viernes, 19 de octubre de 2012

Mirando las estrellas.

 

             El pasado martes por la noche se fue la luz allá por donde uno vive. Sin carta de aviso y sin llamar a la puerta -ni siquiera lo quiso hacer con los nudillos-, se ausentó de nuestras vidas durante un rato, quizás porque necesitaba descansar de tanta necedad que ve a su alrededor, quizás porque necesitaba coger aire para seguir puliendo las sombras de nuestros pensamientos y huellas o, quizás, porque necesitaba aliviarse, cerrar los ojos y guardar durante unos instantes silencio.

Uno, que no fue ajeno a esa sensación dulce e inofensiva de sentir cómo la tierra seguía girando sobre sí misma aunque careciera de visión para ello, quiso sumarse a ese mutismo, a esa discreción, a ese guiño que el cielo nos hizo mostrándonos su salpicado de estrellas, como un telón de navidad, y a oscuras - y descalzo-, me senté durante unos minutos en el patio desde donde me suelo aislar de los demás.

Es allí, en esa pequeña trinchera donde guardo las risas de los amigos y las lágrimas que uno se bebe cuando el agobio tensa la cuerda; es allí donde atesoro los recuerdos que no necesitan ser recordados con el paso de los años, pues los años se recuerdan gracias a esos recuerdos; es allí donde me podréis encontrar desprovisto de perfumes o artilugios que distraigan a los discursos y al corazón.

Y fue allí, con la oscuridad por testigo y envolviendo mi piel donde me pude dar cuenta de la impaciencia que cabalga por nuestras venas cuando no sabemos cómo alumbrar nuestros actos, o de cómo los mayores nos dan guantadas sin manos cuando nos advierten - tras el simple reflejo de una vela gastada-, que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Pero sobre todo caí en la cuenta, como si la vida estuviera esperándome tras la esquina con esta nueva lección bajo su brazo, de que por mucho que quiera controlar mi existencia, mis actos, mis decisiones; de que por mucho que me empeñe en ser patrono de mis silencios y preso de mis palabras; de que aunque intente, con ahínco y firmeza, regar cada noche mis raíces con fe y esperanza para que sigan brotando hojas con carácter, sigo sin ser el dueño absoluto de mis latidos.

Bastó un simple apagón y una calle en penumbra para que cayera en la cuenta de que sólo soy un grano más dentro de este arca de cristal, insignificante para el devenir de los tiempos por mi tamaño, mis apellidos  o mi trascendencia; maniatado de muñecas y tobillos por cuerdas carcomidas a expensas de los giros que me quieran dar los que rigen los puntos y aparte de nuestras biografías; uno más que respira, tal como lo haces tú, un aire que no nos pertenece.

Mirando las estrellas la otra noche me sentí así, pequeño, desnudo, perdido entre aquellas tinieblas que zarandearon bostezos y cansancios, y desvelando preguntas que creí olvidadas entre senderos de suficiencia, y a las que aún les tengo que dar respuestas.

Quizás por eso la luz quiso irse la otra noche.
 
                                                                                                               @alb_espinosa
 

viernes, 12 de octubre de 2012

Hay tantas cosas...

 

          Hay historias que no merecen la pena ser escuchadas, que no tienen vida, que no destilan escalofríos, ... y a su vez hay historias que al escucharlas, nos dan la vida, pellizcándonos la piel en cada golpe de voz;  

hay cuerpos que no tienen alma, que caminan sin dejar rastro, ausentes al dolor y a la risa, ...y a su vez hay almas que buscan caminos en los que la sonrisa y el llanto les ayude a encontrar un cuerpo donde cobijarse;

hay momentos que todos guardamos entre papeles de periódicos en algún cajón olvidado, entre reseñas que, con el daño que nos hicieron, quisiéramos no haber tenido que vivir, ... y a su vez quisiéramos revivir determinados momentos, aunque sepamos que la tinta con la que se suscriben abrirán heridas que aun no están cicatrizadas del todo;

hay miradas que son cómplices de nuestros sentimientos, de nuestro pálpito a pálpito, de nuestra existencia, ...y a su vez hay sentimientos que palpitan cuando existe complicidad entre nuestras miradas;

hay palabras que guardan infinidad de significados, aunque sus sílabas sean arrastradas por el viento, ... y a su vez hay significados que carecen de palabras, pues el viento no es capaz de abrir nuestras gargantas para que rompamos el silencio;  

hay personas que buscan su lugar, que buscan sus raíces, que buscan su espacio, ... y a su vez hay lugares que buscan el espacio que queda entre las raíces y las personas para encontrarse;

hay sombras que reflejan en el tiempo aquello que nuestras huellas ignoraron, ... y a su vez hay tiempos que sabemos que han existido por que el reflejo de sus sombras nos producen daño; a esas huellas sí que deberíamos de ignorar.

        Hay pestillos que nos ayudan a guardar secretos detrás de puertas sin bisagras, de esas que esconden humedades y trapos a medio doblar, ... y a su vez hay secretos que, aunque se guarden bajo pestillos, florecen a cada paso que damos, pues somos incapaces de sepultarlos;

hay lágrimas que recorren nuestras mejillas como factura de nuestra amargura, dejándonos patente sus latidos, ... y a su vez, a nuestra amargura le encanta ser el idilio de esas lágrimas, esas que buscan desahogarse por  nuestras mejillas;

hay caminos que uno recorre paso a paso, desnudándose en cada esquina, marcando con una cruz roja cada piedra, cada guijarro para no volver a tropezar en ellas, ... y a su vez, hay piedras que encontramos en nuestro camino, hay guijarros con los que nos tropezamos sin querer que al esquivarlos, hacen que descubramos de nuevo nuestra desnudez;

hay verdades que uno se tiene que callar para que la lengua no se envenene entre los dientes al pronunciarlas, ... y a su vez nuestros dientes se van envenenando cuando de nuestras gargantas sólo salen verdades que nunca  deberían de ser calladas.

En fin, hay tantas cosas,...


viernes, 5 de octubre de 2012

Por eso fui...


 
          Antes de que el aire termine de trasminar ese aroma con el que hace unos días perfumaste las calles, antes de que entre los recuerdos te cueles como un sueño vivido a destiempo, antes de que el sol se apodere de esa fábula que con dulzura escribiste sobre los adoquines de la noche, antes, antes de que todo eso suceda, un simple escribano como yo te va a contar el por qué decidió ir a buscarte.
 
A estas alturas sabes de sobra que mi corazón tiñe mis venas de negro, de ese negro acuchillado por el dolor y la muerte que cada mes de Septiembre se asoma por tu casa para rezarte entre auroras y horquillas, y sabes de sobra que por entre mis arterias se cuela ese tono rancio y añejo de un morado que pisotea adjetivos al regresar por Cristina.
 
A estas alturas sabes de sobra que nuestras miradas pocas veces se han topado en una callejuela o tras un zaguán de la plazuela, ese rincón que esconde ofrendas entre arrugas y llantos, salpicados éstos de sonrisas que se resguardan bajo delantales a cuadros, y sabes de sobra, por que te lo he demostrado mil veces que me gusta ir de frente, con mi verdad como ofrenda, y que no deseo, no ansío, no pretendo parecerme a esos hijos tuyos que conjugan tu nombre en vano para evitar el ser señalados por la calle.

A estas alturas sabes de sobra lo que callo cuando hablo, lo que hablo cuando respiro, lo que respiro cuando te veo, lo que veo cuando te extraño, lo que extraño cuando te olvido, lo que olvido cuando te llamo.

 
Pero aun así, sabes de sobra que fui a buscarte hace unos días, sin aspavientos, sin remordimientos. Con la cabeza alta y las espaldas cubiertas entre hilvanes de resignación para aceptar que no quisieras verme allí, para asumir que de allí sobraba, para entender que aquel no era mi sitio.

Y lo hice porque no creo en esas leyendas que cuentan de Tí algunos mortales, cuando no saben cómo explicar lo que provocas en sus pieles; lo hice porque quería ver la cara que ponías cuando volvieras a mirarle al de las manos atadas, cuando la historia os separó sin miramientos; lo hice porque no me gustaba la idea de ver un cuadro pintado con colores prestados bajo palabras sin eco.
 
Por eso lo hice, por eso y por que ante tus plantas, en un momento en el que el compás de los pulsos calmó al aire y las petaladas nos dieron una tregua, pude mirarte a la cara, esa de la que tantas veces rehuí, esa a la que tantas veces esquivé, esa que nunca he aceptado en mis oraciones.  
 
Y cuando te vi, solo pude silabear que me perdonaras, solo pude entonar un " mea culpa ", y éste salió de mi garganta apagado, sin fuerzas, arrastrándose,  sintiéndose culpable por algo de lo que no soy dueño, por algo de lo que quisiera pero no puedo, por algo que me hace perder toda esperanza.
 
Por que no es fácil vivir así, y tu lo sabes, con esta pena que me araña el alma, con esta tristeza que destroza mis pisadas, con esta fe que se derrumba con cada nueva guantada.

Por eso lo hice, por eso fui a buscarte, para anclarme a tu nombre, para en tu nombre resguardarme, para llenar mis bolsillos de ese pellizco que necesito para encontrar de nuevo mi camino, ese que he perdido entre sombras y silencios.
 
Por eso lo hice, por eso fui a buscarte, para pedirte, sin alzar la voz, para reclamarte, de puntillas, como de pasada, que de mí, cuando estuvieras en tu camarín, una mañana de estas te acordaras.

Y por eso lo hice, por eso fui a buscarte, para que al desnudar mis sentimientos, éstos te contaran que no es fácil estar toda una vida esquivando los quiebros de tu mirada.
 
Por eso fui...