Se levantó una mañana, se tomó un café, oteó el horizonte de la espera y se dio cuenta de que era el momento apropiado de salir de los cuarteles de invierno en los que andaba recluido. Él mismo cuenta que llevaba días con el estómago entripado , sintiendo cosas que creía que estaban muertas, y aceptando que esa llave que una vez le echó al mar estaba abriendo una cerradura que seguía hilvanada a su nombre. No hace faltar decir que se trata del último romano del barrio Santa María, del niño criado bajo las faldas de la calle Goleta, del motivo por el que don Carnal ansía nervioso la llegada de un nuevo febrero. Pero por si hubiera algún despistado en la sala, simplemente diré su nombre: Antonio Martínez Ares , el culpable de que por sus letras yo entienda algunos renglones de la vida. Porque por su culpa yo he sido pirata, templario, buhonero,… Si Antonio, buhonero también, porque de los errores hay que sacar algún aprendizaje. Porque por su culpa yo he so...