recuerdos.

La tarde del pasado sábado es uno de esos instantes de felicidad que van a quedar enmarcados para siempre en torno a mi memoria, ya que tras quince años de espera al fin me topé con el Pregón de la Semana Santa de Carlos Herrera.

Y no podía ser en otra ciudad que no fuera la vieja Cádiz…

Corría el año 2001 cuando Herrera se enfundó en un chaqué de versos y vivencias para declararle su amor incondicional a la ciudad que cuenta las primaveras a la velocidad del óleo desde el atril del Teatro Maestranza.

Justo en el momento en el que los folios alumbraban con sus párrafos el rostro de la Virgen de la Candelaria, este simple junta letras se subía a un autobús con un par de maletas repleta de sueños sin desembalar y sin billete de vuelta en la cartera, poniendo fin a una preciosa aventura de juventud. 

Al pregón de Herrera le debo el descubrir la Semana Santa que habita en los barrios, aquella que él nos descubrió a los que la vemos con ojos forasteros, aquella de los repelucos, las nostalgias y las arrugas del tiempo.

Le debo emocionarme con los latidos de la joven Granada, secarme el aliento cada vez que veo morir al Cachorro  y entender que el Cristo que mis huellas persiguen fue el hijo de un humilde carpintero que con su sangre perdonó a sus enemigos.

Y le debo -sin él pretenderlo-, aceptar que mi amor por Sevilla eternamente fue, es y será un amor de perfil.

Atentamente, gracias Carlos.

domingo, 24 de enero de 2016

Tu nombre encierra...


             Existen ciertos nombres que cuando uno los menciona siente un leve calor apoderarse de nuestros labios; otras veces esa sensación se transforma en miedos, algunas otras en nostalgias y otras tantas veces uno siente una caricia con sabor a envidias corretear libremente por nuestra boca.

Se podría decir que asociamos una parte por el todo cuando nombramos un todo que inunda con su mención a todas las partes.

Algo parecido a esto que les cuento me sucede a mí cada vez que escribo el nombre de Jerez en un impreso, cada vez que lo escucho como carta de presentación precediendo a cualquier artista nacido cerquita mía o cada vez que tomo su nombre para responder de dónde vengo.

Como un resorte digo que yo soy de Jerez de la Frontera, a sabiendas que mi patria no es la cuna de la perfección, pero dejando claro en mi sonrisa que entre albarizas, bodegas y campanarios mi trocito de tierra encierra mucho más de lo que la gente pueda llegar a imaginarse.

Porque encierra arte, flamenco, compás,…

Encierra historias, soniquete, duende,…

Encierra escalofríos de cenizas, soleras de madrugadas, guirnaldas de alegrías,…

Por eso se me clavan en el pecho un día sí y otro también ese legado que a los cuatro vientos difunden los medios de comunicación acerca de los últimos inquilinos que ha tenido que soportar el sillón de la alcaldía, dejándonos como herencia y tarjeta de visita una realidad que dista y mucho de la que yo vivo cada primavera en mi barrio.

Hemos soportado su cinismo y su poca vergüenza cuando portaban el bastón de mando y ahora tenemos que seguir soportando sus fechorías y  sus corruptelas desde la cárcel donde en teoría purgan sus culpas.


Jerez de mis entrañas, cuídate de aquellos que dicen quererte y que por salvar su cuello son capaces de venderte en cuanto mencionan tu nombre.   

domingo, 17 de enero de 2016

Para ser feliz..


Escuchaba el otro día en la radio a un experto sociólogo determinar que el ser humano podía ser feliz si miraba el vaso de la vida medio lleno y obviaba aquellos pensamientos negativos y dañinos, evitando de esta forma que el alma se fuera atemorizando cada día.   

Para ello compartió un pequeño decálogo que el mismo había denominado como los diez pasos para ser feliz.

Entre otras cosas comentaba que hay que ser expresivo y cariñoso con los que nos rodean, hay que fomentar la confianza en uno mismo y hay que descubrir quiénes somos en realidad como puerta principal para avanzar y alcanzar nuestros objetivos.

Tras asimilar sus consejos, me quedé esperando a que comentara cómo uno puede ser feliz si la propia vida es la que te va dejando piedras en el camino difíciles de esquivar.

Porque…

¿Existe felicidad para una madre que regresa a casa envuelta en lutos respirando dolor e impotencias?

¿Existe felicidad para una hija que se despierta a medianoche al sentir de nuevo la voz de un padre que ya no está junto a ella?

¿Existe felicidad para el que vive solo, para el que consume drogas o para aquel o aquella que tiene su cuerpo marcado por el maltrato?  

Dudo mucho que para estas personas la felicidad de la que hablaba este experto sea la misma; es más, yo diría que no tiene nada que ver.  

Pero al igual que tú y que yo, estas personas están en su derecho de ir a buscarla, de perseguirla, de abrazarla,…

Sólo necesitan darse un poco más de tiempo, o darle la vuelta a ese vaso, o romperlo directamente y buscar uno mucho más grande donde tengan cabida aquellas cicatrices que hicieron una vez enmudecer a las propias palabras y al propio silencio.   


Querida felicidad, sigues teniendo un nombre precioso, pero qué complicada eres a veces de alcanzar… 

domingo, 10 de enero de 2016

Un nuevo Carnaval..


Se abre el telón del Gran Teatro Falla y aparece una ciudad envuelta en compases de carnaval y dispuesta a desafiar al mundo -un febrero más-, con la purpurina de dos simples coloretes en la cara.

Se trata de Cádiz, esa ciudad que nació del mar, que vive hechizada por el mar, y que seguirá eternamente anclada al mar.

Un mar al que van a morir muchos de los problemas de los gaditanos cuando la soga del día a día jala con fuerza de las impotencias,.. un mar que a veces es la fuente de inspiración para que sus autores de carnaval dejen escrito sobre el pentagrama de las olas el latido de sus almas que más tarde, al ponerle voz y aplauso, se convertirá en inmortal por la gracia del tiempo.  

Reconozco que soy un amante del carnaval, al igual que lo soy de Cádiz.

Y muchísima culpa de este romance en la lejanía la tiene este veneno que destila desde hace años por mis venas y que me hace entonar alguna que otra presentación de comparsa como si yo fuese un octavillita, canturrear algún estribillo de chirigota, embobarme con la puesta en escena de los coros, dejar que la risa se escape con los golpes de ingenio de los cuarteteros y disfrutar -aprender y disfrutar-, de la rima cercana que uno encuentra al escuchar un buen romancero.

Es tanto lo que esa fiesta nacida del pueblo y para el pueblo me aporta que sin ella probablemente a mi vida le faltaría algo; sobre todo el ser la válvula de escape para mis agobios.

Por eso la defenderé ante tantos pamplinas que miran a la tacita de plata bajo pupilas ensangrentadas en envidias. ¿Qué sabrán ellos de amar y querer a una ciudad como lo hacen los gaditanos?


En la ciudad de Cádiz un nuevo Carnaval ha dado comienzo… disfrutémoslo. 

domingo, 3 de enero de 2016

365 Oportunidades


Puede parecer una tontería, pero al calendario que has colgado sobre la alcayata de la pared ya le sobran un par de días.

Se te han escapado sin apenas darte cuenta, y me temo que no hay fórmula mágica para recuperarlos.

Mientras intentabas digerir uvas y devolver mensajes de felicitación por el miedo ese al qué dirán que creías haber superado hace tiempo, se te han escapado de entre las manos las primeras oportunidades del año.

Pero tranquilo, aún te quedan muchas más en el tintero de las ocasiones; así que -aunque sólo sea por esta vez-, léeme con atención…

Empieza cada día sonriendo, amando, besando a aquellos a los que tienes cerca… y búscate el modo de hacérselo saber a aquellos a los que tienes lejos de ti.

Al mediodía, déjate la piel abrazando, soñando, gritando a los cuatros vientos todo lo que envuelve al latido de tu corazón; recuerda que no hay nadie en este mundo que te conozca mejor que él.

Y antes de que el día eche el cerrojo al suspiro del horizonte, imagina, lucha, intenta tomarte la vida de otra manera… y aprende de esas piedras que en el camino te han permitido caer.  

No te vayas a la cama sin antes pedir perdón; el remordimiento y la culpa no son buenos compañeros de viaje a la hora de llamar al sueño.

Llama a tus seres queridos y a tus amigos; es más, te diría que hicieras lo mismo hasta con tus enemigos; algún día echarás de menos el timbre de esas voces que tantas veces has silenciado en un mísero mensaje.  

Deja que te quieran y date motivos para quererte; sólo existe un protagonista en este cuento llamado vida... y sólo hay una vida para darle sentido a las hojas de este cuento.


Tienes por delante un año que acaba de nacer, exprímelo y aprovéchate de él.