Todos los europeos mayores de dieciocho años estamos llamados a las urnas hoy domingo con la finalidad de votar a centenares de eurodiputados entre los distintos grupos parlamentarios. No me pregunten para qué sirve un eurodiputado, pero a lo largo de estas últimas semanas los candidatos a vivir de ese cuento -esta vez en la vieja Europa-, han estado de campaña electoral en busca de nuestro voto, mendigando para ello promesas, suplicando ofertas irrechazables e implorando indicios de que con ellos la cosa puede y debe de ir a mejor. Entre las premisas más aplaudidas por esos que van a los mítines a ondear banderitas ha estado la de crear empleo; creo que ninguno de esos que salen de figurantes en las fotos han saboreado el olor de una cola del INEM. No suelo mancharme las manos hablando de política, es más, me asquea todo lo que tiene que ver con ese mundo corrupto y podrido, pero cada vez que me piden el voto me hierve la sangre. Razones tengo para dar y regalar… ...