Hay varias cosas en este mundo de las que me siento realmente orgulloso, entre las que destaco siempre que puedo mi educación salesiana, mi corazón de sevillista y mi título por partida doble de Maestro de Educación Primaria y Educación Infantil. Pude haber sido médico o periodista, pero elegí una vida entre pupitres, babis y llantos en el mes de septiembre. Y ahora que los cuadernos de dos rayas ya tienen la primera hoja escrita con buena letra, me van a permitir que les explique por qué este simple juntaletras se siente orgulloso de ser un maestro escuela. Soy maestro porque me gusta pensar que estoy dejando a mis espaldas un mundo mejor, porque no creo en la burocracia del sistema educativo y sí en las sonrisas de mis alumnos, y porque el futuro no sirve de nada si a las generaciones venideras no se les forma desde el cariño y desde la sinceridad que cada uno lleva en sus bolsillos y cicatrices. Soy maestro porque soy un inconformista que ...