Hace unos días cumplí 43 años . Y hoy me apetece volver a escribir para contar como estoy. Tras más de un año de baja, visitas inquietantes al hospital y una operación que se complicó más de lo esperado, he vuelto a trabajar como profesor de Psicomotricidad , y estoy volviendo a sentirme maestro escuela; a estas alturas de mi vida profesional, sólo espero que mis alumnos sean felices cuando estén en mis clases. No hay día que no eche de menos a mi madre ; la orfandad de su voz, de su risa y esa manera suya de quererme es una cicatriz difícil de ver supurar. La veo en los pequeños detalles, en el desorden de mis cosas. Y aunque la siento cerca, la extraño a cada momento, a cada instante, y la nombro cuando nadie me ve… porque una madre es una madre . Tras mucho llorarla, creo que un hijo no está preparado para decirle adiós a la mujer que le dio la vida. Jesús sigue creciendo. Es un niño feliz. Vivo. Curios...