Ahora que los lápices de colores descansan del ajetreo de tu último año como maestra, préstame unos cuantos que voy a hacerte un dibujo para que te lo lleves de recuerdo. Con el color amarillo dibujaré un sol en una esquina, la de tu clase, ese lugar que era tu segunda casa y donde siempre te encontraba atareada, liada con tus mil carpetas, enfundada en tu inmaculado delantal… y donde el tiempo era eterno. El azul me servirá para perfilar tu mirada, ese horizonte de confianza que me tendió la mano y me abrazó cuando los miedos más me acechaban, y el verde lo dejaré para ilustrar tu sonrisa, esa pequeña ventana que se abría al entusiasmo de llevar a cabo un trabajo bien hecho sin esperar nada a cambio. Con el color marrón retrataré el sabor de los dulces, de los panes y de los chicharrones que sabían a gloria y a pecado. ¡Qué manos de cocinera te regaló Santa Claudina! Con el color rojo déjame que te pinte un corazón -el tuyo-, sobresaliendo de este rincón, ocu...