Reconozco que soy feliz cuando alguien me reconoce por la calle como el hijo de, cuando me asocian a mis distintas hermandades o cuando me identifican con el equipo que acuna sueños dentro de mi corazón. Y ese equipo que palpita en mi interior no es otro que el Sevilla Fútbol Club. Hace más de dos décadas que nos dimos el sí quiero cerquita del estadio del Sánchez Pizjuán, y desde entonces mis tardes de domingo son una fiesta cada vez que el equipo del que hablan las lenguas antiguas salta a los terrenos de juego. Al enfundarme la camiseta del Sevilla , siento galopar por mis venas esa huella de felicidad y olvido que sólo el fútbol -bendito fútbol -, me regala en mí día a día. Entre los dos nos separan más de cien kilómetros, pero es que tengo la certeza de que ser del Sevilla es sentirse un privilegiado, un afortunado, un enamorado en definitiva de una de las señas de identidad de l...