Cada tarde buscaban un hueco para ir a remendar silencios por aquel entrañable sendero por donde se dijeron tantas cosas la primera vez que el amanecer les susurró aquello de buenos días. Eran uno chiquillos por aquel entonces, y al traje de la adolescencia le quedaban aun algunas primaveras para abandonar el viejo armario de madera. En sus sueños de juventud, pintaron estrellas con olor a camisa recién planchada, se robaron besos que se quedaron a dormir sobre el borde de la almohada, y trazaron -una y otra vez-, el perfume de sus miradas para que la pasión no se derramara. Con las primeras canas se dieron cuenta de que ese amor no tendría fecha de caducidad,… y una tarde llegaron corriendo a casa para quitarle a los lápices la goma de borrar; los dos se pusieron de acuerdo en tachar los fallos y aprender de ellos antes de pasar página. No había secreto alguno en esta historia que os cuento. Confiaron el uno en el otro… y c...