De un tiempo a esta parte los domingos por la mañana los tengo reservados para montar en bici, aprovechándome que por las calles de nuestra ciudad apenas hay gente y que por muchas esquinas las persianas se andan cerrando para irse a dormir. Es un paseo leve el que suelo dar, no vaya a ser que mi espalda se revele y me quite este espacio donde soy completamente libre. Entre pedalada y pedalada, aprovecho para pensar en mis cosas, en mis artículos, en mis proyectos,… notando cómo la ciudad se relame sus heridas, se busca a sí misma y comienza suavemente a desperezarse por las esquinas del olvido. Y me resulta curioso observar que el ritmo de la vida se vuelve pausado al llegar este instante de la semana, acrecentándose el ruido en las cafeterías, dejando que los despertadores se vuelvan mudos y viendo a decenas de personas que en su vida han hecho deporte enfundarse a ropas llamativas y recién estrenadas con la sana intenci...