sábado, 21 de julio de 2007

A nuestro Padre Jesús de la Salud. Los Gitanos.


Y de nuevo ante ti,
la garganta se me seca,
las palabras balbucean,
y el corazón se me acelera;
y al perderme en tu mirada,
buscándome en tu consuelo,
me doy cuenta de que no soy nada,
solo uno más,
que desde el suelo,
de nuevo te pide favores,
en nuestro fugaz reencuentro;
pero soy incapaz de escucharme,
soy incapaz de estar atento,
por que me embeleso en tus manos,
y en tu andar de Nazareno.

Y entonces elevo mi oración,
y desfila mi arrepentimiento,
dejando que las lágrimas sean,
testigo de nuestro encuentro;


Pero por más que intento concentrarme,
mis palabras se las lleva el viento,
por que empiezo a soñar,
que de madrugada,
volviste a mostrar tu magisterio;
que las manecillas se detuvieron,
en los confines del tiempo,
que de fondo sonaría “saeta”,
y que rompías los sentimientos,
al pasearte por las callejuelas
que rodean a tu templo.

Déjame Padre ser,
el confidente de tus lamentos,
déjame Padre que sea,
el pedestal que pisas en tu sufrimiento,
déjame que sea la cruz
que abrazas a cada momento
para aliviar tu dolor,
para aliviar tus tormentos,
déjame soñar con ser la “llamá”
que te saque de ese infierno,
déjame soñar con ser,
la estrella que más brille en el firmamento
para poder estar cerquita de ti,
aquí en la tierra, y allá en cielo.

viernes, 20 de julio de 2007

Volvi a tí



“Yo soy salesiano, salesiano del Oratorio”. Esa frase la he llevado a gala toda la vida, y es gracias a María Auxiliadora.

Desde pequeño Ella siempre ha guardado con celo las huellas que mis pies han ido dejando en el camino, y desde bien pequeño, sabía que jamás estaría perdido, por que Ella sería siempre mi faro.

Y hace unos días volví a ti. Aun lo pienso, y me quedo inmóvil, con la mirada perdida, dibujándose una sonrisa en mi cara porque, después de muchos años, volví a ti; y por que quiero dejarlo claro, he vuelto a mi casa, al patio donde eché los dientes, a las clases donde aprendí a leer y a escribir, a los pórticos donde me fui haciendo mayor,... y a tu capilla, ese rincón del colegio que siempre está abierto, y donde Tú lo iluminas todo.

Y hoy quiero darte las gracias, por que Tú has querido darme el regalo mas grande jamás envuelto, por que he sido feliz el tiempo que he estado a tu lado, por que me he sentido útil, por que he vuelto a soñar y a respirar estando a tu lado, y, lo mas gracioso de todo, es que ahora yo también he enseñado, como hicieron conmigo.

El tiempo, y Tu voluntad, querrán o no que mis pasos se dirijan de nuevo al Oratorio; tranquila, sé que en Ti puedo confiar. Y digo volver a Oratorio, y no volver a Ti, por que de Ti jamás me he ido.

Tú bien sabes todo lo que te debo; Tú has dejado que me desnudara el alma cada vez que en tus ojos me he perdido; Tú bien sabes que te quiero por encima de todo, y Tu bien sabes que quiero a ese guiño que pusiste en mi vida con locura.

Y yo sé que en tus manos está, y en las mías aprovecharlas. Madre, mil gracias por volverme a abrir las puertas del Oratorio; las dejé encajada siendo un niño, y ahora, siendo un hombre, las dejo abiertas de par en par para volver cuando tu quieras. Aunque sea para verte.

Gracias Madre. Un beso.