El Rey de Reyes vino a nacer cuando el sol de la tarde quebró su última mirada sobre un portalito oscuro y llenito de telarañas, y San José andaba calentando agua para que su esposa María tuviera un parto sin dolor. Ambos se tenían el uno al otro. Y los dos vivían bajo la confianza de un Dios bueno que no les iba a soltar la mano. En las ventanas de las casas cercanas, el frío se asomaba para intentar quedarse, y en el cielo una cohorte de ángeles afinaban sus instrumentos para decirle a la humanidad que el Mesías acababa de reinar sobre la faz de la tierra. Fue justo con la primera sonrisa y el primer balbuceo de ese niño cuando la Historia del ser humano comenzó a caminar por la vereda de la verdad… y desde ese día existe una orilla en el horizonte de nuestros latidos a la que llamamos esperanza. Así vino al mundo la razón de mi existencia. Así nació el hombre en el que este humilde junta letras cree. Así debió ser y así lo recuerdo cada año cuando l...