domingo, 25 de septiembre de 2016

Fue un suspiro...


Fue un suspiro..
Contenido, silencioso, amargo.

Un instante..
Esquinado, rebelde, callado.

De Ti brotaban mis heridas; mis heridas se perdían por tus costados.

Y quise aguantarme el llanto, y el llanto calaba por los brazos, las muñecas, las arrugas de mis manos; manos que querían prenderse a Ti como lo hace el aire a los años.

Fue un sólo momento..
Ese en el que los dos nos encontramos; yo llegaba con la pena descalza y estabas anclado a la cruz de mis pecados.

Y al verte, me quedé cosido a Ti, tal y como le sucede a la primavera con los ocasos; o a la llama de los cirios con los primeros arrumacos; o al desgaste de los besos de dos amantes desesperados... que dan su vida por consumirse en los labios del amado.

Fue un pellizco en el alma..

Fue un renglón equivocado..

Fue la certeza absoluta de que no estaba equivocado...

Y desde aquella tarde de verano, ando y desando los pasos, a sabiendas de que en las esquinas, me estarás esperando, para susurrarme al oído lo que tantas veces añoramos.

Quizás fuera la visión que tuve al ver tu pie, escarnecido, aplastado, envuelto en la llaga de un bienaventurado clavo al que envidio por convivir eternamente a tu lado.

Quizás fuera la inclinación de tu cabeza, asumiendo tu destino, tu testamento quebrado; o quizás fuera lo que tus hermanos me contaron de Ti, surcando por sus miradas la pasión de enamorado.

Fue tu nombre, Buena Muerte..

Escrito sobre la sal de mis pedazos, tiznando las sombras de mis dudas cuando la noche se ríe de mis desmayos.

Fue la luz que te envolvía..
Esa que vive en Ti, que nace de Ti, que llega de Ti.

Fue tu recuerdo..
Imborrable, añorado; el que escribo, el que leo, el que grito por los callejones del miedo cuando la soledad me destapa las sábanas de mis pecados.

Fue la lágrima que provocaste..
Cuando me marché de tu lado; lágrima que sabía a vida, y a dolor traspasado, con un puñal de sufrimientos sobre el manto de mis flechazos.

Fuiste , amargo viernes enlutado..
La cadencia de la tarde y el mar como testigo varado.


¿Qué más puedo decirte -lirio de muerte truncado-, si solamente fuiste quién desató con tu misterio lo que el tiempo anda atando?


Dedicado al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de Cádiz.

domingo, 18 de septiembre de 2016

En tus zapatos...


En tus zapatos… y en los míos es la frase escogida este año por los colegios y escuelas infantiles de Jesús-María para concienciar a toda la comunidad educativa de que no estamos solos en este camino que llamamos vida.

Es una frase que adorna nuestras aulas, nuestros pasillos y nuestras agendas, y que nuestro alumnado ha hecha suya desde el primer día de curso.

Me gusta esta frase.

Y me gusta porque guarda en su interior una llamada para que nos detengamos en mitad de nuestro camino -seamos docentes o no-, y observemos mucho más allá de lo que sucede sobre nuestra propia piel.

Y es que a veces con las cicatrices y los moratones que llevamos sobre nuestras espaldas tendemos a volvernos egoístas y a dejar de compartirnos; y aquello que no se comparte, tiende a perderse.

Entiendo que las circunstancias que rodean a cada uno nos hace a veces pensar que nuestros problemas y agobios son únicos, asumo que a ciertas edades tenemos cargas familiares, profesionales y personales que hacen que nuestra mochila vital cada día pese más, y acepto que salir de nuestra zona de confort es una misión cuanto menos que imposible.

No me tengo que ir muy lejos para constatar esta realidad de la que os hablo hoy, pues yo mismo me creo a veces que soy el centro del universo, que mis problemas son los que deberían de solucionarse antes que los de cualquier persona que me rodea, y mi zona de confort lleva años abarcando todo mi ser.

Me gustaría cambiar mi forma de pensar y emprestar mis zapatos a aquellos que pierden su tiempo en preguntarme cómo estoy y reciben de mis labios un silencio incómodo y preocupante, pero mis huellas siguen siendo de barro.

Pero tengo esperanza y quiero aprender a compartirme; así que descalcémonos y detengámonos -esta vez-, en nuestros  zapatos. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Asaltar el Congreso


          Maquiavelo definió la política como el arte de lo posible, versión que nuestra casta política se ha encargado de versionar a lo largo de estos meses para definirla como el arte de lo imposible.

Imposible formar gobierno, imposible creer en la mayoría de ellos, imposible no alterarse cuando comparten sus discursos y arengas…

Dicen los analistas políticos que lo que están llevando a cabo nuestros dirigentes es un arte nuevo; para mí lo único que están demostrando es que son unos egoístas, unos miserables y unos mezquinos, y que este país y estos ciudadanos no se merecen que estos señores los gobiernen.

Están demostrando que les importamos muy poco. Que nuestros problemas carecen de preocupación para ellos y que nos están dibujando un presente tintado de sombras oscuras y de desesperanzas negras.

Sólo piensan en ellos y en los dividendos que les reportará sus años de servicio a esta patria que tienen patas arriba y con las carnes abiertas.

Y lo peor de todo esto es que el pueblo llano, ese que se levanta temprano para ir a trabajar -quien tenga la suerte de trabajar-, y que se asfixia cuando no puede pagar el recibo de la luz, el del agua, el del seguro del coche…no tiene más remedio que cruzarse de brazos y asistir como un convidado de piedra a este espectáculo dantesco y ruin que nuestros escogidos en las urnas nos están brindando.

Siento que están jugando con nosotros y que se están riendo de mí; y que se rían de mí me enerva.

Pero de nada sirve indignarse en las redes sociales, en el bar de la esquina o en la parada del autobús si luego no somos capaces de romper los miedos, asaltar el Congreso y pegarles una patada en el culo a esta panda de sinvergüenzas.


Esta es mi nueva cruzada. ¿Te atreves a unirte?