Anclada en un latido del mar, con la arena de la playa recubierta de cascaras de besos y amantes con la guitarra a sus espaldas se encuentra la dama de los desvelos de este simple juntaletras . Serena, callada, dulce… Cada mañana se baña con un suspiro de luz que el cielo le teje entre vuelo de palomas y compases de mareas. Con el eco de los buenos días se perfuma tras cada casapuerta donde la vida le ha ensañado a secar lágrimas con el pañuelo de la ironía. Con las heridas a medio supurar se pone guapa. Se despereza. Se gusta. Se mira en el espejo de su eternidad y sale a las calles a dejarse el alma en ellas… y a que ellas vuelvan a dejarse el alma por el precipicio de sus rincones. Es Cádiz… Es su sal. Su tiempo adormecido. Su tregua paciente. Y es esa cortesana escondida que deambula por mi mirada y que no quiero apartar de mi horizonte cuando oteo su nombre en forma de copla de carnaval. Carnaval que ahora está en boca de todo entendido y ...