Te escribo estas líneas desde la melancolía de tus últimas palabras, desde el rencor envuelto en el pañuelo que lleva tu nombre, desde un atardecer salpicado de dudas… esas mismas que tú -con tu eterna paciencia y generosidad-, de un plumazo desterrabas. Están pasando los días... y se antoja complicado tenerte… y a la vez no saber de ti. Ambos sabemos lo que significa perder algo en esta vida. Hemos regresado a casa muchas veces con las manos vacías, consolando a nuestras arrugas, a nuestros abrazos rotos, a nuestros latidos entrecortados… Y no sé a qué estamos esperando para volver a fijar la mirada en el fondo de nuestros ojos… y volver a sentir esa sensación de no tener nada que decir... pues en ese nada se describen las sombras de un instante repleto de felicidad. Nos podrá el orgullo de hombre. O el carácter que ambos masticamos. O ese miedo a descolgar un teléfono. A mandar un mensaje. A romper las cadenas del silencio… O quizás es que ya no queremos volv...