martes, 27 de diciembre de 2011

El beso que no te dí.





















La mañana sorprendió a la luna
rebuscando entre las azoteas
la silueta de esa marea
que porfiaba con la dulzura.

A lo lejos se le intuía
impacientándose por dentro
pues, apenas le quedaba tiempo
al desvelarse un nuevo día.

Los vientos que la envolvían
con las nubes se conjugaron
y el reflejo de su grandeza le mostraron
a eso del mediodía.

Al resignarse a su suerte
solo pudo enarcar las cejas
y asumir la condena añeja
de no poder ir a verte.

En un rincón de tu capilla
depositó entre lágrimas de alegría
el beso que siempre te prometía
al separarse de ese rincón de Sevilla.

Pero un niño que por allí correteaba
se encaprichó de ese presente
esfumándose ese regalo, de repente
pues en sus manos se desgranaba.

Sin darse cuenta de lo que hizo
siguió jugueteando por Triana
sin saber que una promesa expiraba
y la luna -en silencio-, se deshizo.

Al acercarme a prender mi plegaria
en el talle de tu cintura,
envidié la inocencia de esa criatura
que ante tus plantas no temblaba.

Pues asistí como por tu semblante
una nueva pena te iba naciendo
que sin remedio, te iba consumiendo
como si fuerais dos alocados amantes.

Dudé que hacer en un principio
dudé si acercarme o no acercarme
dudé si besarte o no besarte
hasta dudé de si aquel era mi sitio.

Dudé si desvelar esta encrucijada
donde mi corazón dejó de latir,
de respirar, de soñar, de vivir
y todo, por acercarme a ver tu cara.

Pero las dudas buscaron exilio
cuando los argumentos huyeron
al sentirme como un marinero
pues sigues siendo mi delirio.

En el sosiego de tu pureza
comprendí el mensaje de ese guiño
ceñido a la sonrisa de ese niño
que agrandaba, mas si cabe, Tu belleza.

Vuestro amor es un amor invisible
una historia que crece con el tiempo,
un latido que se lleva el viento
un amor, a todas luces, imposible.

En silencio me aleje de tu mirada
tatuándome esa promesa entre mis venas
sabiendo que tu sombra ahuyentará mis penas
al alcanzar la orilla de tu posada.

Al volverme a casa me prometí
que perseguiría a la confidente de tus desvelos,
a la culpable de que cada diciembre, sobre un pañuelo
se sequen lágrimas al no sentirla por allí.

Y el beso que yo no te dí
me lo guardo para otra cita
pues pronto volveré a Triana, de visita
para revivir aquello que viví.

Pues, aunque me tiemble la piel al verte
y se erice el eco de mi voz,
sólo por ver a la Madre de Dios
vale la pena tenerte enfrente.

viernes, 9 de diciembre de 2011

No tardes.















Antes de que la luz de tu sonrisa vuelva a iluminar la faz de nuestra tierra, déjame que me acerque hasta tu pequeño pesebre y desnude mis palabras envolviéndolas entre lagrimas.

A los pies de tu pesebre encontrarás este grito susurrado para que lo escuches con calma, y tu decidas que hacer.

Antes de irme he visto como a estas horas todos se están afanando para que se vuelva a producir el milagro de tenerte entre nosotros. Entre las telarañas he podido ver la felicidad que tu padre se guarda entre silencios de incertidumbre y serrín; he visto cómo una mula y un buey se remendaban para darte calor cuando sueltes los primeros suspiros; a lo lejos he visto cómo suenan una panderetas con ritmo de festejos, y entre los cristales sucios he visto cómo tu Madre se acerca a otear el futuro que te espera, y al mirarlo, se calla la pena y su mirada tiembla cuando siente como van a arrancarle la piel a tiras cuando te toque redimir los pecados de un Hombre que aun no conoces.

Entre los resquicios de aquel rinconcito, varios ángeles están limpiando el polvo acumulado de un año para otro, y con la ayuda de unos segadores están preparando los anclajes para cuando la estrella fugaz se pose e ilumine al camino a unos reyes que te traerán la ilusión entre camellos. De las malas hierbas y del frío de los caminos unos cuantos pastores se han hecho cargo.


Todo se está preparando en aquel portal para tu llegada, pero antes de que eches los dientes y tu padre te riña por ir descalzo por la casa, déjame decirte que el mismo Hombre que en estos días te está mentando entre villancicos, pestiños y zambombas, cuando las cosas le vayan bien se olvidará de Ti y te negara las veces que haga falta para seguir las huellas de su egoísta destino.

Ese mismo Hombre que hoy se postra ante la dulzura de tu cara, dentro de un par de meses te venderá por treinta monedas, paseará tu dolor entre azahares e inciensos, rivalizará con tu nombre en vano y se creerá que la Fe hunde sus raíces en izquierdos y marchas acompasadas.

Debes de saber que el Hombre por el que vas a dar la vida en un madero, está mas pendiente de la forma que del contenido; es un Hombre que no pisa una Iglesia por que le dan arcadas; es un Hombre que apenas reza por los demás; es un Hombre que a las primeras de cambio huirá y no pondrá la otra la mejilla ni siquiera para unirse a sus hermanos y es un Hombre que se refugiará en Ti solo cuando el presente de sus noches lo arrope entre dolores y miedos.

Ese mismo Hombre que hoy se abraza, se alegra, se felicita y se regocija con tu llegada, pronto se olvidará de lo que significa amar a sus iguales. No pedirá perdón cuando se equivoque por que desde bien temprano masticará el orgullo de sentirse alguien superior a los demás, y desenterrará de su corazón la palabra amar.

Se volverá egoísta, arrogante, perverso. Cubrirá su maldad entre risas falsas y rumores. Estará pendiente del que dirán y se alegrará cuando sienta como se van pudriendo las llagas que ellos mismos han provocado con su desidia, con su abandono, con su pereza.


Si vas a volver a este mundo, déjame decirte que no te fíes de este Hombre que amparándose en que ha perdido el norte, va sembrando el odio y el terror por donde quiera que pisa.

Quizás yo soy uno mas de estos Hombres y no soy el mas indicado para contártelo; quizás yo soy el primero que vende tu rostro y negocia con tu estampa al llegar tu Semana de Pasión; quizás mi ejemplo no sea muy distinto de aquellos que me rodean; quizás también soy un Hombre que va pisando cabezas para alzarse entre muros de suficiencia; quizás también me alegro del daño que sufren aquellos que desean mi muerte; quizás no te he tendido las manos con la suficiente fuerza para que no te cayeras, pero al menos yo soy un Hombre capaz de esperar tu llegada para pedirte perdón por esta Humanidad que no se merece que alguien como Tú la salves de las llamas del infierno.

En ese grito que he dejado adormecido entre las virutas de tu pesebre, solo te pido que, si vas a volver a estar con nosotros, al menos, no tardes.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Si tu dejaras













Si tu dejaras la ventana entreabierta
escalaría por ella para escuchar tus suspiros,
desnudaría mi silencio al pie de tu casapuerta
y a mi corazón le daríamos un respiro.

Si tu dejaras que oteara tu horizonte
hallarías en él la razón de mis desvelos,
pues mis huellas persiguen la luz de tu norte
y mis sombras orillean tus anhelos.

Si tu dejaras que mi piel respirase por tu piel
las quimeras se alimentarían sólo de tí,
mis labios saciarían a media noche su sed
y daría motivos a la vida para volver a reír.

Si tu dejaras los recuerdos anclados a sonrisas
emanarían de tus besos los sabores,
al mediodía navegaríamos entre caricias
y por mis brazos se escaparían los temores.

Si tu dejaras que la locura rompiera
la pasión que encierra tu cintura,
envenenaría mi alma si pudiera
y con mis manos me ataría a la luna.

Si tu dejaras al borde de los sueños
los deseos con que perfumas mis sábanas,
rebuscaría esa fragancia por el Universo
pagando, con mi sangre, en las aduanas.

Si tu dejaras de respirar por mí,
el tiempo, a tus pies, lo envolvería;
las olas del mar, las detendría;
el susurro de mi voz, lo compartiría;
las llagas del futuro, se aliviarían;
mi piel, con tu nombre, me tatuaría;
las murallas del miedo, vencería;
por desiertos, en tu busca, caminaría;
entre bosques sin raíces, me perdería;
con sigilo a tu mirada, me acercaría,
y en el balcón de tus gemidos, escucharías,
que mi vida, y mi muerte, a tí, pertenecerían.

lunes, 10 de octubre de 2011

A veces...











A veces necesito estar a solas para compartir con mi soledad la ausencia de tus besos.

A veces busco en los silencios de mis sábanas la silueta que tu recuerdo garabateó sobre ellas.

A veces intento imaginarme un mundo sin ti, pero sin ti mi mundo carecería de sentido.

A veces, cuando Morfeo me vence, oigo el susurro de tu voz marcar el sendero de mis sueños.

A veces dejo que el viento zarandee mi pecho, juegue con mi pelo, me lleve a donde él quiera llevarme, dejándole tiempo para que de esa forma rebusque entre las costuras de mis sombras el suave tiroteo de tu mirada.

A veces, cuando me asomo al lienzo de mis días, la vida pinta nubes negras, volviendo a desatarse gotas de desconfianza, de tristeza, de impotencia, de desazón, de ira, de angustia… pero es entonces cuando veo tu sonrisa abrirse sobre mí como un paraguas protegiéndome de todas ellas.

A veces siento que el único lugar del mundo donde puedo refugiarme para tomar aire es el momento que disfruto cuando estoy entre tus brazos.

A veces siento que te pierdo cuando el vendaval de mi carácter se descarga sobre el muro de tu paciencia; déjame confesarte que estoy aprendiendo a controlarlo, y a contar hasta diez.

A veces me miro en el espejo y veo que las cicatrices que ha ido acumulando mi cuerpo, con tu sola presencia, se han ido supurando, y que las heridas con las que el egoísmo me ha ido premiando, con tu dulzura, se han ido curando.

A veces silencias mis dudas con un simple gesto, y al recordar ese gesto me doy cuenta de que estoy prendido a ti.

A veces no se como pedirte perdón por todo el daño que en su día hice, y es entonces cuando me convierto en un payaso sin coloretes en la cara, o me disfrazo de rey que no necesita corona para reinar; por las tardes suelo ser un trovador de canciones prestadas, y por las noches surco el mar de tu cuerpo ataviado con un simple parche de pirata.

A veces no se como decirte que te quiero, y es entonces cuando surge el niño que llevo dentro y te confiesa, con un hilillo de voz que la miedo “toro”, sin llegar a decirte nunca que el mayor de los miedos que tiene ese niño es que, algún día, dejes de quererle.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La espera llega a su fin.












Hace un par de meses mi madre nos confesó que le gustaría despedirse en persona de Nuestra Madre y Señora del Traspaso antes de que se la llevaran de nuevo para que pudieran afrontar la segunda parte de su restauración. Tenía algunas cosas que contarle.

Una vez elegido el día y aparcado el coche, nos dirigimos hacia la capilla y esa tarde noté que su andar presentaba un ritmo mas animado y risueño que el de costumbre, y pensé –equivocadamente-, que tendría prisas por ir a verla y volver temprano a la rutina de su casa.

Al llegar a la puerta de la capilla, fue la primera en darse cuenta de que nuestra Virgen no aguardaba su marcha en el altar principal, y sin que nadie le dijera nada intuyó que el lugar que ocuparía en esos momentos sería uno alejado de focos y de miradas curiosas.

Una vez que se acercó hasta donde la Virgen reinaba, se topó de frente con una Madre despojada de alhajas, carente de corona o bordados y desprovista de maravillosas sayas, volviendo a descubrir a una Madre sencilla, sumisa y humilde, pero que no podía alejar de su rostro la aflicción que a cada instante le atravesaba el alma, comprendiendo y haciendo suyo aquel dolor que sólo conocen, sufren y padecen las madres.

He de confesaros que pocas veces he visto a mi madre derrumbarse en publico ante las adversidades que se ha ido encontrando en su camino, puesto que los cimientos que albergan su carácter son peculiares, y los que la conocen saben que es una mujer fuerte, dura y tenaz, a la que no le queda otra que asumir el devenir de los días con una sonrisa en su rostro, pero la expresión que vi en su cara cuando clavó su mirada en la de mi Virgen, arrodillada y con las lagrimas bordeando sus labios, fue la de una madre que ya no puede mas, que ya no aguanta mas, que ya no soporta mas tanto sufrimiento; silenciosamente, rompió a llorar.

Por que aunque mi madre no haya asistido al calvario de ver morir a un Hijo en una cruz, reconozco que la vida que sus hijos le estamos dando de un tiempo a esta parte es un verdadero martirio que sobrelleva con resignación.

No lo dice pero se siente como una vela que se va desgastando poco a poco. Su luz sigue alumbrándonos, pero cada vez le cuesta mas trabajo encenderse por si sola. Sus arrugas cobijan muchas noches desveladas, muchos sollozos, muchos nervios, muchos miedos, muchas incertidumbres, muchas horas descontadas al reloj de la espera, muchos abrazos perdidos, muchos caminos desandados, muchas mejillas sonrojadas, muchas guantadas a dos manos, muchos besos no devueltos, muchas palabras tragadas por nuestro bien, muchas cicatrices secadas al aire, mucho orgullo abandonado a los pies de su persona, mucho cariño no demostrado.

A veces me cuenta que no entiende por que se le trata así, con esa falta de respeto gratuita, con esa exigencia, con ese reclamo, con ese egoísmo de creernos mejor que ella, con esa creencia de que como madre debe de estar a nuestro servicio las veinticuatro horas, y tengo que reconocer que yo tampoco lo entiendo y que me siento impotente ante tanto dolor callado, ante tanto asentimiento de madre, y cuando acaricio sus manos por la noche no sé como ayudarla a superar y a enfrentarse a tantos frentes abiertos que tiene, que tenemos.

Dentro de unas horas la espera habrá terminado, y mis dos Madres volverán a verse las caras en la capilla. No sé lo que se dirán hoy, no se cómo se miraran, no sé cómo siguen latiendo esas arrugas, pero estoy seguro de que ambas esbozaran una sonrisa al buscarse entre la multitud.

Supongo que una dará las gracias por el aliento y por las fuerzas insufladas en la lejanía; la Otra le susurrará al oído que ya está aquí, que valla de vez en cuando a verla, que no desespere, y que no pierda nunca la esperanza.

Una de ellas me regaló la vida, y no se cómo agradecérselo. La otra ha vuelto a ella, y tengo muchas cosas que contarle. Hoy de nuevo las tengo a las dos. La espera ha llegado a su fin.

NOTA: Hoy 12 de Septiembre de 2011 Nuestra Señora del Traspaso ha vuelto a su capilla.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Se desangra.


Lo llamé todo el fin de semana, pero no logré hablar con él. Desmoralizado tras la última llamada no respondida, decidí que me acercaría hasta su casa el lunes, aunque tuviese que desviarme de mi camino. A esas alturas eso era lo que menos me importaba. Solo quería saber cómo estaba, cómo se encontraba, cómo respiraba aquel corazón que dejé palpitando con dificultad sobre la baranda de su balcón, cuando el atardecer coqueteaba con las gaviotas, antes de marcharse a descansar.

Después de pulsar repetidas veces el telefonillo, al fin me contestó. Por un momento dudé si esa voz que había escuchado era la de él, pero conocía bastante bien la coletilla con la que siempre saludaba. Una vez en el portal y mientras esperaba al ascensor, seguía pensando en esa voz que había escuchado segundos antes. Sabía que era la de él, sí, pero estaba rajada, descosida, alguien había agrietado esas cuerdas vocales con cuchillas afiladas de dolor y desamparo. No tuve necesidad de ver al dueño de esa voz para saber que se estaba quedando sin vida.

Al llegar a su piso la puerta de la entrada estaba entreabierta, así que no tuve necesidad de llamar. Tras cerrarla y vocear que ya había llegado, sentí recorrer un insólito frío por todo mi cuerpo. Reconozco que me asusté un poco, forzando mis pasos para que éstos me llevaran cuanto antes al salón. Pero una vez que llegué a la altura de aquel umbral, no fui capaz de avanzar. Mis pies se quedaron petrificados bajo el marco de aquella puerta.

En esos instantes percibí que las paredes desprendían abandono, melancolía, destierro. Con las persianas echadas y las ventanas cerradas, la única luz que había procedía del resplandor de un televisor cuyo volumen se encontraba a media voz, quizás por miedo a no molestar.

En la mesa se daban codazos para permanecer de pie vasos de tubo, botellas vacías de ron y una cubitera que servía en esos momentos de estanque para pipas y clínex. Al verla supuse que los hielos abandonaron aquel barco antes de que naufragara por si solo. Justo en el borde, rozando el abismo de la desesperación, observé un cenicero adicto no solo a la nicotina de los cigarrillos que se esparcían por toda la estancia.

En el suelo pude ver cajas vacías de pizza, trozos de revistas, folletos de publicidad, varios calcetines sucios, cartas, fragmentos de un reloj, trozos de cristales que antes habían cobijado fotos y recuerdos, muchos recuerdos descuartizados por el agotamiento al no encontrar respuestas a la multitud de preguntas que flotaban en el aire. Sobre el sofá sobrevivía una manta a duras penas, ahogada por unos cojines, y en medio de todo ese caos, de ese desorden, de esa anarquía estaba él, descompuesto, partido, fracturado, desarrapado.

Aparté todo lo que me impedía llegar hasta él, y como pude me hice un hueco a su lado. Al rozarme con él, sobraron las palabras. Sentía su dolor como si fuera mi dolor. Sufría su tortura como si fuera mi tortura. Padecía su tormento como si fuera mi tormento.

Ambos sabíamos que hay amores que el alma no tiene hilos con los que poder supurarlos cuando deciden marcharse. Y ambos sabíamos que cuando eso pasa, el misterio que dejan hay que remolcarlo el resto de nuestros días.

Y así he pasado toda la noche, acunándolo entre mis angustiadas manos. Y así lo he acariciado hasta que la aurora ha sonrojado el marco de las ventanas. Y así lo he arrullado entre los pliegues de unas entrañas que deambulan por pasadizos carentes de luz. Y así lo he mecido al son de los latidos de unos sueños que se han desvanecido de golpe. Y así lo he rozado con mis labios, y éstos se han descarnado al desprenderse de él.

Ha habido momentos en los que lo he visto callejear entre las sombras de lo que fue cuando los recuerdos de tu voz se han disfrazado de lejanas sonrisas. Lo he oído gritar sin abrir la boca, maldecir las huellas de la ausencia, escupir sobre su rostro cuando los espejos del ayer han vuelto a reflejar la silueta de tu abandono. Lo he escuchado navegar entre lágrimas acumuladas entorno a unos pies cansados y sin fuerzas que no dudaban en perseguir la estela de tu mirada. Lo he sentido rasgarse la piel a jirones buscando el aroma que tus besos le regalaban cada noche. Lo he contemplado tallar palabras en el aire con la ingenua esperanza de que el viento las acercase hasta tus oídos.

Pero es humano, y tras mucho esquivarlo, el sueño le ha vencido. Y al dejarlo soñar, con un latido afligido, he visto un corazón donde la soledad está haciendo de las suyas al corretear por sus venas.

Sin hacer ruido, me he marchado, no sin antes susurrarle al oído que siempre estaré a su lado, que no le dejaré solo, sabiendo que el martirio por el que está pasando fragmentará nuestros cimientos.

Y ojala algún día los tuyos se tambaleen cuando seas capaz de leer esta carta rubricada con la tinta de su propia sangre. Y cuando lo hagas, entenderás por qué se desangró por entre las costuras de tus silencios y jamás volvimos a verlo.


P.D. Artículo que participa en el Primer Concurso Cartas de Amor del blog http://elpoderdelainocencia.blogspot.com

viernes, 15 de julio de 2011

POR CALLE JUSTICIA


VEO PASAR TU SUFRIMIENTO ACOMPASADO

EN UNA PLAZA CUYAS PALMERAS SE AHOGAN

PUES ELLAS SABEN, MEJOR QUE NADIE, QUE EN UNAS HORAS

SERÁ TU CUERPO INERTE EL TRASLADADO.


TE ACERCAS AL BORDE DE MI MEMORIA

Y SIENTO TU ESCARNIO GALOPAR SOBRE MI PECHO;

¿QUIÉN PUDIERA, A ESTAS ALTURAS, DETENER EL TIEMPO

Y EVITAR ASÍ EL DESTINO DE NUESTRA HISTORIA?


PERO AMPARÁNDOME EN QUE SÓLO SOY LO QUE SOY

DE BRAZOS ME CRUZO CUANDO TÚ CRUZAS LA CALLE,

COMO TANTA VECES HAGO, PUES A DIA DE HOY,

SIGO SIENDO EL MISMO COBARDE, QUE SE PIERDE EN LOS DETALLES.


Y ASÍ TE VEO CAMINAR, RESIGNADO

ASUMIENDO UN FINAL QUE A OTROS, APRISIONAN.

CONTROLANDO LA ESPERA, CALMADO

SABEDOR QUE PRONTO PASARÁ TU HORA.


UNA HORA EN LA QUE TODO SE HABRÁ CONSUMADO

VOLVIENDO A RELUCIR LA SINRAZON DEL HOMBRE

PUES EL MISMO QUE ACLAMÓ AL MESIAS ESPERADO

HOY PREPARA SU MUERTE, RODEÁNDOLA DE REPROCHES.


LOS MISMOS QUE ENTONAMOS Y SACAMOS A RELUCIR

CUANDO NUESTROS RUEGOS AL CIELO SON DEMANDADOS,

RESULTANDO MAS FÁCIL CULPARTE SOLO A TÍ

SI LOS ECHOS ACAECIDOS NO SON DE NUESTRO AGRADO.


A VECES ME PREGUNTO SI HOY MERECEMOS JUSTICIA

LOS QUE HIPOCRITAMENTE NOS POSTRAMOS ANTE TUS PLANTAS,

PUES SOLO NOS ACORDAMOS DE ESTAR JUNTO A TÍ

CUANDO NUDOS DE DOLOR SE APODERAN DE NUESTRAS GARGANTAS.


PERO EN ESTA TIERRA LA JUSTICIA SE HACE CAMINO

POR DONDE REPOSAN LAS HUELLAS DE TU AROMA,

LICENCIÁNDOSE EN REZARTE TUS DECANOS VECINOS

SIN QUE SU FE SE ENMARQUE EN POLVORIENTOS DIPLOMAS.


COMO EL DE ESAS ARRUGAS DESATADAS EN EMOCIONES

CUANDO TU PERFIL SE ALEJABA DE ELLAS, PAUSADAMENTE

ENVOLVIENDO SUS DUDAS, SUS MIEDOS, SUS INQUIETUDES

DEJANDO DE LADO LOS PESARES QUE MARTIRIZAN A SU GENTE.


SÉ QUE TÚ LOS OÍSTES, COMO YO LOS OÍ;

SE QUE A TI TE LLEGARON, COMO ME LLEGARON A MÍ;

SÉ QUE TÚ LOS SENTISTES, COMO YO LOS SENTÍ;

SÉ QUE A TI TE EMOCIONARON, COMO ME EMOCIONARON A MÍ.


FUERON CUATRO RUEGOS QUE HICIERON

QUE EL TIEMPO SE DETUVIERA;

FUERON CUATRO SÚPLICAS QUE EL VIENTO QUISO

QUE EN TUS OÍDOS SE OYERAN.


FUERON CUATRO PREGUNTAS SINCERAS

QUE SE CONVIRTIERON EN SENTENCIAS;

FUERON CUATRO DESGARROS QUE MARCARON

AQUELLA ESTACIÓN DE PENITENCIA.


FUERON CUATRO LÁGRIMAS QUE CAYERON

SOBRE EL PAÑUELO DE TU EXISTENCIA;

FUERON CUATRO SUSURROS QUE TE DIJERON

QUE NO CAMINAS SOLO EN ESTA TIERRA:


A QUÉ ASTRO ENCOMIENDAS TUS DESVELOS

APRETANTO ESAS MANOS ENTRELAZADAS,

CUANDO DE FONDO SE ESCUCHAN LAS RISAS

DE LOS QUE SORTEAN TU TÚNICA SAGRADA.


A DÓNDE IMPLORAS TUS CALLADAS PALABRAS

ESPERANDO UNA CONDENA DESANGELADA,

CUANDO DE FONDO SE OYEN LOS MARTILLAZOS

DE LOS QUE PREPARAN TU MUERTE ANUNCIADA.


A QUIEN ENCOMIENDAS TU ALMA

CUANDO LA SAETA DESGARRADA

MANDA SILENCIAR AL BULLICIO

QUE POR SAN MATEO TE ACLAMA.


POR DONDE SE PIERDEN LAS LÁGRIMAS

QUE DE TUS OJOS YA NO EMANAN,

CUANDO SIENTES LA SANGRE RESECA

CORRETEAR POR TU MALTRECHA ESPALDA.


ESTOS CUATRO PALPITOS ROBADOS

CALMAR TU DESCONSUELO QUISIERAN;

ESTOS CUATRO SENDEROS AMURALLADOS

EVITARÍAN QUE LOS SUEÑOS SE PERDIERAN.


ESTOS CUATRO SECRETOS DESVELADOS

SÓLO BUSCAN QUE TÚ LOS COMPRENDAS;

ESTOS CUATRO MENSAJES PRONUNCIADOS

PORFÍAN CON EL DOLOR Y CON LA AFRENTA.


ESTOS CUATRO LAMENTOS APENADOS

AUN SIGUEN ESPERANDO RESPUESTA;

ESTOS CUATRO PESTILLOS ENQUISTADOS

TODAVÍA IMPIDEN QUE SE CIERRE LA PUERTA.


POR ESO HOY TE LOS RECUERDO,

PARA QUE EN EL OLVIDO NO SE PIERDAN

LLEVÁNDOLOS SIEMPRE CONTIGO

JUNTO CON LOS QUE POR JUSTICIA TE REZAN.


COMO LOS QUE ESTE AÑO ALLÍ LLORARON

PUES SU SEÑOR NO HIZO ACTO DE PRESENCIA,

Y NO PUDIERON MIRARLE A LA CARA

AL QUE VA SUFRIENDO SOBRE UNA PEÑA.





sábado, 2 de julio de 2011

AL DESPRENDERSE DE SU ENVOLTURA...



Levantaremos murallas con almenas que sonrían,
sonreiremos cuando sus pies se bañen en dulzura,
enjuagaremos nuestras pieles con perfumes de ternura,
brindaremos con ella cuando nos visite al mediodía.

Vestiremos con encajes de fiesta a la tristeza,
le daremos la mañana libre al desahogo,
ajustaremos la alegría, hasta que consigamos el tono;
colgaremos guirnaldas a la luna ampliando su grandeza.

Saldremos a la calle con coloretes en la cara,
venceremos al sueño paseando entre recuerdos,
confiaremos nuestra suerte para que la propaguen los vientos,
no permitiremos que el cansancio gane la batalla.

Danzaremos alrededor de hogueras primaverales,
nos tomaremos de su cintura al resurgir la pereza,
acariciaremos palabras que denoten su belleza,
suspiraremos al recordar aquellos encuentros pasionales.

Y cuando el Sol, reconcomido de celos, nos pregunte
el por qué de tanta fiesta,
señalaremos a nuestro corazón
latiendo por tu presencia.


Dedicado a mi dulzura particular.


martes, 21 de junio de 2011

TE ENCONTRÉ


Una tarde de invierno, arropado entre pliegues de desconfianzas y de apatía, me asomé al balcón del miedo a escribir, y allí la encontré, dormidita al arrullo de los recuerdos.

Desde ese día, sé que está ahí, la siento cerquita de mi corazón; su sonrisa me tiende la mano, su alegría me anima a luchar por mi sueño, su aliento me alienta en cada verso, en cada rima, en cada letra.

Es mi pequeña, un tesoro que tengo que cuidar, por eso la quiero tanto.


PRESENTO MI VOZ A MEDIA NOCHE

INCLINO MI CABEZA ANTE SU SOMBRA

PREGUNTO, SUGERENTE Y SIN REPROCHES

SONRÍO ANTE SILENCIOS QUE LA ASOMBRAN.


PRETENDO CONOCERTE, SUPERAR LA DISTANCIA

COMPARTIR TUS MIEDOS, TU VIDA, TUS ANSIAS;

CONFÍA EN ESTE ESCRIBA DE LA PALABRA

ELLAS DESNUDARÁN LOS SECRETOS DE MI ALMA.


EXPONGO EN CADA GESTO LO QUE SOY

SUEÑO QUE PIERDES EN MÍ, TU MIRADA

ME CONFORMO CON QUE SONRÍAS HOY

DEMOSTRARÉ QUE NO ESCONDO NADA.


EL TIEMPO JUEGA A MI FAVOR

EL DESTINO ELEVA SU IMPORTANCIA,

SACUDES CON FUERZA MI CORAZÓN

CUANDO ESCUCHO DE TI: GRACIAS.


GUARDARÉ CADA MOMENTO VIVIDO

VIVIRÉ DE MOMENTOS GUARDADOS,

PROCURARÉ QUE NO CAIGA EN EL OLVIDO

LA SUERTE DE HABERTE ENCONTRADO.


“Te encontré” es un poema dedicado a mi musa.

martes, 24 de mayo de 2011

Hoy es 24 de Mayo.













Rendido a tus plantas me ofreciste tu mano

el tiempo que la niñez a uno lo vestía,

despidiéndome con un beso al llegar el mediodía

intuyendo que jamás me separaría de tu lado.


En los muros del Oratorio fui creciendo

me enseñaron a quererte un poquito cada día

siendo aquel legado la mayor alegría

cuya huella no puede borrarla ni siquiera el viento.


Iba a verte cada mañana a tu capilla

me acomodé en tu auxilio haciéndome un hombre

mi corazón se desboca al pronunciar tu Nombre,

germinó en mi interior la fragancia de tu semilla.


Llevo por bandera el ser Salesiano

es mi faro la estela de tu estrella

la mas radiante, la mas sencilla, la mas bella,

la que debería de guiarnos a todos los cristianos.


Para aquellos que te pusieron en mi camino

solo tengo palabras de agradecimiento

pues sin darse cuenta reforzaron los cimientos,

siendo Tu sonrisa el mejor de los destinos.


Sabes que me ofrezco a Tí

confiando mi cuerpo y mi alma

compartiéndola con aquella que me otorga la calma,

Virgen Santísima, Ruega siempre por mi.


martes, 10 de mayo de 2011

CUANDO CUENTO COMO FUE











CUANDO NUESTRAS MANOS SE ROZARON,
NUESTROS LABIOS SE BESARON,
NUESTRAS PIELES SE MOSTRARON
Y NUESTROS GEMIDOS SE ESCUCHARON.

CUANDO NUESTRAS MIRADAS SE BUSCARON,
NUESTROS MIEDOS SE ESCAPARON,
NUESTRAS LENGUAS SE DESEARON
Y NUESTRAS CARICIAS SE ENCONTRARON.

CUANDO NUESTROS SUSPIROS SE AMARON,
NUESTROS SECRETOS SE DESVELARON,
NUESTROS PASADOS SE CICATRIZARON
Y NUESTROS FUEGOS SE APAGARON.

CUANDO NUESTRAS COSTURAS SE ENFRENTARON,
NUESTROS SILENCIOS SE PRONUNCIARON,
NUESTROS ESCALOFRÍOS SE ROBARON
Y NUESTROS PERFILES SE EXTRAÑARON.

CUANDO NUESTROS CAMINOS SE SEPARARON,
LAS HUELLAS DE LA ILUSIÓN, AHOGAMOS
Y ENTRE REPROCHES, DILAPIDAMOS
LA FELICIDAD QUE TANTO RESPIRAMOS.

CUANDO ES TU NOMBRE EL SUSURRADO,
EL TIEMPO A TU LADO ES RECORDADO,
Y AL SER TU RECUERDO EL EVOCADO,
EN MIS LABIOS - UNA SONRISA-, SE HA DIBUJADO


martes, 12 de abril de 2011

Aquel Viejo Farol








Antes de salir de casa, con su túnica de Jesús abrigando su maltrecho cuerpo, apagará las luces de su dormitorio, se acercará a la mesa del salón donde días atrás colocó el pequeño dibujo que uno de sus nietos le hizo del Nazareno que duerme en Cristina, se lo acercará a sus labios y prenderá en Él un nuevo beso, sabiendo que éste ritual lo repetirá cada vez que baje a comprar el pan o se acerque a la parroquia del barrio, cuando quiera ponerse a bien con Dios. Eso, si las piernas no se le hinchan y por las ventanas escucha la sonrisa de nubes blancas que juguetean por los cielos.

Al dejarlo de nuevo en su sitio, por unos instantes el tiempo se detendrá, y clavando su mirada en la mirada de Él, en la mirada de su “pequeñito”, -como a su madre le gustaba llamarlo-, y sin pronunciar palabra alguna de nuevo le pedirá, de nuevo le rogará, de nuevo le suplicará para que se acuerde de ella, para que no la tenga en el olvido, y esperará que las fuerzas no le abandonen esa noche y pueda acompañarlo por las calles un año mas.

La vida le ha enseñado que hay deseos y anhelos que solo se piden cuando habla el silencio, y el silencio es lo único que hay entre ella y Él cuando se tienen enfrente el uno del otro. Ambos saben cuando sobran las palabras.

Tras cerrar la puerta, sus pasos la llevarán hasta un patio donde el tiempo quiso detenerse, llegando agarrada del brazo de una de sus hijas. Ya no se atreve ir sola a ninguna parte, ya no se fía de las primaveras que lleva guardada en el bolsillo de los recuerdos. Son muchos los remiendos cosidos a estas alturas.

Sufre en silencio y no se lo dice a nadie pero se siente torpe al andar. Avanza de forma lenta, pausada. Se balancea y se agarra a las paredes para no caerse, y ya no distingue los babuchas cuando tiene que ponérselas por las mañanas. Lamenta el peso de los años cada vez que se mira en los espejos. Nota que la vida se le escapa cada vez que el pecho la oprime y un nuevo golpe de tos asoma por su garganta. Teme a la noche por que sabe que no va a dormir y que va a dar mil vueltas por la casa llamando a un sueño que no viene. Visita la cocina mas veces de las que quisiera para calentarse un vasito de leche que acompañe a una nueva pastilla, sin saber ya si lo que le duele es el cuerpo o lo que sufre es el alma. Se lamenta cada vez que tienen que repetirle las cosas varias veces.

Pero sobre todo, se siente gastada, estropeada. La vida se le va, se le escapa. Y sobre todo se siente vieja, como aquel farol que días atrás recogieron de su hermandad y que en la noche de Jesús portará entre sus manos. Unas manos que, como puedan, limpiaran esos cristales, salpicados de cera del año anterior. Unas manos que pedirán ayuda para que le enciendan esa vela. Unas manos temblorosas y surcadas por arrugas de desengaños, de amores perdidos y llantos cicatrizados que por mucho que sigan sufriendo seguirán acompañando a Jesús allá por donde Éste quiera caminar.

Por que eso es lo que lleva haciendo toda su vida, acompañar al único que vela de ella cuando la soledad la visita por las tardes, cuando no sabe a quien contarle sus problemas, cuando las dudas la ahogan, y la tristeza se le dibuja en su cara.

Por que eso es lo que llevan haciendo toda su vida las hermanas de Jesús, acompañar a un Nazareno vencido por el dolor y el sufrimiento, formando el cortejo mas romántico y añejo que podamos encontrar.

Por que eso es lo que llevan haciendo toda su vida los que se afianzan a una túnica de color morado cada Madrugada, haciendo oídos sordos a modas o a caprichos cofrades, demostrando que para buscar a Jesús solo nos basta con tener Fe.

Por que eso es lo que llevan haciendo toda su vida esos viejos faroles, pues no sólo alumbran el camino, sino que se han convertido en pequeños muros donde se quedan anclados las lamentaciones, los disgustos, las preocupaciones que soportan nuestras madres y nuestras abuelas.

Y aunque se sienta vieja como aquel farol, no tendremos palabras suficientes para poder agradecerle que siga acompañado a un Jesús “pequeñito” que duerme allá por los medios de Cristina.

martes, 8 de marzo de 2011

Ella no quiso esperar.


Llevo un par de noches en las que mi cuerpo no coge calor entre las sábanas. Noches en las que el frío se hace presente cuando lo siento recorrer esquivamente mi espalda. He pasado unas noches en las que mis ojos han titubeado cuando se disponían a despedir a la oscuridad de mi habitación, y el silencio es la respuesta que más se ha repetido cuando las preguntas han carecido de respuestas.

Llevo un par de noches en los que los recuerdos de tu persona se amontonan en el dintel de la memoria, y poco a poco van desfilando por el salón de los evocos. Y cuando me topo con ellos cara a cara es cuando me acuerdo de tu forma de ser, de esa sonrisa eternamente dibujada en tus labios, de las veces que nos saludamos en cualquier lugar y hablamos de ella, demostrándome –y compartiendo conmigo-, ese cariño que siempre le profesaste a Nuestra Madre.

Siempre supe que ese amor hacia Ella era sincero, por que las palabras que desprendías lo denotaban, y quizás por eso no has podido esperar y te has marchado junto a Ella.

Pero también supe que Ella extrañaba tanto tu voz delante de su paso que no querría volver a vivir otro Domingo de Ramos sin ti, y llamarte a su Gloria ha sido la forma mas egoísta de tenerte a su lado.

Y aunque tenemos la certeza de que te han acogido en la Gloria de los elegidos por venir de donde vienes, y por ser tan “BUENA GENTE”, debes de saber que la pena se asomará al balcón de nuestros labios cuando te nombremos y no te acerques a nosotros.

Y tienes que entender que estemos cabreados, que nos sentamos impotentes, que no entendamos el por qué de tu marcha, y de la forma en la que lo has hecho.

Y tienes que saber que se nos escapará alguna que otra lágrima que el viento se encargará de secar cuando veamos a tu niña corretear por cualquier calle, por que entonces, y solo entonces, alzaremos nuestra mirada al cielo y nos preguntaremos: ¿por qué?

Y tienes que comprender que la rabia de haberte perdido recorrerá nuestras venas el resto de la cuaresma que pronto empieza. Y que cuando nos enfundemos nuestro hábito el Domingo de Ramos, se nos pondrá un nudo en la garganta al pisar el frío mármol de la capilla y veamos un lazo negro ondeando en uno de los guardabrisas, por que el recuerdo de tu persona envolverá no sólo a ese llamador de la Gloria que tú tantas veces golpeaste, sino toda nuestra estación de penitencia.

Y tienes que entender que se te echará mucho de menos. Hasta siempre Hermano.
P.D.: articulo publicado en: sietecuchillos.con y lalevantadigital.com

viernes, 25 de febrero de 2011

EL ABRAZO DE AQUELLA LÁGRIMA











LA DESPEDIDA FUE LA SOÑADA
ALLÍ MISMO ME VOLVISTES A DESARMAR
BAJO SILENCIOS, ALZADOS EN MURALLAS
QUE CON TERNURA ACEPTÉ ESCALAR.

ENVOLVISTE MI CUELLO CON TUS BRAZOS
ARROPASTE A UN ALMA QUE TE NECESITABA,
UN ALMA QUE VAGABA POR LOS PASILLOS DEL TIEMPO
BUSCANDO LA FRAGANCIA DE TU MIRADA.

FUERON SEGUNDOS ETERNOS
DONDE LOS SUSPIROS QUE BROTABAN
SUSTITUYERON A LAS PALABRAS
QUE CALLADO ME DEJABAN.

MIS DEDOS SE ENTRELAZARON CON TU MELENA,
LAS DUDAS SE AHOGARON EN LA NADA,
BUSQUÉ REFUGIO EN TU ALIENTO
SUSPIRANDO PARA QUE NO TE APARTARAS.

-"¡CUÁNTO TE ECHO DE MENOS!"
SENTÍ QUE TU CORAZÓN PRONUNCIABA
CUANDO UNA LÁGRIMA VALIENTE SE ESCAPÓ,
POSÁNDOSE EN AQUEL RINCÓN DE FORMA DISIMULADA.

¡AY!, SI ESE RINCÓN PUDIERA HABLAR
SI PRESTÁNDOLE OIDOS LE ESCUCHARAN
CONTARIA QUE ALLI FUIMOS AMANTES
QUE TUS LABIOS ERAN MI MORADA.

QUE TU LENGUA, CON LA MIA
APASIONADAMENTE SE ENZARZABAN
MIENTRAS MIS MANOS, INQUIETAS
POR TUS PECHOS SE DESLIZABAN.

PERO AQUEL ABRAZO LLEGÓ A SU FIN
DE NUEVO HUBO ENTRE LOS DOS DISTANCIA,
MI CUERPO DE TU CUERPO SE ALEJÓ,
TU SOMBRA A MI SOMBRA YA NO COBIJABA.

AMBOS SABÍAMOS QUE AQUEL ERA EL FINAL
NUESTRA HISTORIA DE AMOR EXPIRABA,
LAS HUELLAS QUE PISARON NUESTROS DESTINOS
EL TIEMPO TARDARÍA AUN EN BORRARLAS.

Y CUANDO ME DISPUSE A DESANDAR EL CAMINO
RECOGÍ DEL SUELO AQUELLA LÁGRIMA,
TATUÁNDOLA CON ALFILERES DE PASION
SOBRE UN CORAZÓN QUE ERA A TI A QUIEN AMABA.

martes, 11 de enero de 2011

Logré vivir un sueño.








Hace poco volví a verla. Fue en su ultimo besamanos. Como siempre, una vez que estuve delante de Ella, me faltaron palabras, y me faltó tiempo, para contarle todo lo que me pasaba. Pero esta vez era diferente, por que tras muchos años persiguiendo un sueño, por fin pude fotografiarla. Cuando descargue las fotos, solo pude darle las gracias por tenerla tan cerquita de mí, cogí un folio, y le escribí esto.


Las nubes pedían la venia
a los ángeles del Cielo,
para descender a la tierra
y posarse ante sus medios.

Ansiosas se engalanaban
para disfrutar del encuentro,
de ver a la Madre de Dios
postrada en aquel templo.

Las que volvían de allí
grababan aquel recuerdo,
sabiendo que aquella mirada
por siempre estremecería sus cuerpos.

Las que esperaban verla
jugueteaban con el tiempo,
correteando bajo el Arco
consumidas por los nervios.

Esperaban poder encontrar
a la que un día abandonó el Reino
cuando supo donde buscar
al Hijo de sus adentros.

Desde el día que se fue de allí
las ventanas no reciben al sueño,
y en las puertas de las casas
los relojes se detuvieron.

Desde el día que se marchó de allí
la tristeza se ha convertido en verbo
cuando se conjuga en los labios
el nombre que tanto se echa de menos.

Desde que María no está
el Cielo se siente maltrecho,
y guarda celosamente
la sombra de sus reflejos.

Desde que María se fue
ya no saben igual los pucheros
en la casa de Aquel Padre
que aun deshoja los te quiero.

Y los querubines, en coro
lloran aun por los senderos,
cuando sienten las huellas que pisó
la mas bonita del Universo.

Desde el día que partió
ni Cupido alza los vuelos,
que cuenta y recuenta flechas
que busca en todo momento
una razón, un por qué
para aceptar los sentimientos
de los luceros del alba,
los atardeceres en los desiertos,
la brisa de las montañas,
las olas que roban besos,
las estaciones del año,
la luna que pinta cuentos,
los ríos y sus afluentes,
los mares y sus tormentos,
...

He intuye que en su interior
de Ella aun siguen presos,
y esta vez no es por culpa de Él
que ese hechizo vive en lo eterno.

Si hasta San Pedro asume
entre risas y silencios
que jamás volverá a silenciar
sus palabras en un encuentro.

Y a cualquier visitante atosiga
–inquilinos de lo eterno-
con preguntas sobre si brillan,
-todavía sobre su pecho-,
las mariquillas que firmaron
verónicas sobre el albero.

Y busca a alguien que lo supla
en tan honorable puesto,
que con gusto echaba el cerrojo
aunque solo fuera un momento.

Pero sabe que no puede
que de producirse ese evento
se quedaría junto a Ella
hasta secar sus lamentos.

Y se asoma a los balcones,
otea desde el firmamento,
¡que daría su vida por estar
en un besamanos de ensueño!

Pero se consuela cuando
llamando a las Puertas del Cielo,
las nubes que esperaban ansiosas
han logrado ese privilegio.

Y cuando las puertas se van a cerrar
pues hoy el cupo está cubierto,
en sus canosas mejillas
el aire le regala un beso.

Se lo mandan desde San Gil,
la mocita de sus desvelos,
la niña guapa de Sevilla,
la que tanto lo echa de menos.

Y con una sonrisa en los labios
ha gritado a los 4 vientos,
que la que un día se marchó de allí
aun le sigue queriendo.