Sueles aparecer rondando los cierros de mi mente cuando menos me lo espero; y lo haces de manera callada, sin aspavientos, sin adornos, sin aparejos que me distraigan de tu nombre. A estas alturas de nuestras vidas, ambos conocemos el eco de nuestras zancadas, y ambos necesitamos oírlo de vez en cuando para saber que no estamos tan distanciados el uno del otro. Y esta vez has sido Tú quien has aparecido por el zaguán de mis impotencias; y al verte -en una simple fotografía-, me he dado cuenta de que tengo ganas de Ti. Y es que tengo ganas de coger un bolígrafo de tinta roja y remarcar en los calendarios que bordean mis días cuándo sales a la calle, cuándo te podré besar la mano, cuándo podremos quedarnos a solas para dejar guardada de una vez por todas la bandera blanca de mis derrotas en el altillo de los vacíos. Tengo ganas de que el sol del invierno se cuele por mi piel cuando vaya a buscarte por los callejones...