Pocas cosas hay sobre este mundo que se puedan comparar con la adrenalina que se siente justo en los instantes previos a estrenar una obra de teatro. Te sudan las manos. La sangre se desboca. El corazón resuena con fuerza… A algunos, esa adrenalina nos da la vida, no sabemos vivir sin ella y nos gusta caminar de vez en cuando por el alambre del riesgo y de lo inesperado. Hace un par de semanas la volví a sentir, esta vez zarandeándome el alma al ver cómo cinco madres del Colegio del Cuco - “las madres de la biblioteca” - lograban superar sus miedos y se enfrentaban al público más exigente del mundo: el de los niños. En sus rostros vi la satisfacción de un trabajo bien hecho, de haber disfrutado con cada palabra, con cada gesto, con cada respuesta… En sus rostros se dibujó la palabra felicidad. Ni ellas mismas son conscientes aún de lo que hicieron durante el tiempo que estuvieron en escena, donde los alumnos y los profesores disfrutaron, participaron y ap...